—¡¿Hunter!?—grité con una mezcla de alivio y confusión, pero a la vez pánico.—¿Qué haces aquí?
—He venido a hacerte una visita, enano.—a pesar de que eso no me aclaraba nada, soltó mi muñeca y dejé el cuchillo en la mesita de noche.
—¿Porqué?—pregunté confuso.
—Porque quiero y punto, sentía curiosidad por tu casa y me he colado ¿any problem?—se sentó en mi cama como si viviera aquí.
—Sí, que es mi casa y que no tengo ni idea de como sabes dónde vivo.—tengo que admitir que estaba levemente asustado.
—Solamente he tenido que preguntarle a ese amigo tuyo... el de el pelo blanco ¿Miller? ¿Muriel?—iba susurrando nombres.
—¡Mike!—grité dando un golpe de puño sobre mi otra mano.—Como sea, vete de aquí que tengo cosas que hacer.
Por favor contrólate Liam, siempre dices lo primero que se te pasa por la cabeza y algún día acabarás muerto joder. Cállate.
—No.—alcé las cejas tras su respuesta.—No voy a irme porque alguien como tú me lo diga.—pude observar en sus ojos una profunda oscuridad y su tono cambió a uno frío.
—¿Has cenado?—me rendí tras un suspiro, viendo como ponía una sonrisa de medio lado.
—¿Ahora me das de cenar, enano?—noté cierta burla en su voz pero hice caso omiso comenzando a caminar hacia la cocina seguido por él.—¿Sabes? Me gusta tu casa, es tranquila.
—Es tranquila porque no está mi madre.—le dediqué una sonrisa pero de inmediato la retiré al recordar que era el maldito Hunter, el mismo que hacía horas me había amenazado con estampar mi cráneo en una pared.—Hay... hamburguesas.—asintió así que las saqué y las metí en el microondas, tres minutos después ya estaban.
Le di un plato con la hamburguesa y los cubiertos, cogí lo mío y nos sentamos en la mesa juntos, la verdad es que todo eso me resultaba terriblemente incómodo porque en fin... estaba acojonado y no nos conocíamos tanto para esa confianza.
—¿A qué hora quieres quedar el fin de semana?—carraspeé mi garganta antes de hablar para romper el silencio, me dedicó una mirada divertida que no pude comprender.
—El sábado a las cinco.—sentenció pero puse una mueca de desagrado.—¿Qué?—preguntó casi con molestia al no hablar.
—Tengo partido el sábado a esa hora.—aparté la vista rezando para que no me preguntara de qué.
—¿Partido de qué?—de puta madre, lo veía venir.
—Voleibol.—susurré ciertamente avergonzado.
—Bien, pues después del partido... ¿Dónde es?—abrí los ojos rápidamente sorprendido.
—¿Vas a ir a buscarme?—pregunté asustado, realmente no quería que me viesen yéndome con alguien como... él tan grande y imponente, pero negó lo cual hizo que me relajara.
—Voy a ir a verte.—casi muero atragantado tras escucharle. Si hay algo en este mundo que no quería era que fuese nadie a verme jugar, ni a mi madre dejaba.
Estuve un rato en silencio hasta que me recompuse e intenté convencerlo de que no, pero después de volver a preguntarme que dónde era por tercera vez y con un tono tremendamente aterrador al final le dije dónde era.
Tras una hora, en la cual estaba todo yo tenso, se fue de mi casa y yo por fin pude respirar tranquilo y a salvo me fui a mi habitación. Me tumbé sobre la cama y sin quererlo, todo se volvió oscuro.
Abrí mis ojos sobresaltado tras escuchar el timbre que tengo como alarma y me di cuenta de que anoche me quedé dormido sin querer. Bufé por el dolor de cervicales de dormir en un a posición incómoda pero aún así me levanté y me dirigí al baño, desenredé mi pelo pero me lo dejé suelto. Bajé a desayunar justo antes de lavarme los dientes y cambiarme de ropa.
Cogí el móvil, que tenía muy poca batería porque no lo puse a cargar, me colgué la mochila y salí de casa caminando a paso lento.
Iba escuchando "Chlorine- Twenty One Pilots" mientras intentaba no ponerme a cantar y bailar en medio de la calle, a pesar de que no pude resistirme a caminar al ritmo de la música hasta que llegué a las puertas del instituto.
Apagué la música, guardé mis cascos y me dirigí a la clase que me tocaba hoy... Inglés. Suspiré intentando encontrar el aula hasta que lo hice. Me senté al lado de James que aún no había llegado y comencé a sacar el material para ganar tiempo y no aburrirme tanto.
La clase ya estaba casi llena y mi amigo seguía sin aparecer. Mientras buscaba algo en mi mochila una persona se sentó al lado, sonreí y le hablé.
—¡Por fin! Pensaba que no...—me callé al ver que era Hunter y juro que nada me dio mas rabia que ver esa sonrisa prepotente y la ceja alzada.
—Tranquilo que ya he llegado.—utilizó un tono burlesco mientras apoyaba su codo en el respaldo de la silla y se escurría levemente hacia abajo.
—Ese es el sitio de James.—le reproché ganándome una risa por su parte que me hizo molestarme aún más.—No entiendo de qué te ríes sinceramente.—vi el un breve destello en sus ojos.
—A partir de ahora, enano tú te vas a sentar conmigo.—susurró acercándose mucho a mi rostro y en seguida pude notar mis mejillas arder, comencé a negar con la cabeza pero de nada sirvió ya que no se movió de ahí.
—¿Liam?—la voz de mi amigo hizo que me girase y lo viese con cara de confusión, y miedo por supuesto.
No hizo falta más que una extraña mueca de mi parte para hacerle entender que luego lo hablaríamos. La clase comenzó y no dejaba de sudar dado que podía notar la mirada de Hunter constantemente sobre mi y eso me ponía nervioso no, lo siguiente.
Después de tres horas, sonó el timbre que indicaba la hora del recreo. Suspiré aliviado por poder sacarme de encima al fin aquel terror que sentía cuando estaba con Wolfgang pero, he de admitir que era menor que el día anterior.
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Enano [Gay +18]
RomansaSi eres nuevo en un instituto lo único que quieres es pasar desapercibido y con suerte hacer algún amigo. Eso era lo que Liam pretendía pero... ¿qué pasa cuando el chico más temido te habla? ¿O peor aún cuando se convierte en tu mayor soporte? "-Ere...
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