CAPITULO #19

1.4K 73 1
                                        

-¿Vas a bajar o quedarte ahí observándome?- pregunto sacando las manos de sus bolsillos, acomodando su sombrero vaquero.-

-¿Cómo esperas que yo baje de aquí?- cuestione nerviosamente todavía aferrándome al barandal.-

Alan empezó a observar los pilares que se encontraban a los costados de mi balcón, su cara se ilumino con la idea que yo también estaba pensando.

Menee la cabeza.-Estas loco.- dije.- no voy a bajar por ahí, podría hacerme daño.-

-Nunca dejaría que te hicieras daño Natasha.-

Un suspiro silencioso salió de mis labios entre abiertos.

Sus palabras siempre acertaban, ya estaba dudando de lo que estaba a punto de hacer.

-Muy bien.- dije.- Pero ocupo que estés cerca del pilar por si me resbalo.-

Con mis manos y pies temblorosos me acerque hasta el pilar, me subí con cuidado al baranda aferrándome fuertemente del pilar para no caerme, y cuando quite mis pies del barandal tome la posición de un koala.

No podía creer que estaba haciendo esto.

Empecé a resbalarme, me aferraba duro al pilar, tan duro que las palmas de mis manos empezaron arderme, era tanto la fricción que empecé a temblar y...

-¡Ho diablos!-exclame soltando el pilar.-

Empecé a caer pero fui tomada por brazos fuertes.

Mi respiración era agitada y tenía mis parpados cerrados, sus manos me tomaron fuertemente por mi cintura, podía sentirlo. Su respiración en mi cuello, sus manos bajando por mis caderas, mi corazón palpitaba y mi cuerpo vibraba por su toque.

Me obligue a abrir los ojos y a voltearme.

Alan todavía mantenía sus manos en mis caderas, sus dedos se encarnaban en mi piel y podía sentir su calidez a través de mi ropa, mantenía mi cabeza agachada viendo como encajaba a la perfección sus manos en mis caderas.

-Te dije que no iba a dejar que te hicieras daño.- murmuro soltándome lentamente.-

Alce mi cabeza para mirar sus ojos, el estaba observando cada detalle de mi.

Trague saliva y di dos pasos hacia atrás, alejándome de esos labios rosas y carnosos.

Aclare mi garganta.-Gracias.- dije, volteando hacia otro lado y tomando con una mano las puntas de mis risos.-

-Por nada.-

Voltee a verlo para poder observarlo.

Se encontraba ahí, a tres pasos de mi, se encontraba mirándome con un palillo de madera en sus labios, con su sombrero bávaro ladeado, sus jean ajustados en todas las zonas necesarias, al igual que su camiseta de cuadros.

¡Ho Dios!

Trague saliva.

-¿Estas lista?-pregunto con su voz ronca.-

Me obligue a verlo a los ojos.-Ya estoy lista.-

Estiro su mano para que la tomara, pero yo seguía quieta en mi lugar.

-No voy a hacerte daño Natasha.-murmuro con suavidad.-

Tome su mano asintiendo con la cabeza.

Su mano era enorme a comparación de la mía y su calidez se hizo presente, por toda la palma de mi mano, su calidez y cuidado hicieron que mi pecho se hinchara de aire y de algo más que no podía comprender todavía.

Domando A Una DivaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora