Lenox
Presente
Los colores de la noche desatan mi cordura, pero los del día hacen que mi alma se llene de tranquilidad. Siempre ha habido algo en los cielos que me transmite distintos tipos de sentimientos. Era eso, o que yo era solo una melancólica empedernida.
—No puedo más —anuncia Dion casi sin aliento.
Sin un auto, nos había tomado más tiempo el avanzar por esta larga carretera, más sin embargo estaba segura de que estábamos a nada de llegar.
—Mis piernas me están matando. —Brooke declara lo que todos pensamos. Incluso mis piernas habían comenzado a temblar.
¿Las buenas noticias? No nos encontramos con nada fuera de lo común durante nuestro recorrido hasta ahora, lo cual era buena suerte para una carretera así. Con nuestro recorrido los árboles desaparecieron para dar paso a las palmeras secas que poseía la parte desértica del país. Y hace unas horas cruzamos el borde del estado, lo cual era otra buena noticia.
La madrugada nos alcanzaba, y yo, demonio o no, estaba exhausta. Solo quería dormir pero aunque sentía a mis parpados a punto de cerrarse me encontraba a mí misma observando a las estrellas distantes que me ofrecía el cielo abierto. Las montañas nos rodeaban y el espeso viento del sur nos daba la bienvenida a sus tierras.
—Solo faltan unos kilómetros más.
—¿Hablas en serio? —Coronel se detiene para estirar el cuello.
Los demás toman su ejemplo para parar al mismo tiempo y correr hacia las cantimploras. Suspiro y me detengo por igual. El único que sigue andando es Evan, parece notar lo que hacemos pero se mantiene arriba de su bicicleta y ahora nos rodea. Él estaba callado desde que salimos de aquel pueblo.
Me aseguro de hidratarme bien hasta que me aproximo a Evan y le entrego una de las cantimploras, él mira de la botella a mí cuando se detiene.
—Necesitamos hablar.
—Acerca de....
—De esto. —Levanta ambas manos señalando lo que nos rodea.
—¿Qué hay que hablar?
Sale de la bicicleta para arrancar la cantimplora de mis manos, inmediatamente frunzo el ceño. ¿Qué demonios? El nota mi semblante.
—Lo siento. —Sus manos se posan en su cabello para revolotearlo—. Lo siento, ¿de acuerdo? Solo estoy algo frustrado.
—¿Por qué?
—Estamos caminando hacia una trampa —murmura, sus hombros suben y bajan, más por estar irritado que por su cansancio.
Pero teníamos que hacerlo.
—Es necesario entrar en ella para poder deshacerla. —Miro directo a sus ojos. Aquel color jade que me hacía sentir que tenía un torbellino en el alma—. ¿Tienes miedo?
—Más que nunca.
—Entonces corramos directo a nuestro mayor miedo. —Digo con firmeza—. Solo aquellos que van al infierno aprenden a caminar con paz sobre las llamas.
Su semblante serio se mantiene, pero asiente en acuerdo.
Observo lo que tenemos por delante y es cuando me doy cuenta de que las montañas que se divisan a lo lejos son en definitivo la entrada que ansiaba ver, la que me llevará a el final.
—Llegamos —exclamo—. Las montañas que se divisan a lo lejos...
A continuación todos suben apresurados sobre nuestro inusual transporte y entonces pedaleamos como si no hubiera mañana.
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Prisioneros del trueno
FantasyEn la era del sol y la luna, de la batalla del fénix y el león nace una profecía. Esta batalla legendaria está destinada a repetirse cientos de milenios después, en donde las rencarnaciones Sastian, el fénix, y Lenox, el león deberán enfrentarse. D...