Capítulo 22: Uzumaki Eryen

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Por más que mirara el armario, no conseguía encontrar un atuendo digno del momento que iba a contecer aquella tarde, y con suerte, también la noche. La Hayashi parecía una hoja temblorosa dominada por los nervios, pero sabía que debía mantener la calma o todo iría mal. 

Después de casi diez minutos en un arduo debate mental sobre qué ponerse, decidió no ir demasiado arreglada ni tampoco demasiado informal. Se miró en el espejo y suspiró. Necesitaba una aprobación de que su decisión no había sido la errónea, por lo que salió de la habitación y bajó las escaleras con rapidez para preguntarle a Aya qué le parecía su vestimenta. 

Sin embargo, antes de que llegara abajo, detuvo sus pasos con rapidez. Escuchaba murmullos por parte de su amiga. 

Habían pasado dos meses desde que Nixe se había ido de la aldea. Daimira, apenas había estado un par de días en la casa de la Uchiha, no soportaba vivir sola en un distrito en el que muchas personas la odiaban. Por ello, y dado que Aya también se encontraba sola en su casa, se trasladó hasta ésta. 

Desde entonces, había visto como la Yagami actuaba de una manera algo extraña, pues a veces hablaba sola. No es que fuera como si compartiera sus pensamientos al mundo entero, más bien parecía tener una conversación con alguien inexistente, tal y como estaba pasando en ese momento. 

— Cállate... ¡Cállate! Por Dios, vete de una buena vez...— La oía decir mientras se acercaba a la puerta para observar lo que hacía.— Ya estoy harta, iré si me da la gana y...

Pero para mala suerte de Daimira, Aya se percató de que su amiga estaba muy cerca de ella. Carraspeó su garganta y se sentó de mala gana en el sofá, apoyando su mano en su vientre mientras suspiraba con resignación.

— Buenas tardes Daimira.— Murmuró Aya, tratando de cambiar de humor y de disfrutar de su compañera. 

— Ah, bu-buenas tardes.— Salió de su escondite y rascó su mejilla mientras sonreía inocentemente.— Mira, Aya, ¿te parece si voy bien así?

— ¿A tu cita con Shisui?

La de gafas se sonrojó unos instantes y se quedó paralizada al escuchar tal término.

— ¿Cita? No es una cita, solo vamos a quedar a hablar un rato. 

— Y tú me dejas aquí sola...— Murmuró Aya creando una mueca de tristeza.

— Oye... yo no tengo la culpa de que te hayan despedido.

La Yagami rodó sus ojos y bufó con molestia. 

— Sin dinero no podré pagar nada es esto... Ese ANBU de pacotilla me las va a pagar. El mismo Danzo me prohibió que no podría dejar el cuerpo ni aun estando embarazada. ¿Por qué ese idiota me despide sin más? 

— ¿Eres consciente de que solo llevas tres meses de embarazo y tu chaleco ANBU ya no cierra bien?— Mientras que Aya bufaba, Daimira se sentó a su lado y rió por lo bajo.— Pero piénsalo bien, pondrías mucho en riesgo a tu hijo si sigues trabajando en ANBU.

— Hay cosas que un ANBU puede hacer que no son arriesgadas. Como vigilar en el puesto de mando con las cámaras, o simplemente vigilar los puntos más importantes de la aldea. Pero no, es mejor despedirme sin más. 

Daimira apretó sus labios y miró hacia el suelo.

— ¿Has hablado con Danzo?

— No... ni siquiera he hablado con ese ANBU idiota, prefirió mandarme una mísera carta diciendo que ya no necesitarían mis servicios. Al final tendré que regresar a casa de mis padres... 

Tras decir aquella última frase, la de gafas notó como su amiga miraba a un punto fijo de la habitación y frunció su ceño, casi como si estuviese fulminando con la mirada a alguien. Aunque, obviamente, no había nadie. 

Lazos oscurosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora