Capítulo 35

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Ely

Los invitados ya se marchaban. Casi todos los niños amiguitos de Abby iban dormidos agotados del día de juego, al igual que mi niña que estaba durmiendo en los brazos de Logan. Mi padre antes de marcharse sacó de su coche algunas cosas para la perrita, cosas necesarias que nosotros no teníamos al no saber del regalo. Como una cama blanca, un comedero para comer y beber, una correa para pasear y un saco de comida. Habían pensado en todo.

Cerré la puerta de casa definitivamente, era un poco tarde y todos estábamos cansados. Había sido una gran tarde, un gran cumpleaños. Le regalaron de todo, como por ejemplo el kit de pinta uñas, y el vestido de princesita de su tita Nat, los preciosos pendientes de Logan y su peluche de osito, el cual le encanto tanto hasta el punto de que se lanzaba a abrazarlo. La perrita de su abuelo y su tito Carl, que se tiro jugando con los niños medio cumpleaños, o la muñeca de Liam. Incluso le gustó los juegos que le compré para que aprendiese los números etc. Ahora me tocaba guardar todos los regalos y recoger un poco todo lo puesto para el cumpleaños. Apenas sobró comida y tarta, fue todo un triunfo.

- Voy a acostar a la niña y bajo a ayudarte - dijo Logan subiendo las escaleras con Abby en brazos.

- De acuerdo - pronuncié en un tono bajo. Me dirigí a la cocina, antes de nada, le echaría a la perrita comida y agua. Debía de estar sedienta de toda la tarde correteando por el jardín. Era bastante buena y cariñosa, y tenía hasta nombre. Abby aún no hablaba bastante, pero si balbuceaba algunas cosas. Y entre ellas llamaba a la perra diciendo Lala, así que se llamaría así.

- Ey, ¿Aún estas por aquí? - dijo Nathalie entrando a la cocina.

- Si, quiero dejar todo un poco recogido. Tu madre me ayudo bastante a organizar el cumple, que menos que ahora recoja algo del desastre - reí cerrando el saco de pienso de Lala.

- Pues yo me voy a comer uno de estos Sándwich - pronunció cogiendo uno de los que sobro - Tiene pinta de haber sido toqueteado, pero tengo mucha hambre - dijo para pegarle un bocado.

- Ya estoy aquí - interrumpió Logan en la cocina- ¿Por dónde empezamos?

- Yo diría que por donde fuese, el jardín parece el escenario de una peli de acción - expreso Nat riendo con su sándwich en la mano.

- Pues empecemos por el jardín - respondió Logan dirigiéndose a la puerta trasera de la cocina.

- Que os sea leve, yo me voy a mi cama a terminar de comer, buenas noches - dijo saliendo de la cocina.

- Buenas noches Nat - respondí. A continuación, seguí los pasos de Logan hasta el jardín. Ya que me ayudaba, no lo iba a dejar pringado con toda la limpieza. Salí por la puerta, y al instante mi boca se abrió de sorpresa, mezclada con incertidumbre.

- ¿Y esto? - pregunté asombrada al verle allí, en el filo de esa pequeña pero acogedora piscina que tenían en casa, la cual estaba iluminada por sus propias luces, y con pétalos flotando, además de ese ramo de rosas blancas que sostenía en la mano.

- Ven - dijo sin más.

- Ya me pediste matrimonio, y que busquemos casa, ¿Qué toca ahora? - dije con una risa nerviosa.

- Pedirte nada, pero agradecerte mucho - río.

- No me tienes que agradecer nada, lo sabes - pronuncié mirándolo a los ojos y con un tono bajo.

- Lo sé, pero hace un año exactamente, trajiste al mundo a esa niña que ahora duerme ahí arriba. Mientras yo estaba por Seattle perdido, sin saber nada, pero loco por tener lo que hoy tengo, lo que ese día estaba teniendo sin saberlo - sus palabras consiguieron emocionarme, y a él también. Notaba que estábamos más unidos que nunca, que éramos más conscientes de lo que nos amábamos, más maduros. Y eso, me llenaba el alma. En un leve movimiento, se secó esa lágrima cristalina que bajaba por su mejilla. Y tras mirarme y sonreírme con esa sonrisa tonta, señal de nervios por el momento, sacó una cajita del bolsillo del pantalón.

Logan

Abrí la pequeña caja de la misma joyería en la que compré el regalo de Abby. Saqué la delicada cadena de plata, y volví la vista a esos ojos color miel.

- Sabes, puede que no sea gran cosa, pero tiene su significado - dije mostrándole la cadena - Tiene grabada la inicial de Abby, y la mía - elevó sus manos hasta las mías, y cogió la cadena para verla mejor. Pude ver en sus ojos, en su expresión facial, que le gustaba. Yo no era el mayor detallista del mundo, ni el más romántico, pero tenía mis momentos, momentos como esté.

- ¿Me lo pones? - se dirigió a mi sonriente. Afirmé con la cabeza, y al darse la vuelta, le retiré delicadamente el pelo del cuello, y coloqué suavemente la cadena sobre su pecho. A los poco segundos, se volvió a girar, quedando de nuevo cara a cara, y en un leve susurró, pronunció un " te amo ", una frase envuelta por esos labios suaves y delicados. Esos labios que besé al instante, por qué sinceramente, sus besos eran mi dosis diaria, mi droga.

-Y ahora...- hizo una pausa en el beso - Vamos a limpiar.

- Ni de coña – dije y la cogí en peso mientras reaccionaba a mi respuesta, y sin una pizca de duda, me tiré a la piscina con ella. Y si, estábamos vestidos, cansados y casi en plena madrugada, pero estábamos solos. Ahí, en mitad de un jardín con piscina, éramos Ely y Logan. Solo importaba eso, nosotros, nuestras locuras, nuestros momentos.

- No me puedo creer lo que has hecho - expresó mientras se despejaba el pelo mojado de la cara.

- Ven aquí - la agarré debajo del agua por la cintura y la pegué contra el muro de la piscina - Esté es nuestro momento.

Empecé a besarla por todos lados, y a acariciar su cuerpo mojado debajo de esa ropa pegada a causa del agua. Esta noche sería nuevamente mía, aunque lo fuese ya eternamente. Eran los momentos en los que dejábamos a un lado eso de ser dos personas, con dos almas, para pasar a ser una, con una sola alma.

El reloj de mi mesita de noche marcaba las once de la mañana. Ely aún seguía junto a mí, acurrucada. Anoche tras nuestro momento íntimo en la piscina, bajo el manto estrellado, nos secamos, nos colocamos ropa seca y nos metimos en la cama. Ambos terminamos más agotados aún. Me levanté despacio, y sin esperarlo corrió hasta mis pies la perrita de Abby. Me parecía super graciosa meneando su rabito a cada segundo. La acaricie por la cabeza y me levante para ir al baño, incluso la pequeña seguía durmiendo en su cuna.

Diez minutos después, estaba arreglado para salir de casa. Mi amigo Liam se marchaba a la tarde, y quería aprovechar el poco tiempo que le quedaba en San Francisco para charlar de nuestras cosas, ya que desde que llegó apenas tuvimos tiempo. Salí del vestidor y me senté en la cama junto a Ely. Le aparté un mechón de cabello de la cara, y suavemente la desperté.

- Buenos días - dijo con voz de dormida.

- Buenos días pequeña - susurré para darle un tierno beso en la frente - Quería avisarte que voy a tomar un café con Liam. Se va esta tarde y quiero aprovechar con él lo que le queda aquí.

- De acuerdo - pronunció mientras afirmaba sonriente.

- Luego si quieres podemos dar un paseo con la pequeña, y con Lala - reí al mismo tiempo que le acariciaba la mejilla.

- Sería estupendo, yo mientras me ducharé y ducharé a Abby. Para ponernos guapas para ti - sonrió.

-Te adoro - dije para dirigirme a ella y comérmela a besos - Nos vemos en un rato.

Salí del cuarto y bajélas escaleras. Mientras salía de casa, le envié un mensaje a Liam para que me esperase en la entrada del edificio de apartamentos. Seguramente iríamos a la primera cafetería que encontrásemos, lo principal era pasar un buen rato contándonos anécdotas o las últimas novedades por allí, por Seattle. Luego meesperaba una agradable tarde de paseo con mis chicas, que ahora eran tres, añadiendo a Lala. A este ritmo, estaba seguro que desearía tener un niño como próximo hijo, tenía que compensar esta situación.

Ely Williams [P.2]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora