Capítulo 19: Ya no más

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— Rin... No estoy segura de esto.

La castaña de manchas púrpuras sonrió de manera amable para tranquilizar a Aya. La había costado convencerla para ir a la aldea, quería que hablara con Kazuo y zanjar todo lo que ellos tenían. Buena charla la había dado sobre sus marcas cuando empezó a curárselas. La Nohara no podía creer que Kazuo hubiera sido capaz de golpear a su novia de aquella manera, pero las marcas decían lo contrario. 

Fue por ello que durante un buen rato trató de hacer entrar en razón a Aya, y aunque finalmente ella entre lágrimas había reconocido que no era bueno lo que estaba viviendo con Kazuo, aún se la veía con miedo. 

— No te preocupes, voy a estar contigo todo el rato.— Dijo con aquella sonrisa antes de rodear a la joven con su brazo. 

— Es que no lo entiendes... él es el padre de mi hijo, no será tan fácil y...

Rin bajó su mirada hacia el suelo. 

— Por eso mismo. Esa persona es el padre de tu hijo, ¿quieres que tu hijo viva entre gritos y golpes? Aya... Tú misma me lo dijiste antes. No quieres eso. Solo tienes que hablar con él, yo estaré allí a tu lado, no va a hacerte nada, y más si hablamos con él en público. 

Pero a pesar de que aquellas palabras trataban de convencerla, Aya estaba insegura sobre lo que iban a hacer. Puede que Kazuo no hiciera nada si Rin estuviese delante, pero la preocupaba lo que pudiera pasar en algún futuro. Las leyes no la ayudarían con este problema, de eso estaba segura. 

Sin embargo, un repentino pinchazo en su vientre desvió sus pensamientos por completo. Miró hacia abajo y colocó su mano en aquel lugar en el que estaba creciendo poco a poco su retoño. Pensó que parecía que su hijo la estaba dando su propia opinión, aunque sí, solo lo parecía. 

De todos modos, no quería que su hijo tuviera que pasar por algo como aquello. 

— Está bien.— Dijo al cabo de un par de minutos. 

Su compañera no pudo evitar sonreír de felicidad al escuchar aquellas palabras. 

— Ya verás, es lo mejor Aya, cuanto antes te alejes de él, mejor. 

De igual modo, su corazón latía con fuerza al saber que apenas quedaban unos pocos pasos hasta llegar a su casa, donde tendría que enfrentar a su novio. 

Pocos pasos dio la castaña de pelo corto antes de pararse en seco. Había manchas de sangre en aquella calle y ciertamente, no parecía que ningún alma hubiera pasado por allí desde hacía tiempo. 

— ¿Qué está pasando...?— Cuestionó Rin al señalar una de aquellas manchas.

Aya arqueó una ceja y contuvo su respiración por unos instantes. ¿Acaso habían atacado a alguien en aquel lugar? No la agradaba saber que hubiese indicios de vandalismo cerca de su casa. 

— No parece muy reciente.— Explicó al agacharse para examinar aquella sangre. 

De todos modos, Rin alzó su cabeza y miró a su alrededor, buscando algún indicio de lucha. Lo que no esperaba, fue ver una nube de polvo ya algo esparcida no muy lejos de allí, apenas a dos calles de distancia. 

— ¡¡Aya!!— Ambas se giraron de pronto al escuchar el nombre de la joven ANBU, casi notando como sus corazones se aceleraban sin control. 

Por suerte, pronto se relajaron. Se trataba de Daimira, acompañada por un Uchiha que no tardaron en reconocer. 

— ¿Daimira? ¿Qué haces aquí con... él?— Preguntó su amiga mirándole de arriba a abajo con no muy buena cara. 

— Bueno es que... No te vas a creer lo que ha pasado. ¿Dónde has estado esta noche? 

Lazos oscurosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora