Logan
Las seis de la mañana, esa hora marcaba el reloj. Iba de camino a casa después de una larga y agotadora noche de guardia en el hospital. Hoy me tocó vigilar a aquellos pacientes ubicados en la planta de cuidados intensivos, y he de decir que fue bastante sacrificado. De un momento a otro, las máquinas de dos de los pacientes que se encontraban allí comenzaron a emitir el mítico sonido de alarma que salen en las películas. Y como no, el cuerpo empieza a expulsar adrenalina al ver que dos personas necesitan tu ayuda, que dependen de ti y de los cuatro enfermeros que se encuentran a tu disposición. Además de sus familias, esas familias a las que le das las buenas noticias, las de mejoría, las de recuperación, y en el peor de los casos la de pérdida. Gracias a dios en mi corta carrera sólo tuve que dar esa noticia dos veces, pero jamás las olvidaré.
Abrí la puerta de casa, y pude percibir la tenue luz procedente de la puerta que daba al garaje. Sinceramente me extrañó, sobre todo por las horas que eran, pero cabía la posibilidad de que fuese mi padre. Bajé los pocos escalones que había, y no encontré a nadie. En ese momento me extrañe aún más. Observé por encima por si había algo fuera de lugar, algo movido o desordenado, algo que pudiera indicarme quien estuvo ahí, o si entró alguien ajeno a la casa.
Las herramientas de papá estaban intactas, tal y como las dejé cuando volví a guardar el hacha. El coche de Nat, que permanecía ahí guardado bajo una gran sábana blanca estaba igual. Las colecciones de mamá, como siempre, encima de aquel estante de madera junto a la puerta de salida. Mis pequeños trofeos de cuando era joven y mis juegos de médico cogiendo polvo como hacía ya bastante tiempo. Y las cosas de Ely, sus maletas con ropa de invierno y algunos juguetes que la peque no usaban estaban bien colocados. Quizás se dejasen la puerta abierta al igual que la luz, ni idea. Pero no había nada extrañó ahí abajo. Volví a subir los escalones, apagué la luz y cerré la puerta.
Una vez hecho aquello subí definitivamente al cuarto. Deseaba darme una ducha relajante y refrescante, y meterme en la cama a dormir hasta que mi pequeña mocosa diese guerra para tomar su desayuno. Abrí la puerta de la habitación y pude ver como ambas, mis dos pequeñas, mis dos amores, dormían. Momentos como este, me alegraban el alma.
- ¿Te viene bien este sábado? - pregunté a Máx, mi viejo amigo y compañero de baloncesto.
- Claro, tengo ganas de volver a verte y de ver a Ely y como no, de conocer a esa hija vuestra - contestó riendo al otro lado de la llamada.
- Perfecto – reí - Y ya sabes, a ver si organizas otra noche de esas de Póker.
- No dudare en llamarte, cuídate - tras esa frase, colgó la llamada y continúe con mi lista. Quería llamar a todo aquel conocido por Ely y por mí. Celebraría esa cena el sábado para dar la noticia de nuestro futuro compromiso. Aunque fuese una excusa que solté a Ely en aquel momento, la llevaría a cabo. Definitivamente no era mala idea comunicarlo de esta forma.
- ¿Cómo vas? - intervino Ely entrando en el salón.
- Por ahora vienen - hice una pausa para leer la hoja - Máx, Adam por supuesto con Holly, Jeremy mi compañero de habitación en la residencia y Liam, mi compañero de Seattle. Finalmente viene antes de lo previsto.
- Estupendo - exclamó lanzándose a mí y dándome besos por toda la cara, a lo que no pude evitar reír a carcajada limpia. Últimamente estaba más feliz que nunca. Y eso a mí me alegraba también.
- No sabes lo que me llena por dentro verte tan feliz - dije en voz baja mirándola a los ojos.
- Te amo – dijo, y como todos los "Te amo" que salían de esos labios, quedó grabado en mí. En mi memoria, en mi corazón, en mi alma.
Ely
Logan andaba entretenido con las llamadas para la cena del sábado. Yo por mi parte ya avisé a Holly, Janet mi compañera de residencia, Nathalie que, por supuesto asistiría ya que es hermana de Logan, y a Marcos, mi amigo de la Universidad, ese por el cuál Logan sintió celos en su momento. No iba a faltar detalle alguno. Ahora sólo me quedaba terminar de organizar la fiesta de cumpleaños de Abby. Esta se celebraría el domingo, al día siguiente de la cena. Por lo que quería dejarlo todo listo.
Estábamos a jueves, y sólo me faltaba comprar algunos globos de colorines y encargar la tarta de la peque. Se suponía que todo lo iba a terminar de organizarlo ayer, con las chicas, pero a Holly le surgió la posibilidad de probar un menú para su boda en uno de sus restaurantes favoritos, por lo que se canceló nuestro plan. Así que dejé a Logan con sus cosas y fui al cuarto a por las llaves de su coche, ya que mi vehículo lo dejé en casa de mi padre hace unas semanas.
- ¿Vas a algún sitio? - preguntó Nat saliendo de su cuarto.
- Si, voy al centro de la ciudad - respondí metiendo mi móvil en un pequeño bolso que llevaba - Necesito globos y encargar la tarta para la fiesta de Abby.
- Ohh - intervino pensativa - Voy contigo y así pasamos a probarnos algunos conjuntos.
- ¿Más ropa? - pregunté sorprendida.
- Ely! – exclamó - Venga ya, tendrás que estrenar algo para la cena del sábado y para el cumple de la niña. Tienes que dar buena impresión y dejarlos a todos sorprendidos.
- ¿Ya me estás persuadiendo? - reí bajando las escaleras.
- Un poco - río detrás mía.
- Venga vamos, así me invitas a un café.
Unas horas después, ya estaba anocheciendo y nosotras saliendo de la última tienda a la que entramos. Finalmente me compré un vestido para la cena y una blusa con una falda larga para el cumpleaños de la peque. Por no hablar del par de zapatos que me hizo comprar Nathalie y de los accesorios para los conjuntos. Una vez más tenía claro que ir de compras con Nat era la ruina absoluta. El dinero que conseguí ahorrar el verano que estuve embrazada de Abby, me prometí a mí misma que sería para Abby, el cien por cien. Si no fuera por el trabajo de Logan no podría haber comprado ni la mitad de cosas, y aunque me sintiera mal por ello, ya que prácticamente era su dinero, el que se ganaba con el sudor de su frente, era el propio Logan el que me insistía en que me comprase cosas. Era tal su insistencia en que dispusiera de su dinero, que me dio una tarjeta de crédito que estaba adherida a su propia tarjeta. Me fue imposible rechazárselo, pero si le prometí que la usaría solo, y únicamente para lo necesario. Tenía completamente claro, que debía de buscarme un trabajo al menos a media jornada.
- Espera me está llamando tu hermano - interrumpí a Nathalie en su conversación conmigo.
- Deja que te agarre las bolsas - dijo para facilitarme el descolgar la llamada.
- Dime - pronuncié al ponerme el móvil en la oreja.
- Pequeña vuelve a casa ya - escuché decir a Logan un poco preocupado.
- ¿Qué pasa? ¿Abby está bien? - dije rápidamente.
- Si está bien, pero vuelve ya Ely - esta vez lo escuché agitado y serio.
- Voy de camino con Nat - hice una pausa para dirigirme a su hermana - Toma conduce tú - le cedi las llaves a Nathalie.
- Vale no tardes - dijo nuevamente serio y esta vez escuché al fondo una sirena de policía.
- Logan, ¿Qué está la policía ahí? - definitivamente terminé por atacarme.
- Sí - hizo una pausa y resoplo - Entraron en casa Ely, por favor ven ya - terminó por decir casi gritando y colgó.
Se notó que estaba pasando algo, y algo que consiguió agitar al mismísimo Logan. Mi pulso comenzó a acelerarse y mi mente se disparo pensando en miles de situaciones en las que alguien entraba en casa y provocaba el pánico. La pobre de Nat conducida lo más rápido posible, intentando tranquilizarme al mismo tiempo. Pero yo solo podía pensar en Abby, en mi niña. Estaba con su padre, sí, pero no podía evitar la necesidad de comprobar que estaba bien y estrecharla entre mis brazos.
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Ely Williams [P.2]
Teen FictionSegunda entrega de Logan Clifford. Tras una bonita relación pese a los problemas y los kilómetros que los separaban, Logan y Ely llegaron a su fin. Y todo por la inesperada aparición de Ann. ¿Cómo superaran la ruptura con el amor de su vida?. Logan...
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