Veintiocho

1.6K 119 9
                                        

—Esta es mi casa —dijo Kei mientras caminaban por la calle, deteniéndose frente a una modesta pero acogedora vivienda.

—Es bonita —comentó Hitoka, admirando la fachada con un ligero brillo en sus ojos.

Kei sugirió ir a un parque cercano, simplemente deseando hablar con ella y disfrutar de su compañía. Hitoka aceptó gustosa, pero apenas unos minutos después de llegar al parque, las nubes se oscurecieron y comenzó a llover. Ante la repentina tormenta, Kei propuso refugiarse en su casa hasta que el aguacero cesara. Aunque al principio se mostró reacia por la situación inesperada, Hitoka aceptó, confiando en Kei y en su buen juicio.

—¿Dónde están tus padres? —preguntó Hitoka, mostrando interés en conocer más sobre la familia de Kei.

—Están trabajando. Mi madre en el hospital, mi padre en una reunión —respondería Kei de manera lacónica, sin dar muchos detalles adicionales.

—¿Y tu hermano? —preguntó Hitoka, tratando de mantener la conversación.

—En la universidad —respondió Kei, sin ofrecer más información.

Kei notó el repentino cambio en el semblante de Hitoka y se preocupó al verla extremadamente sonrojada. Con delicadeza, tomó su mano y la condujo hasta la sala de estar, donde se sentaron juntos en el sofá. Miró a Hitoka con atención, preocupado por su bienestar.

—¿Pasa algo? —preguntó con suavidad, buscando entender qué le sucedía a su novia.

Hitoka se sintió reconfortada por el contacto cálido de la mano de Kei y respiró hondo antes de responder.

—Es solo que... me puse un poco nerviosa al estar aquí a solas contigo —confesó con timidez, evitando su mirada por un instante antes de enfrentarla de nuevo con determinación.

Kei la miró con curiosidad y un leve destello de comprensión cruzó por sus ojos.

—¿Por qué te sentirías nerviosa conmigo? —preguntó con su típico tono sereno, tratando de calmarla.

Hitoka titubeó antes de responder, sintiendo el peso de sus propias emociones.

—Es solo que... no estamos acostumbrados a estar solos de esta manera —explicó, jugueteando con sus dedos nerviosamente.

Kei asintió, comprendiendo mejor su dilema. Decidió tomar un enfoque suave para calmar sus nervios.

—No tienes por qué estar nerviosa, Hitoka. Estamos aquí para pasar un buen rato juntos, nada más —dijo con una sonrisa tranquilizadora.

Hitoka se sintió reconfortada por sus palabras y sonrió tímidamente.

—Gracias, Kei. Eso me tranquiliza un poco —respondió, relajándose gradualmente.

Los dos se quedaron en silencio por un momento, disfrutando de la calma de estar juntos. Kei aprovechó la oportunidad para cambiar el tema, buscando algo ligero para conversar y aliviar la tensión.

Los dos se quedaron en silencio por un momento, disfrutando de la calma de estar juntos. Kei se sentía un tanto incómodo, preguntándose qué hacer a continuación. Normalmente, la única visita que recibía en casa era Yamaguchi, quien solía dirigirse directamente a la habitación de Kei, donde estaba la mayor parte del entretenimiento. No estaba seguro de cómo sugerirle a Hitoka que se uniera a él en su habitación; la idea le parecía un tanto extraña, especialmente después de notar que ella estaba nerviosa hace un momento. Sin embargo, en la sala no había mucho que hacer, así que Kei decidió actuar sin preguntar y se puso de pie, lo que provocó una mirada extraña de la rubia.

—Sígueme —le dijo, tratando de ocultar su propia incomodidad.

Hitoka lo siguió sin cuestionar, sintiendo una leve curiosidad mezclada con un dejo de nerviosismo por lo que podría suceder a continuación.

Al entrar a la habitación, Hitoka observó el espacio con curiosidad, notando los detalles que la hacían sentir un poco más cerca de Kei. Se sentó en el suelo siguiendo las indicaciones de él, sintiendo cómo el nerviosismo le recorría el cuerpo mientras se acomodaba junto a su novio. Durante un largo rato, el silencio los envolvió, llenando la habitación con una tensión sutil pero palpable. Hitoka jugueteaba nerviosa con sus manos, incapaz de mantener la mirada fija en ningún punto en particular, mientras Kei la observaba con una sonrisa, encontrando su nerviosismo encantador.

—Perdón por no hablarte —rompió finalmente el silencio Kei, buscando aliviar la incomodidad que se había instalado entre ellos.

—No es necesario disculparte —respondió Hitoka con amabilidad, agradeciendo el gesto de su novio.

—¡Sí lo es! —gritó molesto, pero al notar la expresión de susto en el rostro de su novia, Kei se calmó un poco. —Tampoco yo he tenido nunca una novia antes, y a veces no sé cómo actuar o qué hacer. Me molesté porque no me dijiste lo que pasaba, y pensé que no confiabas en mí. Por esa estupidez, no te hablé durante toda la semana. Pensé que no te importaba, pensé que no me querrías...

—¡Kei, idiota! ¡Claro que te quiero! ¡Estoy enamorada de ti, Tsukishima! —interrumpió Hitoka, pero al darse cuenta de lo que acababa de decir, se tapó la boca y le dio la espalda, sintiendo vergüenza por haberlo admitido.

—Hitoka —la llamó Kei, divertido. Con suavidad, apartó la mano que cubría los labios de ella y la besó. El beso fue suave pero cargado de emociones, un susurro de complicidad entre ambos. Cuando se separaron, Kei la miró con ternura—. Lo siento —dijo con sinceridad, acariciando su mejilla con suavidad.

Hitoka bajó la mirada, sintiéndose un poco abrumada por la intensidad del momento. A pesar de su vergüenza, se sentía reconfortada por el cariño de Kei.

—No tienes por qué disculparte, Kei —respondió finalmente, sonriendo tímidamente.

En el poco tiempo que Kei había estado saliendo con Hitoka, se había vuelto adictivo a la sensación de sus labios. Cada roce era como una pequeña chispa que encendía un fuego en su interior, pero se encontraba constantemente conteniéndose, consciente de la presencia de otras personas a su alrededor. Anhelaba esos momentos de intimidad, donde podían estar solos y entregarse libremente a la dulzura de sus besos. Cada vez que estaban separados, una parte de él ansiaba el momento en que pudieran reunirse nuevamente y perderse en ese mundo compartido que solo ellos dos conocían.

—Aun no comprendo del todo este sentimiento que provocas en mí, pero incluso sin entenderlo, me siento feliz de estar a tu lado —dijo Kei mientras se separaba lentamente y depositaba un cálido beso en la mejilla de Hitoka.

Hitoka, algo insegura, se apoyó en sus rodillas para alcanzar a darle un beso en la mejilla a Kei. La diferencia de altura entre los dos era notable, incluso estando sentados.

—Deja de hacer cosas tan tiernas —comentó Kei mientras correspondía al abrazo, apretándola levemente, demostrando que no quería soltarla—. Haces que haga cosas estúpidas.

—A mí me parecen adorables —dijo Hitoka con una risita.

—Tú eres la causa de todo, Hitoka Yachi.

La rubia se separó de Kei y le regaló su mejor sonrisa, la cual fue devuelta por el chico.

—¿Qué tal si vemos una película? Todavía está lloviendo.

—Y parece que no va a parar pronto.

—Hazte cómoda mientras preparo algo para comer —dijo Kei antes de levantarse y salir de la habitación.

Cuando su novio se fue, Hitoka aprovechó para enviar un mensaje a su madre, inventando una pequeña mentira sobre su paradero. Sin embargo, se sintió aliviada al recibir la respuesta de su madre, advirtiéndole sobre la fuerte lluvia y recomendándole quedarse en casa. Eso significaba que no tendría que volver a casa esa noche, sino hasta la próxima tarde.

Mientras tanto, en la habitación de Kei, Hitoka comenzó a darse cuenta de una verdad incómoda: tendría que quedarse allí.

—Mierda —murmuró para sí misma, sintiendo una mezcla de emociones y preocupaciones.

Enamorada de TsukishimaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora