Capítulo 30

343K 17.6K 14K
                                        

Un fuerte dolor de cabeza me hace costoso abrir los ojos. Escucho voces masculinas, algunas risas y el incomparable olor del cigarro.

—Creo que esta despertando, llama al jefe —escucho decir.

Intento abrir los ojos pero al hacerlo mi vista es nublada, veo a tres hombres pero al no poder distinguir sus rostros vuelvo a cerrar los ojos. Joder, pero que dolor de cabeza. Mi manos quieren viajar hasta mi frente pero no puedo hacerlo. Caigo en cuenta de que mis manos están atadas detrás de mi espalda y me mantengo acostada en posición fetal sobre un intento de colchón.
Toso un poco y vuelvo a abrir mis ojos, uno de los hombres se acerca a mí con una sonrisa petulante mientras que los otros dos reciben a uno en la puerta.

—Al fin despiertas bonita —dice el hombre con brazos de Hulk mientras se inclina hasta mí.

—No por favor... —Susurro sintiendo mi garganta completamente seca de los nervios.

—Sientala —ordena el hombre que acaba de llegar y creo reconocer esa voz pero no estoy segura.

El hombre fortachón me toma en brazos y me sienta en una silla de metal fría. Enfoco mi vista hacia el hombre que he escuchado antes y cuando se acerca hacia la luz y hacia mí sonrío negando con la cabeza.

—Joder, ¿en serio Nickolas? —digo sin poder creerlo y mi sonrisa lo hacen enfadar.

—¿Te parece divertido? —replica quitando el cigarro de su boca.

—Claro, armar todo esto solo comprueban lo que ya sabía. Eres un completo cobarde, ¿qué ganas con esto?

Sin esperarme su próxima acción, se acerca y me da una fuerte cachetada que me hace girar mi rostro a un lado. Maldito imbécil. El ardor que se desprende en mi mejilla hace que todo mi rostro se caliente.

—¿Ves todo lo que gano? —Sonríe y suspira—. Aquí no tienes a tu guardaespaldas, al imbécil de tu hermano policía ni mucho menos al ruso que por cierto, que divertido verte en el papel de amante —ríe—, fingiendo ser una mujer correcta y con principios vas y te acuestas con el hombre de otra.

Mantengo mi mirada sobre él, no voy a darle el gusto de verme mal o derrotada ni mucho menos dejaré que me afecten sus palabras.

—Tú no sabes nada de mi vida así que lo que digas me vale mierda —me propina otra cachetada en la misma mejilla, cierro los ojos para soportar el dolor. Joder, es un puto animal.

—No sabes cuántas ganas tenía de hacerte todo esto —camina un par de pasos y se devuelve a mí, repitiéndolo una y otra vez mientras habla—. Debo admitir que tus dotes de abogada me impresionan, siempre ibas un paso adelante, siempre con una sorpresa diferente. Tú debiste ser mi abogada, lo fuiste, te pedí ¿por qué de la nada dejaste de representarme?

—No fue mi decisión, fue de mi jefe...

—Por eso te tengo aquí, porque sé que ese imbécil se encargó de todo. No me quiero imaginar cuando se entere.

—Jamás te habría hecho ganar, no después de enterarme de tus negocios ilegales —cacheta en la otra mejilla—. ¡Deja de golpearme maldito enfermo!

—¡¿Ya no sonríes ahora?! ¡¿Ya no te parece divertido verdad?!

—Dime qué coño quieres.

—Darle donde más le duele al puto ruso, esa eres tú —sonríe y se deshace de su cigarro—. Dime ¿cuál era su miedo conmigo? ¿Que te tocara? —acaricia mi cabello y mi ojos se humedecen— ¿Que te besara? —susurra en mi oído— ¿Que te follara?

—Nickolas por favor...

—¿Ahora suplicas? —inhala mi cuello y cierro los ojos asustada—. Estoy completamente seguro de que el ruso se saldría de sus cabales si se entera que estuve dentro de ti —desabotona mi camisa y mis lagrimas no tardan en rodar por mis mejillas.

Como dice el JefeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora