Capítulo 52

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Ely

Un nuevo día amanecía, y agradecía a los cielos el tener el día libre de trabajo. Hoy Logan trabajaba desde temprano por lo que no me extraño el no encontrarlo junto a mí en la cama. Estiré todas mis extremidades aun tirada entre las sabanas y agarré mi smartphone de la mesita de noche. Mis ojos de primeras se desviaron al mensaje de texto de Carl.

"Mamá llega en dos días a San Francisco. Ayer al llegar a casa hablé con ella y le dije que probablemente la veas, me dijo que, si es así, la llames. Dale un beso a mi sobrinita de mi parte"

Un resoplo salió de mi boca, ahora tendría que llamar a mi madre, ya que decidí verla y conocer a mi hermana. Era muy temprano para ponerme a darles vueltas al tema, así que decidí dejarlo pasar por ahora y me centré en los mensajes de Holly. Tenía como diez mensajes suyos contándome todo lo ocurrido en su viaje de novios. Apenas llevaban varios días fuera del país, y ya habían vivido cosas increíbles y momentos únicos. Me alegraba tanto ver como una de mis mejores amigas, alguien que era como mi hermana, estaba siendo tan feliz. Incluso me mando varias fotos de ella y Adam por Canadá, o de las vistas que tenían desde el hotel en el que se hospedaban.

Con una sonrisa por Holly, me levanté de la cama. Abby estaba aún durmiendo, por lo que me fui al vestidor. Varios minutos después, bajaba las escaleras hacia la cocina con unos vaqueros y una camiseta de tirantes blanca. Al entrar, vi a Susan preparar unas tostadas y el olor a café me inundo inmediatamente. Dirigiéndole una cariñosa sonrisa a Susan, me serví una taza de café recién hecho, y agarré un plato con un par de tostadas y un poco de mermelada de melocotón. Con el desayuno en la mano, salí hacia el jardín para desayunar allí y disfrutar de los primeros rayos de sol del día. Hoy tenía pensado ir junto a Abby a alguna que otra tienda de muebles, ya que como Logan trabajaba, acordamos que me encargaría de comprar nuestra futura cama, el sofá para el salón, la mesa de comedor y algunos que otros muebles para decorar. Ambos teníamos un gusto parecido, así que tal y como me dijo anoche al volver a casa, se fiaba de mi gusto decorativo.

Unos minutos después, cuando estaba terminando mi última tostada y mi taza de café, vi como entraba al jardín Nat, con una bandeja con zumo de naranja y tostadas al igual que yo. En silencio nos sonreímos, y al llegar a la mesa se sentó en frente mía, bebió un sorbo de su zumo recién exprimido, y decidió soltar las primeras palabras.

- ¿Estás bien? – preguntó seria, con preocupación en su rostro.

- ¿Qué?, Claro que estoy bien – respondí sin saber que pasaba - ¿Sucede algo? – pregunté esta vez yo preocupada.

- Ayer me contó tu hermano lo de vuestra madre – dijo bebiendo de su zumo y mirándome a los ojos al mismo tiempo.

- Bueno no tiene por que ser un secreto – dije terminando mi desayuno – La veré Nat.

- Me interesa más que tú estés bien, no lo que hagas con ella y su llegada – pronunció untando el pan en mermelada.

- Estoy bien, te lo aseguro – respondí sonriéndole de forma sincera, y continuo con su desayuno.

Algunas horas después iba junto a Abby por uno de los centros comerciales de la ciudad donde había más tiendas de muebles que de ropa, como era lo normal. En tiendas anteriores ya había comprado y dado la dirección de la casa para que mandaran los muebles del cuarto, y algunos para el cuarto de Abby. Solo me faltaba los del salón y comedor. Llevaba ya como media tarde comprando y el ir a cuestas de la pequeña, por muy bien que se estuviera portando, era un poco agotador. Por un momento pasé junto a un puesto de helados, y me paré para comprarnos unos a mi pequeña y a mí. Mientras hacia cola en el puesto, le hice una seña con la cabeza a Oliver, que iba detrás nuestra, en la distancia, pero sin perdernos de vista. Se merecía tanto un helado como yo, aun así, me negó con un gesto y continuó dando vueltas por nuestro alrededor.

Ely Williams [P.2]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora