Capitulo 3: Desconcierto

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- Aya -

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- Aya -

Mis pensamientos se mantenían relajados a pesar de toda la frustración que sentí el día anterior. Aquella sombra me conocía a pesar de que yo no lo hacía. Por suerte la noche había hecho milagros en mí y ahora podía acomodarme en la cama sin tener inquietud alguna.

Me encontraba en ese estado en el que puedes enterarte levemente de lo que ocurre a tu alrededor y sin embargo parece demasiado lejano como para querer atender a esos estímulos. En mi caso, era capaz de escuchar unos golpes rítmicos, a veces más rápidos, a veces más lentos. Ignoraba que era, hasta que poco a poco mi subconsciente iba despertando. También era capaz de notar la suave brisa que entraba por la ventana abierta, hacía tanto calor que me había acostado únicamente con mis bragas, era asfixiante dormir con algo más de ropa.

Aquellos golpeteos iban sonando cada vez más claros. Ahora sonaban casi como un "chof, chof".  Me removí un poco entre las sábanas para tratar de recuperar el sueño. Estaba cansada, ser ANBU no era algo fácil a decir verdad.

A pesar de mis esfuerzos por lograr volver a dormir, fue una tarea imposible de alcanzar, sobretodo cuando noté un cosquilleo en mi zona íntima. Mis ojos se abrieron de par en par en ese instante, pero pareció que lo hice demasiado tarde, pues pronto un gemido fue arrancado de mi garganta.

Y no, no fue por placer.

Traté de analizar la escena cuanto antes. Encima mía se encontraba Kazuo, con su rostro algo sudoroso y deseoso mientras miraba mi cuerpo con tentación. Vale, aquella escena no hubiera sido mala sino fuera por el hecho de que había apartado la única prenda de ropa que cubría mi zona baja para meter su miembro de una sola vez.

Mis ojos estaban llenos de incredulidad, ¿qué demonios le pasaba? Se movía encima mía con movimientos cortos y rápidos, pero aquello dolía, simplemente porque mi cuerpo no había sido preparado para eso, y escocía como mil demonios.

— ¿Qué estás haciendo Kazuo? ¡Me estás haciendo daño!— Me quejé en un patético intento por que cesase en sus acciones.

Coloqué mis manos en su pecho para tratar de separarle e intenté dejar aquella posición de lado para poder colocarme boca arriba y pedirle explicaciones, pero no me permitió realizar ninguna de aquellas dos cosas. Tan solo se molestó en agarrar mis muñecas y colocarlas al costado de mi rostro. Fruncí mi ceño y le miré enfadada. Se estaba pasando.

— Kazuo, estas no son formas, te digo que pares, ni siquiera estoy lubricada, ¿sabes cómo molesta esto?

Un gruñido salió de sus labios, se incorporó, y como si no quisiese darme mucho más atención, escupió en su mano antes de restregarla en mi entrada, volviendo a entrar de nuevo con exigencia.

Lazos oscurosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora