Capítulo 23: El dolor de Nixe

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Él ignoraba completamente el hecho de tener a un hombre delante suya, mirándole de arriba a abajo como si estuviese pasando una inspección, pero la realidad era esa misma. 

Aya modulaba una mueca de incredulidad además de desagrado, pues le era muy incómodo ver a Eryen observando al peli plata de aquella manera y sin poder ver con claridad al mismo. Él, al no poder ver a Eryen, era perfectamente consciente del rostro de Aya.

— ¿Estás bien...?— Preguntó ladeando un poco su rostro. 

— Ah... eh... sí... bueno, no.— Vio como el shinobi arqueaba una ceja por sus respuestas tan vagas y poco precisas, por lo que suspiró y agarró su frente con la intención de quitarse todo el peso que tenía encima.— Me han despedido.

El peli plata no respondió al instante, pocos segundos pasaron hasta que decidió responder. Por mientras, Eryen caminaba al rededor de él mientras esperaba su respuesta. Aya desviaba su mirada de su invitado hacia Eryen cada pocos segundos, provocando que el Hatake frunciera el ceño, pensando en el extraño comportamiento de la joven.

— Hmmm... Me imagino que no te van a dar...

— Ni una gota de dinero...— Le interrumpió.—  Supongo que no  querrían pagar a nadie que no pueda dar todos los servicios que necesiten.— Bufó la castaña mientras miraba la casa con tristeza.— No fue buena idea comprar todo esto, ni cinco meses he vivido aquí y en poco más de un mes tendré que vender la casa. 

— Bueno, también fue un poco arriesgado comprar algo tan grande sin nada de ahorros, ¿no crees?

Eryen rió por lo bajo y miró de reojo a Aya.

— Desde luego, los números nunca fueron lo tuyo.

La joven apretó sus dientes por aquel comentario, queriendo contestarle de mala manera, pero mordió su lengua para que Kakashi no se diera cuenta.

— Kazuo me dijo que siempre podríamos usar sus ahorros. A él siempre le gustó la idea de tener una casa grande y... no sé. 

— Bueno, créeme si te digo que esto de perder una casa no es la primera vez que te pasa.— Murmuró Eryen, sentándose al lado del peli plata mientras aún le miraba con curiosidad. 

De nuevo, la joven tuvo que apartar su mirada al ver a la silueta interponerse en su campo de visión. 

— Aya. Debo decirte una cosa.

— Ah, claro, dime.

— ¿Sabías que los padres de Kazuo no le han visto desde que tenía ocho años?

Aya volvió a mirar a Kakashi, sin importar que Eryen estuviera de por medio, pues había quedado impactada por aquellas palabras. Aquello no podía ser cierto, él la había asegurado que había hablado con ellos en muchas ocasiones, incluso le vio entrar en algunas ocasiones al recinto de los Hyuga. ¿Tanto le había engañado?

El peli plata mantenía su mirada en la de la joven, parecía tener claro que ella no sabía nada de eso, así que las cosas que había estado averiguando parecían estar en lo cierto. 

— Yo ya no sé que pensar, Kakashi. Se ha ido, no quiero seguir dándole vueltas a nada que tenga que ver con él. Yo... yo solo quiero avanzar. 

Eryen miró en ese instante a la castaña de ojos verdes. Aquellas palabras eran completamente contrarias a las que le solía decir. Siempre había deseado poder morir para siempre, romper aquel círculo interminable de vidas en las que nunca conseguía ser feliz, y sin embargo, ahora era diferente. Quizá, solo quizá, su hermano hubiera conseguido hacer feliz a Ayana por haberla borrado la memoria, sanando las heridas que se creaban en cada vida. 

Lazos oscurosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora