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Dieciocho

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—¿No te parece extraño? —preguntó Hitoka a Kei mientras caminaban.

Ambos llevaban un rato caminando en silencio, el cual la rubia decidió romper. Kei la miró confundido; Yamaguchi no le había mencionado nada acerca de qué hablar en el camino, así que tendría que improvisar.

—¿A qué te refieres?

—Apenas llevábamos un tiempo conociéndonos y ya somos novios.

—Tú me gustas, yo te gusto, ¿por qué es extraño que seamos novios? —respondió Kei con indiferencia.

—¿Qué sabes de mí?

—Cuando sonríes cierras los ojos.

—¡No es cierto! —se defendió la rubia.

—¿Hmmm? —dijo Kei acercándose peligrosamente a la cara de la más pequeña, intimidándola con la mirada.

—¡Está bien! ¡Es verdad! —admitió ella, girando la cara—. ¿Qué tiene?

—Te ves tierna.

Hitoka sintió cómo poco a poco sus mejillas tomaban color y agradeció el hecho de que fuera de noche para que este no lo notara.

—¿Tú qué sabes de mí?

—Prefieres bloquear que rematar. Creo que es porque te gusta irritar a las personas, y no hay nada que irrite más a un rematador que su remate sea bloqueado.

—Me conoces bien, Hitoka —dijo Kei, sonriendo cínicamente.

—Aunque últimamente te has estado esforzando para mejorar tu bloqueo, ¿es por lo que dijo Bokuto-san?

—¿Estabas escuchando? —la rubia asintió lentamente, admitiendo haber escuchado aquella conversación, provocando que el más alto suspirara de frustración—. Si no me esfuerzo, nunca llegará mi momento. Digamos que estoy buscando la razón para poder disfrutar el voleibol.

—¡Estoy segura de que llegará ese momento! —le dijo Hitoka, sonriendo.

Kei solo asintió, teniendo la esperanza de que ese momento llegara, pero decidió no pensar mucho en ello para aprovechar el momento que estaba teniendo ahora con su novia.

—La imaginación.

—¿Ah?

—Y tú mismo.

—¿Perdón?

—Esos son los otros dos límites.

—¿Lo buscaste? —preguntó ruborizada Hitoka. Esta pensaba que Kei no le había dado mucha importancia a los otros dos límites, que se había rendido, pero no fue así.

—Tuve que ver El Viaje de Chihiro otra vez, las cosas que hago por ti —dijo Kei, lanzándole una mirada de reojo a su novia. Ella solo le respondió con su típica sonrisa, esa que hacía que sus ojos se cerraran dulcemente.

Kei amaba y odiaba la sonrisa de Hitoka; la amaba porque, por algún motivo, verla sonreír lo hacía feliz, y la odiaba por el poder que tenía la chica sobre él, un poder del que ella no tenía idea. Esa sonrisa iluminaba sus días, y cada vez que la veía, sentía una calidez que nunca había experimentado antes. Era una sensación nueva y desconcertante para él, alguien que siempre había sido reservado y calculador. Sentía que, con cada sonrisa de Hitoka, una parte de su muro protector se desmoronaba.

Mientras caminaban juntos por las calles iluminadas tenuemente por las farolas, Kei se atrevió a tomarla de la mano. No lo había hecho antes por culpa de las mariposas en el estómago que le provocaba cada vez que estaba cerca de ella. Las mariposas eran intensas, revoloteando con fuerza cada vez que pensaba en lo que significaba su relación con Hitoka. Era como si con cada roce de su piel, con cada mirada cómplice, esas mariposas crecieran en número y fuerza.

Al sentir el suave tacto de la mano de Hitoka, Kei se detuvo de repente, como si el simple hecho de sostener su mano hubiera paralizado el tiempo. La rubia, sin comprender del todo, también se detuvo y lo miró con curiosidad.

Kei sintió una ola de emociones que lo abrumaban, algo que no había sentido antes. Su corazón latía con fuerza, y el calor en su pecho se hacía cada vez más intenso. Era una mezcla de felicidad, miedo y nerviosismo, pero sobre todo, era la sensación de estar completamente vivo.

—¿Tsukishima-kun? —preguntó Hitoka, preocupada por su repentino comportamiento.

—Kei —la corrigió suavemente, aunque con un toque de molestia, recostándose en un muro cercano.

Hitoka no pudo evitar sonreír ante la insistencia de Kei en que usara su nombre de pila. Era una señal más de lo que significaba para él. Jugó nerviosa con su cabello, sintiéndose un poco vulnerable bajo su mirada intensa.

—Esta vez no me vas a manipular —dijo la rubia, tratando de mantener la compostura mientras su corazón latía desbocado.

Kei la observó detenidamente, perdiéndose en sus ojos miel. Sabía que su novia era linda, pero ahora, bajo la luz suave de la luna, jugando tiernamente con su pelo, lucía más hermosa que nunca. Era una belleza que lo dejaba sin aliento, una belleza que hacía que su corazón latiera aún más rápido.

Con su mano libre, Kei tomó a Hitoka de la mano y la jaló suavemente hacia él. Ahora, era él quien jugaba con el cabello de Hitoka, sintiendo la suavidad entre sus dedos. Hitoka, avergonzada, bajó la cabeza, pero Kei no dejó que se escondiera. Con ternura, levantó su rostro, volviéndose a topar con esos hermosos ojos miel que lo enloquecían.

—Hitoka —susurró Kei, acercándose más a ella, sus labios apenas a unos centímetros de los de ella.

—No me vas a manipular —dijo Hitoka con una seguridad que solo mostraba exteriormente. Por dentro, sentía que en cualquier momento caería otra vez en su juego.

—Esta vez te la dejaré pasar —dijo Kei, volviendo a jugar con un mechón de pelo de la rubia, disfrutando de la cercanía y de la sensación de tenerla tan cerca.

—¿Esta vez? —preguntó confundida Hitoka, sus ojos llenos de curiosidad y emoción.

El de anteojos acortó finalmente la distancia entre ellos, dejando que sus labios se encontraran en un beso suave y dulce. Presionó sus labios contra los de ella con cuidado, como si temiera romper algo frágil y precioso. Ambos permanecieron inmóviles por unos segundos, disfrutando del momento, sintiendo la conexión profunda que compartían.

Entonces, Kei se alejó un poco, mirándola con cautela. Hitoka estaba a punto de hablar, pero Kei volvió a besarla, esta vez atrapando sus labios entreabiertos. La besó con más confianza, con más pasión. A los pocos segundos, la rubia reaccionó y siguió el ritmo, volviendo loco al rubio. Tuvieron que separarse por falta de oxígeno, ambos respirando con dificultad, pero con sonrisas en los labios.

—Tal vez te la deje pasar en un futuro —dijo Kei al recuperar el aliento, una chispa de travesura en sus ojos.

—¿Tal vez? —preguntó divertida la rubia, sintiéndose más segura de sus sentimientos y de su relación.

El rubio tomó eso como una señal y una vez más acortó la distancia entre los dos, uniendo sus labios en un beso que prometía ser solo el comienzo de muchos más momentos felices juntos.

Enamorada de TsukishimaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora