Capítulo 6: Raptada

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Dos jóvenes acababan de entrar en el distrito Uchiha en el momento en el que dos pares de ojos azabaches miraban hacia aquel lugar

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Dos jóvenes acababan de entrar en el distrito Uchiha en el momento en el que dos pares de ojos azabaches miraban hacia aquel lugar. Como si de casualidad se tratara, el mayor de aquellos dos hermanos frunció el ceño mientras miraba a aquella chica que no era perteneciente a su clan y que sin embargo vivía allí. 

— Hmmm... ¿Aún sigues sin avanzar con eso, hermano?— Cuestionó el menor al ver el enfado interno que tenía Madara. 

— No. No parece querer acercarse a mí. 

— Pues la necesitamos, así que algo se te tiene que ocurrir. 

Un vago suspiro luchó por contenerse en su interior, pero no consiguió reprimirlo y acabó escapando de sus labios. 

— Pues de la manera en la que dijiste no vamos a conseguir nada. Además, es ridículo ir tras esa chica como si me interesase sexualmente, es penoso, Izuna. La próxima vez seguiré mis propios criterios.

— ¿Amenazándola? El problema es que estás oxidado, no sabes prender la llama del deseo a esa mujer. Me decepcionas.

Las cejas del mayor se encorvaron con incredulidad. 

— ¿Estás insinuando que no sé hacer mojar a una mujer? ¿Acaso tengo que recordarte lo que hice con esa Uchiha solo con mirarla el otro día?

— No, eso pasó cuando yo salí de la guarida. Seguro que no fue exclusivamente por ti...

Un tanto presuntuosos estos dos Uchiha... Pero en verdad tenían razón. Y sí, estaban hablando de Nixe. Aquel día en el que tomó la loca decisión de seguir a aquellos dos hombres. Aunque parece que le salió bien la jugada... 

Madara negó con la cabeza al oír las palabras de su hermano.

— Una pena que la dejaras medio atontada. Hubiera estado bien haberla oído gemir cuando...

—Si no hubieras querido saciar tus ansias sexuales de esa manera no tendría que haberla metido en el genjutsu.— Cortó el mayor.— Pero sí, hubiera estado bien escucharla. 

Sus ojos continuaron mirando la trayectoria de aquellas dos jóvenes.

— Quizá debamos volver a repetirlo.— Pidió el menor acercándose al borde de la ventana por la que miraban ambos, recostándose en el marco.— Estaría muy bien volver a atarla de aquella manera y dejarla a nuestra merced.

Izuna notó como los ojos del mayor le observaron de reojo.

— Primero centrémonos en Daimira. 

El Uchiha rodó sus ojos y suspiró.

— Como quieras, pero si no somos capaces de que ella venga por las buenas, siempre podemos usar a su amiga para tratar de convencerla. 

El silencio hizo presencia durante unos breves segundos.

Lazos oscurosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora