Capítulo 16: Ataque

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Nadie era consciente del desastre que se había formado dentro de la casa, pero las tres jóvenes que se acercaba a ésta, pronto podrían presenciarlo. Sin tener idea de lo que había pasado, las tres habían decidido desde hacía rato ir en busca de su restante amiga.

— No sé si querrá venir... Con eso del trabajo...— Murmuró la hermana menor de la familia Yagami.

— Pero necesita airearse, no puede trabajar tanto estando embarazada.— Explicó Nixe.

— Bueno... Antes te dejaban salir de ANBU o de otros cargos altos si estabas preñada, pero ahora no sé si será igual. 

Ambas miraron a Daimira cuando escucharon su explicación. Pues no, no tenéis ni idea de como han cambiado las cosas desde la llegada de Danzo.  

Así, poco después de aquella corta conversación, llegaron hasta la puerta de la casa donde debería estar su amiga. Obviamente, todos sabemos que Aya no se encontraba allí, mas ellas vivían en aquella ignorancia y por ello llamaron a la puerta. No sonó nada, pero Nixe no había tardado en darse cuenta de que una de las habitaciones tenía luz.

— Estar, están, porque hay luz ahí arriba.— Dijo señalando la que era la habitación de la joven.

Saori moduló una mueca de desagrado antes de volver a golpear la puerta con rapidez.

— ¡Oigan! ¡Dejen sus toqueteos para después!

— Pero déjales disfrutar mujer.— Respondió la de gafas. 

Al escuchar aquello, Nixe arqueó una ceja y suspiró.

— ¿Y eso lo dices tú?— Dijo tras una risa. 

A lo que Daimira respondió con una mirada fulminante. 

— Tú. Tú... tú cállate...— Susurró con algo de molestia.

La Uchiha frunció el ceño y arqueó una ceja al no comprender el enfado inminente de la de gafas. Aunque quiso replicarla, el sonido del puño de Saori golpeando la puerta de nuevo la despistó.

— ¡Aya! Sé que estás ahí dentro. ¿Quieres haver el favor de salir?

Os podríais preguntar el motivo por el cual Saori estaba tan obsesionada por volver a ver a su hermana. Pues bien, ella se había quedado algo intranquila desde ayer a la noche. No le agradó para nada las formas en las que Kazuo se había llevado a su hermana, sin hablar de los malos modales que tuvo con ella misma hacía un par de días. 

Quizá sí que debió haber dejado que Kayn absorbiera más de su chakra y dejarle casi en un estado de coma. 

Pero por más golpes que diera a la pobre puerta, ésta no parecía que fuera a abrirse. 

— Bueno, quizá no quieran salir. ¿Por qué no les dejamos tranquilos?— Repuso Nixe. 

— No... ¡¡Aya, como no salgas entraré por la ventana!!— Volvió a insistir su hermana.

Así, aunque parecía que la respuesta volvería a ser la misma que las veces anteriores, esta vez un golpe de suerte cambió las cosas. 

Bueno, en verdad yo no lo llamaría un golpe de suerte. 

Aquel hombre que estaba en el interior de la casa decidió ir a terminar de una vez con el jaleo que le estaba importunando. No sabía si sería capaz de controlar su ira, pero escucharlas por más tiempo solo podría acabar de una manera y no sería muy agradable para nadie. 

Por ello, bajó las escaleras con rabia y se dispuso a abrir la puerta. 

No fue nada bonito para ninguna de las tres mujeres allí expectantes ver lo que sus ojos vislumbraron. Un Hyuga muy malhumorado, con sus pelos algo desordenados, sus ropas bastante maltrechas y sus puños tan rojos que hasta la sangre brotaba por pequeñas heridas. 

Lazos oscurosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora