Cuando vives en las calles lo único que te protege, es tu astucia y la capacidad de resistencia que te permita tú cuerpo. Tora era conocedora de la oscuridad en los barrios bajos, su viento era lo único que permitía crear una coraza para alejar sus...
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--¿Estás bien niña?--la voz suave de una mujer reclamó la atención de la pequeña; las gotas de lluvia danzantes sobre sus mejillas se fundían junto con sus lágrimas, o por lo menos el recorrido que estas habían dejado. Se sentía fatigada, agotada, estaba harta--¿Puedes hablar?--una vez más la niña no contestó, no podía, ni quería.
--Tomaré eso como un no, rubia.--contestó con el anterior tono, la desconocida tomó con sumo cuidado a la delgada niña entre sus brazos, pero inmediatamente la pequeña emitió un alarido. Sus costillas estaban rotas, un cúmulo de hematomas yacían sobre algunas partes de su cuerpo, los cuales parecían dar una historia, entonces la de cabello negro divisó sangre entre sus andrajosos ropajes, confirmando sospechas.
--Así que tú también eres una niña de la calle.--susurró la morena mas la pequeña pudo oírlo. La expresión de su salvadora se tornó seria y fría.
«¿Ella también vive en la calle?».
Esas palabras se emitieron en la mente de la rubia.
--No te preocupes, no te haré daño--afirmó calmando las sospechas de la niña, posó su confianza en esas palabras-- no quiero comida, ni busco dinero en una enana como tú. Respira con tranquilidad--rió amargamente--intentaré cargarte hacia mi guarida.
La salvadora comenzó a caminar con ella en brazos, sintiéndose segura, la pequeña se adormecía entre su calidez.
«Su nombre... ¿Cuál es su nombre?».
Se preguntó en su mente.
--Por ahora te llamaré rubia-emitió una risa--sé que no es muy original, pero cuando puedas hablar me dirás tú nombre--sonrió grácilmente--¡Oh!--exclamó ella alegre--Me olvidé por completo, mi nombre es...
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--¡Reika!-- la rubia escuchó un grito familiar proveniente del pasillo. Se levantó con rapidez, mareándose en el proceso, llevó la palma de su mano a la cabeza, notando humedad en su rostro.
«Otra vez ese sueño».
Otro portazo resonó en la habitación a través de la puerta.
--¡Reika, abre la puerta!--esta vez ya más desvelada, se levantó y acató la solicitud de la persona externa al cuarto, encontrándose así con su querida amiga de la infancia.
--Tora...¿Qué sucede?--Reika se sorprendió de que su voz sonara tan apagada, pero no lo demostró.
--Te lo contaré por el camino, tienes que venir conmigo a los vestuarios. ¡Toma!--al decir eso, la de cabellos magenta le entregó una bolsa de cartón, tirando posteriormente de su brazo. Sin haber explicación alguna o tiempo de asimilación, Reika se vio sometida a los tirones de su amiga. Desplazándose así por los pasillos del dormitorio para finalmente salir de él.