En multimedia: Tom Odell - Heal.
Bajo los escalones aún emocionado. Las palabras de Ariadna resuenan en mi cabeza sin parar. Me quiere, me quiere, me quiere. Me sorprendo de lo vulnerables que en realidad somos ante el amor, nos creemos capaces de hacer que ande al ritmo que nos apetezca, pero no es así. Me he enamorado de ella en tiempo récord y escucharla decir que siente lo mismo por mí me ha causado tanto internamente. Me han dado ganas de tomarla entre mis brazos y no soltarla jamás, llenarla de besos y repetirle hasta el cansancio que me gastaré la vida entera en construirle un mundo mejor.
¡Vaya! Es que sentirse tan afortunado en medio de tanto drama parece una mentira. Al llegar a la sala escucho los rumores de mi familia, todos quieren saber por qué hemos entrado hace minutos de forma tan misteriosa.
—Ari no está bien —la excuso y al mismo tiempo a mí.
—¿Qué ha pasado? —pregunta Emi haciéndome un espacio en el desayunador.
Dudo un poco en hablar y ponerlos al tanto de lo que ha ocurrido. Ciertamente Emi ya apoya mi relación con Ari, John ha accedido a ayudarla y protegerla pero no sé qué tanta sinceridad puedo tener con ellos. No importa la edad que cumpla, para mis padres siempre seré aquel niño atrapado y con traumas. Confesarles la cantidad de problemas que acompañan a Ari bien podría devolverlos a ese punto en el que creen que estoy mucho mejor sin ella.
—¿Estás bien Leo? —John se acerca a mí y aprieta mi hombro—, ¿tus invitadas están cómodas?
—Sí. Ahora mismo les haré el desayuno.
—¿Seguro que no pasa nada Leo? —insiste Emi.
—¿Qué posibilidades hay de que consigamos medicina para Magda? Tiene diabetes.
—¿Tan pequeña? —Emi se entristece. Sí, es una pena que Magda tengo que lidiar con una enfermedad complicada a tan corta edad.
—¿Por qué no han traído su medicina? —quiere saber John.
—Lo que pasa es que...
—Puedes confiar en nosotros, Leo —me recuerda Isaac, como si no lo supiera. Sé perfectamente que puedo confesarlo todo, pero sigo sin estar seguro.
Miro hacia el segundo piso y luego a mis hermanos y Emi. Son las únicas personas en las que puedo confiar verdaderamente y aunque tenga que soportar los acostumbrados discursos en los que intentan hacerme entrar en razón, prefiero eso que poner en peligro la salud de Magda, o peor aún, que Nuria logre su cometido.
No sé ni por dónde iniciar. Y, tampoco tengo tanto tiempo. Poco convencido hablo por partes, primero los pongo al tanto de la enfermedad de la hermanita de Ari y de cómo Nuria se ha aprovechado de la situación, la forma en la que todo este tiempo la amenaza con hacerle daño a la pequeña y cómo el dinero que Ari gana en el bar es lo que le permite a Magda recibir su medicina.
—Ariadna ignora cuál es el medicamento y aun sabiéndolo no tiene dinero para comprarlo porque mientras todos en este pueblo la atacan, incluidos ustedes, ella trabaja en ese bar soportando toda clase de comentarios e intenciones para ganar más propinas y conseguir de ese modo que a su hermana no le pase nada. Y ese solo es el jodido principio... su madrastra ha intentado vender sus servicios, ya saben de qué hablo.
—¿Cómo es posible? —comenta Emi evidentemente arrepentida por haber pensado por tanto tiempo quien sabe qué de mi gitana. Aprovecho el momento para aclara el asunto de Michael y Clark.
—Hay más Rocíos de las que quisiéramos en el mundo. Esa mujer tiene la custodia de la niña y Ari la ha traído aquí sin su consentimiento. La amenaza todo el tiempo y le ha hecho cosas espantosas desde niña. Ha vivido un infierno y ha tenido que crecer siendo rechazada por todos en este pueblo.
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Dulce Adicción
RomanceLibro 2 de la trilogía Adicción. > *SE RECOMIENDA LEER "JOHN, LA MAYOR DE MIS ADICCIONES" ANTES DE DULCE ADICCIÓN*
