Ahora todas las piezas encajaban perfectamente en mi mente, Alan y Jasón tenían una rivalidad por Cintia, que esta chica es hermana de Alan, que por cierto Cintia seguía enamorada de Jasón y yo era su enemiga numero uno porque Jasón se tomaba demasiadas molestias conmigo. Pero lo que no encajaba del todo bien era, que es lo que había pasado entre ellos dos para que Alan se enfadara tanto.
Esa noche mi padre y el señor Richard charlaban en su despacho, mi madre y mi profesora de literatura charlaban cómodamente en la sala con una copa de vino, mi hermano había desaparecido y Cintia se encontraba en una esquina en la sala pegada a su celular.
Yo me dispuse a levantar todo los platos y vasos que estuvieran sucios para poder lavarlos, y Alan como buen cabañero que es, se ofreció ayudarme a lavarlos.
Y ahí estábamos yo lavaba y el secaba para colocarlos a un lado en la barra.
-No tienes por qué hacer esto. – dije tallando una mancha de la copa de vino. –
-¿Por qué no? - respondió secando un plato que había dejado anterior mente. -
-Porque eres el invitado. – respondí obvia levantando la vista para mirarlo. –
Y ese fue mi mayor error, el se encontraba viéndome con una sonrisa ladeada en sus labios, era una sonrisa realmente hermosa, le sonreí con un suspiro saliendo de los míos y me dispuse a seguir con mi trabajo.
-Por eso mismo debó de ayudarte. – respondió. –
-No. –dije riendo. – Deberías estar sentado como tu hermana. –
-¿Cintia? –pregunto, mirándome extrañado. – ¿No lo sabías o sí?-
-Imagínate mi sorpresa. –
-Pude verla...-dijo riendo mientras meneaba la cabeza. –
-Pero oye, Mi profesora de literatura, ¿En serio?- dije riendo. – Eso fue la mayor sorpresa de todas, amigo. –
La risa de Alan fue tan relajada, y espectacular que tuve que voltear a verlo. – Esa cara tuya que pusiste, fue la mejor de todas. –
-Ho vamos, claro que no. – dije bromeando. –
Me sentía tan cómoda a su alrededor, pero también me ponía un poco nerviosa, y todos mis sentidos estaban alertas, esperando algo que ni yo misma sabía lo que era.
-Claro que si... por cierto, ¿Ya acabaste tu proyecto de literatura?- pregunto. –
-¿Cómo es que lo sabes?- cuestione asombrada. –
-Ese es el privilegio de ser hijo de una profesora, guardar archivos en los expedientes de sus alumnos, incluso los míos. –
Con curiosidad lo voltee a ver, no sin antes secar mis manos en un trapo. – ¿Has visto el mío? –
-Vacio, no tienes nada ahí, solo algunas cosas de tus escuelas pasadas. – contesto terminado de secar los trastes que faltaban. – Debó de decir que fueron demasiadas escuelas. – dijo recargándose en la isla enfrente de mí, con sus brazos cruzados en su pecho. –
Lo mire asombrada, y me recargue en la barra de desayuno que se encontraba atrás de mi, estábamos justo frente a frente, nuestros pies casi se podían tocar.
-Debes de estar bromeando. –
-¿Como bromearía con algo así?- respondió descruzando sus brazos. –
Ese movimiento me distrajo, sus brazos estirándose y doblándose hacían que sus bíceps se marcaran.
Trague saliva pasando una mano por mi frente.
ESTÁS LEYENDO
Domando A Una Diva
RomanceEsa niña con el corazón herido todavía seguía ahí. No adaptaciones ni copias.
