Capítulo 2. El comienzo del Fénix.

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Sastian 

Pasado

Siento arena en las manos. Vislumbro la luz a través de los parpados. Abro lentamente ambos ojos y parpadeo por la incandescencia. Estoy acostado en mi lado derecho, mi mejilla conecta con baldosas frías. Poco a poco me apoyo en uno de mis codos y todo lo que veo son cientos de cuerpos tendidos a mi alrededor. Todos usan ropas blancas. Me siento por completo, miro a mis manos y a mi ropa. Estoy usando pantalones blancos de lino, y absolutamente nada en el torso, voy descalzo.

Observo mi entorno y advierto que me encuentro en una habitación blanca y redonda, sin ningún detalle en específico, salvo que el techo pareciera no tener fin, me doy cuenta que a lo lejos por encima de todos nosotros se mueve algo, sin embargo está tan oscuro que no puedo ver de manera clara. Tal vez estoy alucinando.

Despego mis ojos del techo, parece que alguien más despierta a lo lejos frente a mí. Se apoya en sus manos, se sienta y todo lo que puedo ver en su expresión es temor, ojos que parecieran oro me devuelven la mirada, su cabello largo cubierto por un color tenuemente café cae en sus hombros sobre un vestido blanco largo de tirantes, dejando al descubierto uno de sus hombros. Podría jurar que por unos pocos segundos pude ver un destello de luz en sus manos.

Entonces los cientos de seres que están en la misma habitación comienzan a despertarse. Se encuentran confusos al igual que yo, no sé dónde estoy, ni quienes son todos o cualquier detalle de mi nueva existencia. No puedo recordar nada.

Todos comienzan a conmocionarse cuando alguien grita que miremos hacia arriba. Con rapidez levanto la mirada hacia lo alto y todo queda en silencio, no sé lo que es pero lucen como criaturas con formas negras arremolinándose por encima de todos nosotros. Muchos comienzan a levantarse y también lo hago, miro hacia todos los lados que nos cubren, pero no encuentro ninguna salida. Por un momento me doy por vencido y pareciera que los demás también cuando vuelvo a encontrarme con la mirada de la misma chica que vi cuando desperté, se ve aterrada. Mi instinto es ir por ella, no sé porque tengo esta primera reacción, es decir, si quiera la conozco y con el caos que nos invade sería poco inteligente moverme hasta donde se encuentra.

Enseguida, observamos que las criaturas van bajando, y entonces ya no puedo ver nada en conciso, ya que todos corren frenéticos tratando de encontrar un lugar por donde salir. Se escuchan gritos, me veo rodeado de lo desconocido y después todo se sume en oscuridad.

Siento a los seres mezclarse entre nosotros, me tiro al suelo, tapo mis oídos, y luego percibo una esencia voltearme boca arriba y consumirme, adhiriéndose a mi cuerpo mientras yo grito de dolor.

Cuando me consume, dejo de gritar y la mayoría también, y allí escucho sobresalir el grito de una chica a lo lejos. Luego siento como si una brasa de fuego comenzara a incendiarse dentro de mí. De tanto dolor creo que estoy perdiendo la conciencia. Me tranquilizo en un instante y después, siento mil y una emociones distintas antes de desvanecerme, pero no sin antes escuchar el susurrar de algo dentro de mí que me dice —El miedo se está apoderando de tu vida.

Con eso caigo dormido, aun escuchando de fondo los estridentes gritos de la chica acunando mi inconsciencia.

*

Como si estuviera reviviendo los momentos anteriores, parpadeo para poder abrir los ojos tratando de aclimatarme a esta luz. Ahora siento algo más cómodo debajo de mí, no como la última vez que estuve despierto y tirado en el suelo frio y duro.

La luz proviene de lo que caigo en cuenta es una ventana. Alguien me observa desde el centro de está. Advierto que es una mujer de cabellos rubios platinados con un par de ojos azules fríos. Me siento en un abrir y cerrar de ojos, sobre la que ahora se con precisión es una cama, fijo mi vista vuelta en la mujer y doy por cuenta que es una mujer hermosa. Luce como si fuera mayor, viste un vestido rosa, largo y afinado, con cordones atados por doquier sobre su pecho, y en su cara todo lo que puedo notar es curiosidad. Advierte las preguntas arremolinándose en mi cabeza por su expresión.

Prisioneros del truenoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora