Capítulo 32

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Ely

- Dios mío - exclamé nada más ver la escena. Los padres de Logan estaban en la puerta externa de la casa, junto a Logan que sostenía a la pequeña la cual estaba inmersa en un llanto desconsolador. Las luces del coche de policía iluminaban toda la fachada de la casa, y varios agentes salían de su interior con linternas. Incluso había a un lateral una ambulancia con sus sanitarios. Corrí hacía Logan, hacía mi niña. Claramente tuvo que pasar algo más que una entrada en casa - ¿Qué ha pasado? - pregunté mirando a Logan para que esta vez me dijera lo que realmente pasó.

- Ely - me apartó de su torso a un lado, para mirarme fijamente - Nos están avisando.

- ¿Qué tiene la niña en la frente? - pregunté super nerviosa, cogiéndola en brazos. Intentando consolar su llanto, y haciendo fuerza para no ponerme yo también a llorar ante la situación.

- Eso intento explicarte joder - gritó para mi sorpresa. Pero estaba completamente exasperado, echándose las manos a la cabeza, y he de decir que eso me termino de preocupar.

- Señorita - interrumpió un agente de policía - Acompáñeme por favor - me indicó el camino con el brazo. Dejé a la pequeña en manos de Nathalie, la cual estaba allí tan desubicada y nerviosa como yo. Esto me estaba pareciendo una pesadilla, una pesadilla que aún no conocía del todo - ¿Quién creé que puede haber hecho esto? - me preguntó el policía.

- Perdoné, ¿Hacer el qué? - pregunté nerviosa.

- Veo que no le explicaron nada - dijo cerrando su cuaderno - Alguien entró en su casa sin llamar la atención de nadie, subió hasta el cuarto, cogió a su hija y le hizo una marca con pintura roja en la frente, la pintura quizás procedente de algún pintalabios suyo. No terminó siendo grave, pero pudo acabar peor – dijo mirándome a los ojos. Sentí que todo volvía, que todo el miedo y la angustia que dejé atrás volvía a mí. Que se apoderaba de mi cuerpo, agitándome la respiración. Sentí como me quedaba flácida, me desvanecía.

Abrí los ojos. La tenue luz de la habitación me indicaba que estaba amaneciendo. Levanté levemente la cabeza y vi a Logan. Sentado junto a mí, apoyando su cabeza sobre sus manos y los brazos a su vez sobre las rodillas. En lo que se tarda en realizar un parpadeo, recordé lo ocurrido ayer. Nuevamente se me comenzó a acelerar el corazón, la respiración y todo el nerviosismo fluía una vez más por mis venas.

- Logan, ¿Y Abby? - pronuncié llamando su atención.

- Ey - me impidió la incorporación - Tienes que tranquilizarte, ayer te desmayaste por toda la tensión del momento. Abby está bien, está durmiendo - alce la vista para corroborar aquello, y al verla en su cuna, me volví a tumbar. Esta vez, miré a Logan. Sabía que con una mirada entendería que teníamos que hablar de lo sucedido, y así lo hizo.

- Deja que empiece yo - interrumpió en el silencio - Primero, perdóname. Entiende que no te quisiera alterar por teléfono, y perdón por mi actuación delante de todos, por gritarte. Yo también estoy de los nervios, joder es mi hija también.

- ¿Cómo ocurrió? - pregunté intentando tranquilizarme.

- Ya te lo dijo el policía. Alguien entró, subió al cuarto y cogió a Abby para hacerle la marca - se levantó resoplando.

- Si, me lo contaron - hice una pausa - ¿Saben que significa eso? ¿A qué viene la marca?

- La han marcado joder, un puto objetivo - se mordió el labio de impotencia, tanta que parecía que se lo iba a arrancar - Joder van a por ella, a por nuestra pequeña – dijo intentando no elevar el tono, pero desesperándose al pensar en todo. Entre todo el caos, entre toda la desesperación, frustración e impotencia, una leve y frágil lágrima escapó de mi ojo derecho.

- Tiene que ser cosa de Roger - susurré.

Logan

Escuché como Ely pronunciaba su nombre, Roger. ¿Hasta cuándo iba a estar en nuestras vidas?, era como una maldita garrapata o como esa incansable pesadilla que se reproduce noche tras noche.

- Escúchame - dije volviendo a sentarme en la cama, junto a Ely - Si no te lo cuento presiento que se va a joder todo de nuevo y no pienso permitirlo si está en mis manos.

- ¿Qué pasa? - pronunció secándose una pequeña lágrima de la mejilla.

- Primero, en la fiesta a la que fuimos, me encontré a Roger - agarré sus manos para que no dijera nada y me escuchase - Intercambiamos pocas palabras, me dijo que estaba con una tal Helena, dándome a entender que pasaba ya de ti. Y me dio la enhorabuena por el compromiso, motivo por el que te pregunté si lo comunicaste.

- Joder Logan - se tapó la cara con sus manos - Sabes que no me gusta que nos ocultemos cosas, y menos aún si se trata de Roger. ¿En qué pensabas?

- En tu felicidad joder - pronuncie tajante, serio – Perdóname, pero no pensé que fuese de pura necesidad que supieras eso, que por esas pocas palabras dejases de estar bien.

- De acuerdo - dijo para al momento abrazarme como signo de aceptar las disculpas - Pero, ¿Qué tiene que ver eso con lo ocurrido? - me susurró en el oído.

- Ayer, cuando volví a casa del hospital, me encontré la puerta del garaje abierta al igual que la luz encendida. Eché un vistazo, pero no encontré a nadie, ni había nada fuera de lugar - resoplé y Ely volvió a tumbarse - Tranquila ¿Vale? - dije al ver su cara de preocupación - Esto al igual que lo del encuentro con Roger se lo conté a la policía. Le conté todo lo relacionado con Roger, desde tu relación con él, hasta la carta que nos encontramos aquel día en el coche. Sobre todo, para que lo vigilen, para prevenir cosas si es él.

- Me alegro que lo hayas hecho - asintió levemente - Anda ven aquí - señaló la cama.

En milésimas de segundos, me tumbe junto a ella, y en un ligero movimiento, hizo que la manta nos cubriera por completo a los dos. Dejándonos bajo una suave oscuridad, donde el sonido de nuestra respiración era lo único que retumbaba allí abajo. Y sinceramente, era lo único que necesitaba. Lo único que necesitaba en ese momento. Nuestras miradas se observaban, en silencio, con simpleza, pero con toda la profundidad necesaria para que nuestros ojos se hicieran promesas secretas, y se juraran una vez más amor en estado puro.

Conducía bajo el pleno sol típico de estas fechas del año, el verano. Iba a casa de Adam a por unas llaves de un pequeño apartamento que tenían sus padres, es decir, mis tios. En una hora el autocar de Liam, llegaba a San Francisco y le había conseguido ese apartamento para que se alojase. Al menos estaría más cómodo que en un hotel o que en mi propia casa. Tendría su propio espacio, yo mismo sabía que eso era de agradecer.

- ¿Las tienes? - dije dirigiéndome a Adam que estaba en la puerta de su casa esperándome.

- Por supuesto - se acercó al coche - Mientras dejé el apartamento como está ahora, puede quedarse el tiempo que quiera.

- Gracias en serio, ya se lo agradeceré a tus padres personalmente - cogí las llaves a través de la ventanilla.

- Oye, ¿Qué tal estáis Ely y tú, y como no Abby? - hizo una pausa y me miró - Holly me contó lo sucedido la otra noche.

- Pues ya te puedes imaginar - paré brevemente el motor del coche - Estamos bien, pero por mucho que intentemos ocultarlo no paramos de darle vueltas y de estar nerviosos.

- Me imagino - afirmó con la cabeza - Intentad tranquilizaros, mañana tenemos la cena y pasado es el cumple de Abby. Que no os afecte más de lo normal, hacedlo por Abby, lo niños lo captan todo.

- Lo sé - sonreí - Bueno te dejo que tengo que ir a por Liam, nos vemos mañana.

- No lo dudes, pienso beberme todo lo que pille - río a carcajadas.

Volví a arrancar el coche y puse rumbo a la estación. En media hora estaría allí si el tráfico me lo permitía. Nada más recoger a mi fiel compañero de Seattle y dejarle en su nuevo apartamento por unos días, iría rápidamente a casa. No había nada más que me apeteciese en este mundo y en este momento, que estar junto a mis niñas. Relajarme con ellas, y seguir guardando momentos únicos en mi memoria, era lo más valioso que tenía.

Ely Williams [P.2]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora