—¿Idioteces? Tú que sabrás.—escupí como el veneno mirando directamente sus pupilas sin vacilar.
—Claro que no sé, porque tú no me quieres decir nada.—chasqueó la lengua, pude notar que apretaba la mandíbula un par de veces algo, que hacía para liberad estrés.
—Quizá tengo mis motivos.—sentencié empujándolo y alejándolo de mi.—Nosotros nunca hemos sido amigos.—sentí una gran opresión en el pecho al decir eso y mis ojos se cristalizaron.
—¡Joder! ¡No te entiendo Liam, no puedo! ¿¡Cómo voy a dejarte en paz después de todo?!—gritó obligándome a girarme, vi que con la mano derecha se estaba apretando la camiseta justo encima del corazón, aparté la mirada.—¡Háblame maldita sea!
—¡Cállate! ¡Cállate! ¡Cállate!—me tapé los oídos intentando no escucharle, porque él era mi talón de Aquiles y se me estaba rompiendo de a poco.
—¡Dímelo! ¡Dame una buena razón para no hablarte nunca más en la vida y te juro que lo haré pero luego no vengas llorando suplicándome un mísero perdón porque no te lo daré!—me quedé callado sintiendo un par se lágrimas caer por mi rostro, ya no podía más.—¡Que me lo digas Liam!—su tono frío pero enfadado me asustó.
—Lo siento, no puedo.—susurré dejándolo solo en aquél baño mientras yo salía corriendo como de costumbre.
—¡Liam...!—escuché mi nombre en la lejanía pero hice caso omiso.
Corrí fuera del instituto, me daban igual las clases, me daba igual el material que me había dejado... solo me importaba deshacerme de esos jodidos sentimientos que tanto me habían estado atormentando.
Quería, por una vez, mandarlo todo a la mierda. Dejar de ser el chico aburrido, el maricón que se acostó con un tío, el chaval ese del voleibol, el empollón, el llorica, el chupapollas, el inútil y el cobarde.
Estaba harto.
Harto de que durante toda mi vida se me hubiera puesto en duda mis capacidades de hacer algo solo por ser una nenaza por llorar. Harto de acojonarme en todo y no hacer nada. Harto de no poder vivir la vida como quería por miedo.
Llegué, por alguna razón, al mismo bosque donde me fui cuando me escapé de casa a los once al enterarme de que mi madre tenía novio, el primero después del hombre denominado como mi padre.
Sonreí por la nostalgia y me adentré, desde luego la mejor decisión de mi vida teniendo en cuenta mi genial sentido de la orientación y mi super buena suerte.
A pesar de todo, las lágrimas iban recorriendo mi rostro destrozado por dentro, por no poder decirle a Hunter lo que sentía, porque al final las mierdas que decían de mi tenían razón: era un cobarde y un gallina que solo sabía huir.
Todo por puro miedo al rechazo de los demás, qué maduro Liam. Me senté bajo la copa de uno de los árboles, agarré mis rodillas y hundí la cabeza rompiendo del todo.
Ya no me reprimía, notaba mi cara empapada en lágrimas, mi corazón acelerado, mi respiración entrecortada que se escuchaba entre sollozo y sollozo.
Me ardía la garganta por el nudo contenido, creí que mi pecho subiendo y bajando iba a provocarme un ataque y el leve temblor de mis manos me agobiaba.
En el fondo, sabía que enamorarme de Hunter no estaba mal... Y quizás incluso me correspondía pero era tan pequeña mi esperanza, que mi parte racional decidió ignorarla.
No sabía cuanto tiempo había pasado, horas tal vez, y aunque ya ni si quiera podía llorar no me moví. Tenía frío, mis ojos entonces secos me escocían, el pecho ardía casa vez que respiraba y mi cuerpo tiritaba.
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Enano [Gay +18]
RomanceSi eres nuevo en un instituto lo único que quieres es pasar desapercibido y con suerte hacer algún amigo. Eso era lo que Liam pretendía pero... ¿qué pasa cuando el chico más temido te habla? ¿O peor aún cuando se convierte en tu mayor soporte? "-Ere...
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