Capítulo 10: Sueños

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- Aya -

Ni siquiera había pasado un instante cuando de nuevo aquella extraña espiral nos había llevado a otro lugar. Aún agarrada al hombro de aquel peli plata, pude ver una figura hacerse cada vez más tangible y real. No pasó ni un segundo cuando reconocí a esa chica de manchas púrpuras.

Su mirada estaba totalmente sorprendida, al igual que el resto de su cuerpo. No moduló palabra alguna al vernos, tan sólo se quedó estática sin saber qué decir.

— Ayúdame, Rin. — Pidió el hombre de mi costado, agarrando con algo más de fuerza mi cuerpo para tratar de ayudarme a tumbarme en una cama próxima.

O lo que parecía una cama, al menos.

La chica reaccionó enseguida y agarró mi brazo restante para ayudarme de igual manera. ¿Realmente estaba tan mal como para no poder moverme por mi misma? No, ese no era el problema. Mi cuerpo no había sido dañado, pero me sentía tan mal que sencillamente temblaba por todo lo que había pasado.

Ni bien me senté en la orilla de aquella superficie dejé salir el aire tembloroso de mis pulmones. Apreté mi mandíbula solo por tratar de controlar aquel nudo que bloqueaba mi garganta.

— Pero... ¿qué ha pasado? — Preguntó de manera temerosa Rin, arrodillada a mi lado, observándome.

No fui capaz de alzar la mirada, aún se reflejaba en mis pupilas la imagen de Fen tirada en el suelo sin vida, por llegar tarde de nuevo.

— Es algo largo de contar... Pero por ahora revísala, a ella y... — Detuvo sus palabras, dejándome algo desconcertada.

Levanté mi mirada para ver porqué había dejado de hablar. Sus ojos y los de la castaña estaban conectados, hasta que instantes después Rin me miró con incredulidad. 

No comprendí muy bien el motivo, pero sus ojos castaños me dieron la respuesta, pues se desviaron hacia mi vientre, justo el lugar donde sentía una extraña sensación desde que aquella sombra me rodeó con su oscuridad.

"Aún queda algo dentro de ti... "

¿No fue eso lo que dijo la sombra cuando me cogió?

Parpadeé unos instantes tratando de colocar toda aquella información en mi cabeza. Él quería matar a todos los que amaba, dijo que la primera vida que me arrebataría sería... 

¿De verdad yo...?

— Debo contarle esto a los demás, comprueba que todo esté bien, ¿de acuerdo?

Rin asintió ante las palabras del peli plata, quien marchó tras volver a mirar mi tripa con aquel ojo rojo como la sangre. Ninguno dijo nada más, por lo que el hombre desapareció por la puerta de aquella cabaña en la que nos encontrábamos.

Presté atención a mi alrededor en ese instante, viendo las paredes bastante deterioradas de madera de aquella casa polvorienta y sucia. Aunque había algunos muebles que parecían nuevos, o casi nuevos, como el colchón en el que me encontraba. Los cristales no dejaban ver más allá que la suciedad que los cubría y apenas dejaban entrar la luz del sol. Estaba claro que aquella cabaña era la que vi hacía unos minutos.

— Túmbate un poco.— Sus manos me instaron a que cumpliera su petición.

Miré el techo, sintiendo la sangre recorrer mi cuerpo y el nudo de mi garganta hacerse más intenso, casi pareciendo querer asfixiarme por completo.

Lazos oscurosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora