En multimedia: Since we're alone • Niall Horan
Vuelo como una tonta sobre una nube de un lado hacia otro dentro de mi casa. Nuria ha salido, lo que significa que tenemos casa sola y eso nos permite a Magda y a mí arreglarnos tranquilas para nuestro día con Leo. Aún no le confieso a mi hermanita que hoy se le cumplirá uno de sus sueños: conocer los plantíos de girasoles. Quiero que sea una sorpresa.
Debo admitir que el momento incómodo en casa de los Carter me ha recordado lo que en realidad soy, lo que represento y lo inaceptable que es mi vida. Sin embargo, Leo, como cada vez que intento esconderme en mi dureza, esa que solo me duró dos días frente a él, me hace ver las cosas desde otra perspectiva.
Todo el tiempo que tardo en la ducha, escogiendo mi ropa y mirándome en el espejo no sale de mi cabeza ni por un segundo. Es como si cupido en realidad existiera y me hubiera flechado de manera irrevocable. No puedo creer lo desesperada que estoy por verlo, por besar sus labios, por sentir sus brazos rodeando mi cuerpo. Son los sentimientos de una adolescente, lo sé. ¿Pero cómo evadir todo lo que me hace sentir?
—¿Puedo saber hacia dónde vamos? —es la octava vez que mi hermana me pregunta lo mismo. Y como las veces anteriores le respondo que es una sorpresa.
Casi a las doce en punto la bocina de una camioneta me alarma y sé bien de quién se trata. Me veo en el espejo una vez más y creo que me he vestido de forma adecuada. Llevo un vestido de cuadros rojos y negros que cubre hasta mis rodillas. En realidad parezco un mantel. Traigo botas hasta debajo de mis rodillas lo que me hace lucir ridícula, como si fuera a una clase de demostración de atuendos clásicos para pueblecitos como el nuestro. Me río de todos mis pensamientos.
Magda corre hasta la puerta y al mirar a Leo en el porche le nace una sonrisa de oreja a oreja.
—¡Hola! —pega un chillido y Leo se ríe.
—¡Hola! —responde con el mismo entusiasmo.
—¿Ari y tú ya son novios? —pregunta y me arden las mejillas.
—¿Acaso esta señorita no te lo ha dicho ya? —dice Leonel tomándome de la cintura y dándome un beso demasiado largo para tener a una menor de edad frente a nosotros—. Lo siento —se disculpa—. Magda, oficialmente somos novios, ¿te gusta la idea? —se dirige a mi hermana.
—¡Sí! —grita enloquecida—. Al fin tendré a quien pedirle dulces. Ari nunca me permite comer dulces.
—Qué mala es tu hermana, ya veremos qué dulces puedes comer —la anima.
Mi hermanita satisfecha con la respuesta de Leo corre hasta su camioneta con plena confianza, lo que nos da un poco de privacidad antes de imitarla. Me toma de la cintura y me da otro beso prolongado. Mis manos no tardan en acariciar sus hombros y su aroma me enloquece.
—Que quede claro que no estoy ciega —exclama Magda desde la distancia y me aparto casi con brusquedad.
—Curioso vestido —se está burlando. Sabía que no era una buena opción, tenía muchísimo tiempo sin ponerme tal prenda.
—Cállate. —Le doy un pequeño empujón en lo que tiro de la puerta y cierro.
—No es justo, yo traigo deportivos —se queja con ganas—, debí ponerme unos tejanos y un sombrero y botas para hacerte juego.
—¿Acaso no te gusto a cuadros? —coqueteo un poco y doy un giro.
—Me gustas de todas las formas. —Se acerca de forma curiosa y acaricia mi cuello con su nariz de arriba hacia abajo. Con el rabillo de mi ojo me cercioro de que Magda esté entretenida con cualquier otra cosa que no sea esta escena—. Desnuda es mi favorita —susurra en mi oído.
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Dulce Adicción
RomanceLibro 2 de la trilogía Adicción. > *SE RECOMIENDA LEER "JOHN, LA MAYOR DE MIS ADICCIONES" ANTES DE DULCE ADICCIÓN*
