Él es Esteban. ¿Conoces la frase "El Gran Hermano te está mirando"? En el caso de él sería "La Gran Madre te está mirando". Suena perturbador, ¿eh? Todos queremos crecer, pero, en el caso de Esteban, hacerlo es una necesidad urgente. Su mamá es una controladora obsesiva que necesita estar al tanto de cada uno de sus pasos.Antes de comenzar la escuela, Esteban nunca había notado que algo andaba mal en su vida. Tiene una mamá soltera y, por supuesto, ella siempre lo amó mucho, lo defendió de cualquier cosa y nunca se apartó de su lado. Es normal para un niño pequeño. Pero la escuela es el momento para aprender a ser independiente, de a un paso por vez. Él aún recuerda el primer día: seguro has visto que a menudo los niños lloran cuando los separan de sus padres por primera vez. Bueno, en el caso de Esteban también hubo lágrimas, pero venían de su mamá, que gritaba: "Por favor, no te vayas, por favor". Desde entonces, su mamá siguió cada paso. Iba todos los días a buscarlo a la escuela pero, en lugar de regresar a casa en el instante, ella buscaba a los maestros y les pedía las noticias diarias del progreso de su hijo. Era muy cansador para ellos, aunque durante los primeros meses se mostraron comprensivos. Ya sabes, madre soltera. Pero pasado un tiempo le pidieron que se detuviera. Se quedaba en la habitación de él y lo miraba hacer la tarea. ¡Su cuarto ni siquiera tenía una puerta! Cuando Esteban quería salir a caminar con los niños del vecindario, ella decía: "Voy contigo, no te molestaré, no te preocupes". ¡Y eso hacía, los seguía y lo miraba a la distancia! De más decir que Esteban no tenía muchos amigos. Nadie quiere que lo observen todo el tiempo.A medida que él creció, comenzó a entender que esas no eran preocupaciones normales de padres. Le preguntó a su mamá por qué lo seguía constantemente, por qué no podía darle al menos un poco de privacidad. Ella le respondió: "¿Por qué? ¿Tienes secretos que no le estás diciendo a mami? ¿Qué querrías ocultar de mí?". Lo peor ocurrió hace poco, en los primeros años de adolescencia. Esteban tenía sus redes sociales, su teléfono, su blog. Quería mantenerlos en secreto, pero su mamá se las ingeniaba para encontrarlos, obtener las contraseñas y controlar todo lo que él subía. A él le resultaba muy frustrante llegar a casa y que ella le hablara de las últimas conversaciones en línea con alguien. Intentó rebelarse, cambiar las contraseñas y conseguir una condenada puerta para su cuarto. Pero solo logró que su mamá se pusiera histérica y le hablara de lo peligroso que es el mundo, un mundo lleno de criminales y pedófilos. Decía que la entendería cuando tuviera sus propios hijos.A los 14, llegó el momento de tomar medidas drásticas. Esteban comprendió que era imposible razonar con su mamá y convencerla de que lo dejara tener una vida. Así que cambió de estrategia. Tenía que hacer algo diferente si quería tener interacciones sociales que no fueran con su madre. Durante varios meses todo salió bien: ella estaba convencida de que la vida de su hijo se reducía a ir de la casa a la escuela y de la escuela a casa, y él disfrutaba de una vida similar a la de cualquier otro adolescente. Pero, un día, ocurrió algo catastrófico. Esteban olvidó su teléfono secreto en el cuarto y, mientras no estaba, ella lo encontró, lo desbloqueó y leyó todo lo que había en él. No puedes imaginarte el infierno que pasó cuando regresó a su hogar.Fue en ese momento que su mamá tuvo una especie de colapso emocional, tras ver que Esteban se había escapado de su control. Decidió castigarlo un buen tiempo. Lo envió a su cuarto y lo dijo que no podría salir ni para ir a la cocina. Al parecer, ella no se daba cuenta de que la situación se había vuelto irreal y muy peligrosa, se comportaba como una especie de maníaca. Él supo que debía hacer algo. El momento de rebelarse se había terminado, era hora de comportarse como un adulto. Investigó soluciones posibles, tenía mucho tiempo para pensar. Y un día buscó a su mamá para convencerla de ir a un psicólogo familiar.Por supuesto, ella dijo que no. Pero Esteban le insistió: no veía otra solución posible, y era la única manera de poder salir de casa. Finalmente su mamá tuvo que aceptar para que él se callara. Resultó ser algo que los dos necesitaban con desesperación. Ella tenía dudas, pero después de media hora se abrió por completo con el especialista. Resultó que Esteban también tenía problemas, pero eran más bien respuestas a las acciones de su madre. Cuando regresaron a casa, ella le dijo que regresaría a la escuela y que le colocarían una puerta a su habitación. ¡Guau! Hablando de efecto terapéutico. El problema ahora es que Esteban no sabe qué pasa por la cabeza de su mamá, ya que le está dando libertades con el mismo entusiasmo que mostraba cuando lo encerraba. Lo único que espera es crecer lo antes posible.
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