Capítulo 10: Ariadna.

17.7K 1.5K 311
                                        

En multimedia: James Bay - Us

Mi estado de ánimo, a pesar de escuchar por media hora las tonterías de Nuria sigue siendo el mimo. Es increíble cómo desde que conocí a Leonel Carter me siento más valiente frente a ella. Por supuesto con Magda me he sentido mal y realmente he sido un poco irresponsable al quedarme durmiendo en el campo cuando sé los niveles de maldad que posee Nuria en su interior. No puedo darme el lujo de dejar sola a mi hermana durante tanto tiempo con ese monstruo.

Mientras el agua recorre mi cuerpo recuerdo lo que he estado tan cerca de confesar, los motivos por los cuales Nuria me da cierto temor, las razones por las cuales mi mala reputación inició. Al mismo tiempo pienso en las palabras de Leo, en su tristeza evidente, incluso pude darme cuenta de que su pasado lo atemoriza aún más de lo que Nuria me atemoriza a mí.

A pesar del momento tan dulce, de las palabras que siempre salen de su boca, de su declaración y de que oficialmente tengo novio, lo poco que había dicho no sale de mi cabeza. Él quiso ayudar a todas esas chicas y ahora yo no dejo de pensar en qué sentido quiso ayudar, quiénes eran esas chicas y qué tan desgraciados fueron sus verdaderos padres.

Cierro mis ojos un momento tratando de continuar con mi buen ánimo y no permitir que nada lo empañe. Ya tendremos tiempo de conversar de nuestras heridas, del peso de nuestro pasado. Me termino riendo porque ni siquiera puedo creerme lo feliz, contenta y confiada que me siento. Yo no soy esta chica. La Ariadna que he sido hasta hace una semana no cree en cuentos de hada, mucho menos en el amor, las relaciones románticas y todas esas cursilerías, pero con Leonel es tan sencillo, hay tanta bondad y honestidad en él que aún contra todo pronóstico, yo, la impenetrable chica a quien todos odian ha terminado confiando en un fuereño.

Al salir de la ducha Nuria murmura ofensas que prefiero ignorar. Me visto y seco mi cabello. Me duele un poco la espalda por la forma tan incómoda en la que Leo y yo nos quedamos dormidos en mi lugar secreto. No quiero ser tan desesperada y ¡oh vaya!, es lo que hago al revisar mi teléfono cada dos segundos esperando un mensaje de él. No me llega ninguno, pero ¡vamos!, a penas han pasado unas horas. Dejo mi teléfono en la habitación cargando y decido limpiar un poco el resto de la casa. Nuria hace muy poco, y decir "poco" ya es decir mucho.

Tras otro par de horas y con Magda nuevamente en casa me atrevo a esconderme en mi habitación y llamar a Leo un par de veces, siempre salta el buzón. Quizás cuando dijo que nos veríamos se refería al bar y yo estoy aquí, actuando como una maniática del control en nuestro primer día de novios. Suena tan tonto, "novios", tengo un novio y sé en mi interior que la idea no es nada buena.

Después de escuchar todas las anécdotas de Magda en la escuela, otro par de insultos de Nuria y seguir mirando mi teléfono la hora de ir a mi trabajo llega más pronto de lo que quisiera. Debo admitir que me visto y maquillo ya sin ánimo. No puede ser posible que me afecte de esta manera no saber nada de él en tantas horas, apenas y empezamos. Por un momento me miro en el espejo y dudo de mi decisión.

Convencida de que algo ha pasado me obligo a ir al bar y mi decepción crece al mirar el reloj por quinta vez cuando son las diez y Leo no aparece. Mi decepción se vuelve molestia, ¿qué tal si todo era una estúpida mentira? Atiendo las mesas el resto de la noche con poca concentración y termino tirando algunos vasos al suelo. Francella intenta subir nuevamente mi ánimo pero mi teléfono sigue sin recibir ningún mensaje o llamada.

Al finalizar la jornada me pongo mi abrigo que como siempre me hace sentir más protegida. El aire sopla con fuerza por las calles de Greensboro y aunque mi amiga se ofrece a llevarme, me niego. Quiero caminar y sobre todo pensar. Hago un último intento sintiéndome completamente tonta y le envío un mensaje de texto que no obtiene respuesta.

Dulce Adicción Donde viven las historias. Descúbrelo ahora