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apitulo 6 |UN STARK ENAMORADO
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Habían pasado muchos días, entre esos muchos, Bran había despertado, causando todo un revuelo en Winterfell, en todos menos en su madre, quien había partido hace días hacia Desembarco del Rey para darle las noticias que acusaban posiblemente a los Lannister de querer asesinar al pequeño Bran; por lo que, en ausencia de la madre, Aurora trató de suplir todas las necesidades de una, encargándose casi todo el tiempo del pequeño de Rickon, quien necesitaba amor más que todos, parecía un pequeño niño desvalido y necesitado, a veces andaba corriendo sin zapatos o traía comida en su cabello ondulado y enmarañado, a veces golpeteaba a las Septas o montaba a piedrazos a Hodor. Robb le decía constantemente y con pena, que Rickon era quien menos había recibido amor de su madre, por ser el más pequeño y no solo por llevar menos tiempo que los demás, porque su madre tenía que repartir su atención a dos niñas otros dos niños.
Pero Aurora trataba de poner todo de sí para brindarle al pequeño todo lo necesario posible. También lo intentaba con Bran, quien no hablaba nada desde que había despertado, con suerte comía dos o tres cucharadas que ella le daba tras obligarlo, literalmente. También, con un poco de suerte él la saludaba al llegar, pues Aurora permanecía cada tarde, mientras Rickon dormía, junto a Bran, tratando de hablarle de lo que sea, pero había aprendido que Bran prefería el silencio, a pesar de que a ratos, cuando Aurora le contaba historias, historias de su vida pasada en el mundo del presente, el joven Lord de Winterfell la miraba y le hacía un par de preguntas. Pero eso pasaba una vez, entre miles.
Esa tarde, Robb, ahora como el señor de Winterfell en la ausencia de su padre, se había encargado de los asuntos que le querellaban como tal, así que Aurora se encaminó hacia los aposentos de Bran, la septa a la que apodaban "Nana" quien era la más anciana, estaba tejiendo algo mientras miraba a Bran con los ojos fijos en la pequeña ventana a un costado.
—Hola, Bran — Aurora tomó asiento al otro lado de la cama, mientras la Nana miraba su tejido, Bran no apartó la vista de la ventana cuando un cuervo negro y enorme se posó sobre la baranda, Aurora dio un brinco al sentirlo.
—No los escuches — dijo Nana — Los cuervos son mentirosos. Conozco una historia acerca de un cuervo.
—Odio tus historias — le interrumpió Bran, mirando el techo sobre él. Nana miró a Aurora y ésta le ofreció una sonrisa de disculpa