Cápitulo 30: Leonel.

17.7K 1.6K 1.3K
                                        

En multimedia: We The Lion - All My Demons.

Lean la nota final. ❤️

Me llevo las manos a la cabeza en cuanto veo a Ariadna entrar al quirófano. A pesar de que le he repetido a su doctor hasta el cansancio que soy el padre del bebé, de quien sigo ignorando el sexo, no me ha permitido entrar con ella. Ari perdió el conocimiento antes de ser intervenida y el pronóstico no es nada alentador.

He llamado a John y Emi, también a Isaac para ponerlos al tanto. Apenas y estaba asimilando que la había encontrado finalmente y hasta donde iba nuestra conversación el camino no parece nada fácil para conseguir su perdón. Yo le he provocado esto, como si en el pasado no le hubiera hecho tanto daño. La encuentro y lo primero que hago es alterarla tanto que ahora se debate entre la vida y la muerte.

Magda no ha parado de llorar desde que llegamos al hospital y no importa las veces que le he asegurado que Ari no se morirá, también lo he repetido tantas veces para terminar de creérmelo. La vida no puede ser tan injusta, nos hemos tardado una eternidad en encontrarnos, merecemos vivir lo nuestro, formar una familia, tengo que tener tiempo para cumplir los sueños de mi gitana. No me la pueden arrebatar así, de la nada, de un segundo a otro.

—Oye, pequeña, ella estará bien. Te lo juro —le digo una vez más, entonces me abraza en busca de consuelo.

—¿Estefanía también lo estará? —pregunta y apenas le he entendido.

—¿Estefanía?

—Sí, la hija de Ari, Estefanía.

En cuanto pronuncia una vez más el nombre mis ojos se llenan automáticamente de lágrimas. Estefanía, eso significa que seré papá de una niña, una princesa que sé, llegará a regenerar todo en mí. Me siento tan culpable de un momento a otro por haberme perdido todos estos meses, por no haber estado cuando mi gitana descubrió que tendríamos a una pequeñita iluminando nuestros días, nuestra vida, el mejor ejemplo de esperanza y redención.

Es una niña, joder, una niña. Mi niña.

No puedo más y de pronto todo se torna como competencia de llanto, la inocencia de Magda entra en juego y es ella quien termina consolándome a mí, limpiando mis lágrimas que salen con desesperación.

—Ari se pondrá bien, te lo juro —dice imitándome y beso su frente.

—Si, claro que sí. Ella estará bien y Estefanía también. Vamos a formar una hermosa familia, Magda, es una promesa.

—¿Te casarás con Ari?

—Si ella me lo permite mañana mismo.

—Y si te casas con Ari, ¿qué seré yo? Ari es como mi mamá.

—Si tú quieres, yo puedo ser tu papá y te cuidaré como a un verdadero tesoro —le hago otra promesa.

—¿Y podré llamarte papi? Yo nunca he tenido papá.

—Quiero ser tu papá, Magda, ¿me dejas?

—¡Por supuesto que sí papá Leo! —contesta emocionada y acurrucándose en mi regazo.

El tiempo que pasa después se me hace lento. Miro el reloj constantemente y Magda ha llorado tanto que se ha quedado dormida, apenas y he podido conseguir una manta para cubrirla y he juntado algunas sillas que hacen de cama en lo que yo camino de un lado a otro esperando y esperando y esperando.

No sé exactamente cuánto tiempo ha pasado hasta que el doctor sale a darme información. No puedo contenerme cuando escucho que Estefanía ha nacido pesando ocho libras y media. Me río como un loco, doy brincos y abrazo al doctor aunque es un desconocido. Pero todo cambia cuando me informa que el estado de salud de Ariadna es delicado, su presión jamás descendió durante la cirugía y a pesar del medicamento utilizado sigue alterada.

Dulce Adicción Donde viven las historias. Descúbrelo ahora