Capítulo 26: Ariadna.

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En multimedia : Taylor Swift - Breathe

           

La foto se me cae de las manos, ya no escucho las palpitaciones de mi corazón y ni siquiera soy consciente de si continúo respirando. Me pongo de pie como si alguien hubiera tirado de mí, quizás es mi conciencia la que me ha dado ese empujón, pues fue ella misma la que me repitió hasta el cansancio que debía hablar con Leonel, decirle todo, confesárselo y no esperar a que algo así sucediera. Me duele el pecho, juro que sí.

No le doy la cara a Leo, el silencio que le prosigue a su pregunta es devastador. Por mi mente pasan miles de ideas, la reacción que Leonel tendrá a continuación es la más insistente, pero también  imagino al protagonista de este momento, no puedo creer que después de arruinar mi niñez, de perturbar una mente inocente, fastidiarme la vida desbaratando mi reputación y finalmente lograr su objetivo, abusar de mí, porque aunque yo haya accedido él sabía que no quería, que en otras circunstancias jamás me hubiera abierto de piernas, jamás hubiera permitido que me tocara un solo cabello y aún así me chantajeó para conseguir su cometido, haya hecho esto también.

¿Cuánto odio puede haber en una persona para realizar tanta maldad hacia alguien que su único pecado fue perder a su padre y quedarse en un hogar inapropiado por su hermanita?

La quijada me tiembla sin parar, el pecho no para de doler y el estómago o el vientre —no lo sé con exactitud—, me duele un poco. Consigo llegar a una silla y sostenerme. Leonel tira una de las lámparas de su habitación, no sé si hacia el piso o la ha estrellado contra la pared y me congelo.

—¡Qué es esto!

—Leo yo...

—¡Qué carajos es esto!

—Yo he querido decírtelo... —apenas y consigo hablar.

—¿Qué dices? ¿Qué has querido decírmelo?

No puedo evitarlo, me suelto a llorar. Soy una estúpida, debí hablarlo antes, tuve tanto tiempo, tantas oportunidades y el maldito miedo, este embarazo sorpresivo me detuvo. ¿Cómo se lo explico? ¿Me creerá?

—Te estoy hablando, maldita sea. ¿Qué son estas fotos? ¿Eres tú? No, ¿cierto? No eres tú, solo es alguien que se te parece mucho. No eres tú, gitana, ¿verdad? —Aún con las pruebas en sus manos, guarda la esperanza de que no sea yo, porque este maravilloso hombre no me cree capaz de hacerle algo tan ruin. Pero lo hice, soy yo.

—Leonel, me dejé llevar —consigo decir.

—¿Te dejaste llevar? ¿Eres tú? ¿Tú me hiciste esto? Te acostaste con este hombre, me engañaste... —la voz se le quiebra—. ¡Eres tú o no! —recupera su voz y gruñe furioso.

—Soy yo —chillo—. Soy yo, soy yo, soy yo. No es alguien que se me parece, soy yo. Leonel soy yo.

—No me jodas de esta manera Ariadna —susurra.

Tira la foto al suelo y me arrebata la silla de las manos, la impacta contra la pared y el objeto se quiebra, luego toma la otra lámpara y hace lo mismo, seguido de cualquier objeto del cuarto hasta que empieza a golpear la pared y eso me hace reaccionar. Los demás no tardarán en aparecer y no quiero confesarle las cosas con público. Con mucho miedo de sus acciones, ya que este Leonel está completamente alejado del Leonel que conozco, lo tomo de los hombros y me empuja sin querer. Me hago hacia atrás y él parece darse cuenta de lo que ha hecho. Mas no se disculpa y eso solo me indica el final que tendrá esta conversación.

—Leonel, yo no pude evitarlo, Timoteo se aprovechó de la situación y...

—No sigas, no sigas porque no quiero saber los detalles.

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