CAPITULO 18 UN NUEVO AMANECER

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En un sucio y mal oliente bar, Terrence ordenaba otro trago.

"¿Otro señor?" – Preguntó el cantinero alzando una ceja - ¿No le parece que ha bebido ya suficiente?

Terrence le dio una mirada fulminante y el cantinero depositó una botella nueva sobre el mostrador.

"Un día lo va a lamentar. No hay cuerpo que aguante tanto" - comentó el hombre secando un vaso con la toalla.

El muchacho posó un billete frente a él.

"¿Es suficiente para callarlo?"

El cantinero tomó el billete y lo guardó en su bolsillo mientras Terrence se servía otro trago. El hombre miró a Terry de pies a cabeza, notando el buen corte de su traje oscuro al igual que la tela de calidad; ni la mugre ni las manchas sobre el rostro del joven podían disimular su buena cuna.

"Este muchacho no ha tenido un solo día de trabajo duro en su vida." – concluyó – "Debe ser la oveja negra de alguna familia."

Terrence encendió un cigarrillo con manos temblorosas y tomó una bocanada profunda antes de empezar a hablar.

"¡Ser o no ser: he aquí el problema! ¿Qué es más levantado para el espíritu: sufrir los golpes y dardos de la insultante Fortuna, o tomar las armas contra un piélago de calamidades y haciéndoles frente acabar con ellos?"

Todas las miradas se volvieron hacia el joven que declamaba. Los ojos de Terrence se abrieron y miraron su reflejo en el espejo frente a él que cubría la pared tras el cantinero.

"¡Ya empezó!" – Exclamó alguien – "Tim ¿es que no puedes callarlo?"

El cantinero se encogió de hombros y les mostró el billete que Terrence le había dado.

"¡Todas las noches con la misma perorata!" – protestó un hombre corpulento.

"¡Morir…dormir; no más! ¡Y pensar que con un sueño damos fin al pesar del corazón y a los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne! ¡He aquí un término devotamente apetecible! ¡Morir…dormir!...¡Dormir!...¡Tal vez soñar!"

"¡¿Por qué mejor no te mueres o te duermes y nos dejas en paz?!"

Todo el bar estalló en carcajadas.

"¿Quién querría llevar tan duras cargas, gemir, sudar bajo el peso de una vida afanosa…?"

"¡Un burro!" – interrumpió el hombre que se burlaba de Terrence.

"¡Esto no es una adivinanza!" – el actor se volvió hacia él.

"¿No lo es?" – El hombre alzó una ceja – "Entonces ¿no hay premio?"

Las mejillas de Terrence se encendieron de la rabia y alzó una copa hacia él.

"¡Salud! ¡Brindo por tu ignorancia!"

"¿Me estás llamando ignorante?" – se puso de pie.

"Por lo visto eres más listo de lo que aparentas."

"¡¿Qué?!"

"Esa apariencia de marinero de quinta, la frente pequeña, los ojos demasiado juntos; seguro vuelves locas a las damas ¿no? Bueno, aunque tengas que pagarles."

"¡Hijo de perra!"

"Ya he escuchado ese insulto con anterioridad" – alzó una ceja – "¿No tienes otra en tu repertorio?"

El cantinero abrió los ojos al ver que Terrence caía al suelo de espaldas. El hombre lo había halado por detrás y ahora se inclinaba sobre él.

"Te voy a dar una lección que no olvidarás, niño rico" – dijo tomando la botella entre su mano.

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