Daniela sonreía mientras con dulzura atendía a los clientes, cada vez observando regalando le una mirada al reloj de la pared.
– Mi niña, ¿que tanto esperas? – la delicada voz de una anciana llamo su atención, haciendo que mirara hacía ella.
Calle se sonrojó un poco – A alguien – dejó salir un suspiro, observando el papel en sus manos.
La señora sonrió – ¿No crees que deberías al menos hablarle? – está comentó, inclinando un poco la cabeza.
– ¿A qué te refieres? – la castaña preguntó, levantando una ceja.
– Llevo viniendo a este lugar desde hace tiempo, y últimamente te he visto más feliz que antes – La señora comentó – Se muy bien a quien esperas, pero... No le has dicho nada – dijo un poco triste – No deberías dejar escapar la oportunidad – finalizó señalando con la mirada hacia la puerta.
La castaña se viró, viendo a la chica que esperaba entrar por la puerta, tomando el lugar de siempre, al ser un poco más pequeña, tenía la facilidad de columpiar sus pies, esperando a ser atendido.
Sebastián miró a Daniela, y musitó – ¿La atiendes tú o lo hago yo? – Pues había pasado un tiempo, en el cuál, la castaña se ponía nerviosa al acercarse le por lo cual le pedía a Sebas, que lo hiciera.
Calle le señalo que lo hacia ella, y empezó a caminar hacia ella, antes de llegar a la chica, se detuvo viendo su reflejo en el cristal, acomodándose uno de sus mechones del pelo, para luego continuar.
– Hey – la castaña anuncio con una voz suave.
La peli-azul levantó la vista, y sonrió tímidamente, alejando un mechón de su propio pelo, al ver quién era – Hey –
Calle al quedarsele viendo a los ojos de la chica, pudo ver como el iris de la chica se dilataban, y sus mejillas tornaba de color rosa a un color más oscuro.
– uh – se aclaró la garganta – ¿Que deseas? – Continuó mirando para la libreta, jugando con el bolígrafo.
– Está vez solo una cocoa – La peli-azul sonrió levemente, sin querer verla a los ojos.
Calle rápidamente asintió, caminando ligero hacia el mostrador, donde dejó salir un suspiro que no sabía que estaba aguantando, sentía su corazón palpitar, y sus mejillas arder un poco.
– ¿Te encuentras bien? – Sebastián preguntó con preocupación al ver el estado de su compañera.
– Nunca pude estar mejor – Calle sonrió, entregando le el papelito.
Sebastián preparo la bebida, y se la entrego; Calle camino hacia la mesa, colocando la taza.
– ¿Algo más? – Está preguntó para estar segura.
La peli-azul tomo la taza entre sus manos, observandola por unos cuantos segundos.
– Yo... Um – Se le notaba el nerviosismo, y el conflicto que tenía con ella misma al hablar – Estaba... Pensando... –
Calle dejó escapar una pequeña risita, al saber que no era la única tan nerviosa en ese momento.
– Nada, olvidalo – La peli-azul decidió decir, a lo que la castaña se sintió un poco decepcionada.
– ¡Daniela! La orden de la mesa 4, ya está – Sebastián grito, llamando la atención de la castaña.
La mencionada se despidió con la mano, y se propuso a seguir con su trabajo. Al tener un tiempo para si misma, se percató que la chica ya no estaba.
» Jamás me dió tiempo para decírselo «
Pensó para si misma, terminando de limpiar la última mesa.
– Daniela, ya que es tu cumpleaños, puedes tomar lo que queda del día para ti, ve y diviértete – Comentó Sebastián con una sonrisa.
– Pero aún me faltan cinco horas – Calle protestó, llevando su mirada hacia el chico.
– Todo está bajo control, ya llamé a Matu para que te reemplazará – Este anunció.
Al final, Calle se dió por vencida, dejando su mantel, y parte de su uniforme, para salir del lugar. Una vez dejó el sitio, se sorprendió al ver a la chica, sentada en la acera, al frente del sitio.
Camino hacia ella con sigilo, y decidió acompañarla – ¿A quien esperas? – Está preguntó, levantando una ceja.
La peli-azul se sobre salto un poco, y al notar quien era, escondió su rostro con sus manos – A ti – Dijo en una voz tímida y suave, casi inaudible para quien no prestará atención.
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Cortos de Calle y Poche
AcakSon pequeñas historias, normalmente de un capítulos de la pareja.