Los cálidos rayos del sol acarician mi piel mientras reposo en la tumbona junto a la piscina. Es temprano, no más de las nueve de la mañana. David no quería que bajara, después de desayunar prefería que me quedara en la cama con él pero al ser el último día aquí quería aprovechar este espacio.
Me he puesto mis lentes de sol, un traje de baño de color rojo que resalta el moreno claro de mi piel y a David le ha encantado verme pero por supuesto le agrada poco que me encuentre a la vista de otros huéspedes que también se encuentran tomando el sol o nadando.
Sonrío al recordar la noche anterior, después de la cena hablaba enserio con eso de romper mi vestido. Al escuchar la tela rasgarse supe que cuando David dice algo no juega.
Flash back
—¡David! —chillo cuando me dejó desnuda, tomó el vestido y tiró fuerte de él. Lo miro sin poder creerlo pero sin poder contener mi risa tonta—. Tú de verdad estas loco joder.
—Sí —me toma en brazos y me lanza a la cama mientras se deshace de su ropa—, estoy completamente loco por ti mi amor...
—Me debes un vestido.
—Te compraré todos los que quieras —cuando esta desnudo intenta abalanzarse sobre mí pero me levanto rápido y me mira extrañado, sentado en el medio de la cama.
Tomo la corbata, mi favorita, y lo miro con una sonrisa.
—Quiero hacer uso de esto —esconde su labio inferior entre sus dientes y niega leve con la cabeza.
—Te dije que no te lo pondría más nena...
—Quiero que lo uses tú —digo interrumpiéndolo a la vez que me coloco a horcajadas sobre él—, quiero llevar el mando.
Suspira y me mira sin decir nada por varios segundos, esos ojos azules me derriten mientras espero su aceptación que me la da a entender un segundo después con un suave beso en mis labios. Sonrío y le ajusto la corbata en los ojos. Tomo su miembro y lo llevo a mi intimidad, logrando escuchar un jadeo de sus labios.
Me muevo adelante y atrás despacio y sin parar, sus manos se mantienen en mi cintura apretándome para manejar mi ritmo pero se lo impido, yo llevo el control.
Mis manos se posan en su nuca y parte de su rostro, lo lleno de incontables besos y disfruto de cada expresión que me regala su rostro.
—Me gustas mucho... —Susurro cerca de sus labios y sonríe pegándome a su boca por varios segundos.
—Tú me encantas nena —responde alejándose solo un milímetro de mis labios—, me encantas —repite con poco aire mientras que mis movimientos lo llevan de a poco al límite—. Quiero verte...
—Espera —digo y lo beso, disfruto de sus suaves labios, jugando, mordiendo y chupando cada espacio de él—. ¿Sabes cuántas veces me hiciste usarla?
—Tenía mis motivos... —Muerde su labio y lo beso.
—Ahora es tu turno —sigo moviéndome despacio y con una leve sonrisa niega con la cabeza. Intenta quitarse la corbata pero no se lo permito, sonríe de nuevo y se rinde cuando lo beso.
—Rápido —suplica.
—No —Sonrío y sus manos se aprietan más fuerte a mí.
—Rápido nena, por favor...
—Compraré un vestido igual.
—¿Qué? —arruga su ceño— No.
—¿Más rápido?
—Sí joder...
—Compraré un vestido igual —acelero mis movimientos y él sonríe, me empuja a sus labios y juntos llegamos al límite jadeando el nombre del otro, llenándonos de besos hasta calmar nuestras respiraciones.
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Como dice el Jefe
Roman d'amourDavid Novikov. Ruso. Volará de su país para hacerse cargo del bufete de abogados de su padre. Justo. Controlador impulsivo. Sentimientos no entra en su vocabulario, dice que es para débiles. Tres reglas: Ser puntual. Nunca interrumpirlo. No hacer pr...
