La familia de Kongpob había sido tan cálida que fue inevitable para Arthit el sentirse parte de ellos. Cuando quedaron solos después de una larga despedida, se dirigió a su novio.
—¿Y quieres ir a algún lugar o prefieres que vayamos a mi apartamento?... —preguntó con un pequeño gesto que marcaba su hoyuelo.
—¿Uh? No lo sé, P'Arthit, ¿tú qué quieres hacer?
Kongpob lanzó su pregunta justo cuando su estómago empezó a gruñir, y fue entonces que recordó que en realidad no había comido más que un pedazo de pizza en todo lo que iba del día, pues su hermana le había robado de su plato las otras porciones mientras él estaba ocupado observando embelesado a Arthit.
—P'Arthit, ¿puedes cocinar para mí? Tengo hambre.
Este suspiró sonoramente.
—Hubo mucha pizza, ¿por qué no comiste? —frunció el ceño, totalmente disgustado—. Debes comer a tus horas. Llevas mucho sin comer, ¿y qué si te enfermas, eh?
Kongpob buscó la mano ajena y entrelazó sus dedos.
—Si me enfermo... —pensó unos segundos—. Si me enfermo, estoy seguro de que P'Arthit estará allí para cuidarme.
Apretó suavemente la mano de su mayor, observando cómo la sangre le subía hasta la punta de las orejas por quién sabe qué ocasión en el día. Arthit no apartó la mano como normalmente lo haría, mas bien reafirmó su agarre.
—Te aprovechas de que soy buen novio... Pero no enfermes a propósito sólo porque te cuidaré. Si haces eso... me enojaré mucho contigo —tiró de la mano de su menor y lo acercó a él—. Vamos al apartamento, así puedo hacer que comas.
—Te prometo cuidar más de mi salud, P' —sonrió Kongpob.
Sin soltar su mano, el menor pidió la parada a un taxi que pasaba por allí y éste se detuvo para que ambos subieran. Dentro, dio al chofer la dirección que se sabía de memoria y, una vez que el auto arrancó, se acurrucó junto a su pareja, quien sonrió cuando sintió el calor del cuerpo de su Nong.
No había pasado más de una semana de no verse, pero Kongpob había extrañado tanto a su P'Arthit quien, en ese momento pensaba que, si esa demostración de afecto hubiera pasado unos años atrás o incluso meses, sin dudarlo le habría dado a Kongpob una reprimenda como si se tratase de un niño. Pero afortunadamente, se había llegado un punto en su vida en el cual a Arthit ya no le importaba si los demás hablaban de él o si les veían como la pareja que eran, ahora sólo le importaba ser feliz y tener a Kongpob lo hacía inmensamente feliz, así que pasó su brazo por detrás de la espalda de este, lo atrajo un poco más hacia su cuerpo y besó su cabello.
—Te extrañé —admitió Arthit en voz baja, para que sólo su novio pudiera escucharle.
En momentos como ese, Kongpob se sentía como en las nubes. Que Arthit se comportara tan cariñoso seguía siendo poco frecuente y en algunas ocasiones era extraño para él, pero aun así se permitía disfrutarlo y, de vez en cuando (por no decir siempre), le sacaba provecho.
—Me atrevería a decir que tenemos algunos días para nosotros solos, P'... Eso si me permites quedarme contigo mientras voy por mis cosas a casa de mis padres y busco un lugar donde pueda quedarme... —murmuró al mismo tiempo que jugaba con los dedos de ambos—. Seré bueno, te despertaré para que no llegues tarde al trabajo, te cocinaré, lavaré, te dejaré dormir temprano excepto el fin de semana... ¿puedo quedarme contigo? Por favor, sólo serán unos días.
—Ah... Así que serás buena esposa. Uhmm... dime, ¿qué querrás a cambio? Pocas veces te portas así de bien.
Arthit le había tomado de la barbilla para que sus miradas se encontraran. Al estar tan cerca, se creó un momento en el que parecía que sólo se encontraban ellos dos. Él sólo podía ver los oscuros ojos de Kongpob, los cuales siempre tenían un brillo especial cuando su mirada estaba dirigida a él.
ESTÁS LEYENDO
I. Sintonía
FanfictionHan pasado casi cuatro años desde que Kongpob y Arthit empezaron a salir. Durante ese tiempo, han tenido que enfrentarse a muchos obstáculos, pero el destino aún tiene más planes para ellos. - Primera parte de la serie Escala Danjon, libros basados...
