¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
~*~
En contra de mi voluntad dejo de besarla, no pararía si dependiera de mí pero no quiero exponerla más de lo que ya lo he hecho. Ponernos de pie en este suelo acolchonado es difícil y finalmente conseguimos salir del juego. Trae sonrojadas sus mejillas y por primera vez se mira inocente, apenada. Ariadna a pesar de ser tan delgada, tiene un rostro fuerte, imponente, como si nada le hiciera daño, impenetrable, aunque poco a poco he descubierto que es solo una fachada.
Tomados de la mano como hemos pasado casi toda la noche la llevo hasta el puesto de comida más cercano y cenamos algo rápido sentados en la única banca disponible en esta área de la feria. Ha pasado muy callada desde que dejamos atrás el último juego. Me mira de vez en cuando y sonríe apenas.
—¿Pasa algo? —me animo a preguntar—. Perdóname si fui un tanto atrevido, no es lo que pretendía. Solo quería callar a la estúpida gente. No te conocen, no saben nada de ti y hablan sin pensar en que están ayudando a destruir tu vida.
—No es por ti que estoy callada.
—¿No?
—No, Leo. Solo no sé qué decir o cómo procesar esta noche, tu presencia... tu ayuda. Todos esos besos. Yo tengo muchos problemas, más de los que imaginas, más de los que ya conoces.
—¿Hace cuánto Nuria te amenaza con Magda? —Necesito saber toda la información para poder ayudarla.
—Desde que mi padre murió. Ella... perdón —se disculpa—, no puedo hablar al respecto. Mi única amiga es Francella y ni siquiera ella sabe toda la verdad. Yo no sé qué buscas exactamente de mí —se lamenta.
—¿Otra vez dudando de mí? Puede que no sea un experto seductor, pero si quisiera solo acostarme contigo lo hubiera hecho hace tres horas, en la camioneta. No lo hice.
—Pero eso no significa que no quieras hacerlo —insiste.
—¿Quieres honestidad? —Asiente al instante, bien, quizás siendo lo más honesto posible me crea de una vez—. Creo que tendría que ser ciego para no desearte —admito haciendo a un lado los platos desechables y acercándome lo más que puedo a ella—. Tendría que estar loco de atar para verte y no sentir la necesidad de tocarte —agrego pasando mis dedos con suavidad por sus mejillas y su quijada.
—Pero yo no soy tan atractiva, mírame. Estoy demasiado delgada, no hay curvas por ningún lado. No soy ojos claros ni castaña ni rubia. Los hombres solo desean estar conmigo porque creen que me dejaré hacer cualquier acto obsceno, cosas que no se atreven a pedir a sus mujeres —susurra casi sollozando.
—No, gitana. En eso estás muy equivocada. Esos hombres son unos degenerados, pero tú eres tan bonita, ¿quién te ha dicho a ti que necesitas ser ojos verdes, rubia y voluptuosa para llamar la atención de un chico? Llamas la atención porque tu sola presencia irradia atracción, eres como un imán, y lo más hermoso que tienes es que a pesar de verte espectacular vestida de forma provocativa y tan maquillada, es la Ariadna sencilla, de jeans y camisetas, cubierta, la que verdaderamente llamó mi atención. Fueron tus ojos, tu sonrisa... no lo sé. Ya ha iniciado, Ari, ya no me puedes detener. No voy a parar.