Capítulo 10

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Unos días habían pasado y el entusiasmo de Kongpob por su viaje con su novio era cada vez mayor. Habían terminado de hacer sus maletas la noche anterior a su partida y el mismo Kongpob se encargó de llevar sólo lo necesario, incluidos algunos extras para que el equipaje fuera el menor de sus problemas.

Esa mañana, Kongpob se levantó tan temprano como de costumbre, aunque dejó dormir a Arthit un poco más mientras se encargaba del desayuno.

Dejó los platos servidos en la mesa y fue a despertar a su amado.

—Despierta... —le dijo al oído mientras sus dedos tocaban su estómago expuesto—. Recuerda que tenemos que estar en el aeropuerto a las diez.

Haciendo caso omiso a las palabras de su pareja, Arthit se aferró a las sábanas y a su almohada.

—Quiero dormir más... —dijo en voz baja y adormilada.

—Amor... Ya son las nueve —insistió, permitiendo que sus dedos se colaran más por debajo de la camiseta de su novio—. Además todavía tienes que desayunar.

Kongpob dejó que sus dedos empezaran a jugar con uno de los rosados pezones, pero no por mucho tiempo ya que Arthit se removió en un intento de alejarlo.

—¡Kongpob! —regañó.

El aludido lo miró desafiante, con su mano aún jugando por debajo de la tela.

—¿Seguirás durmiendo?

—No... ¡Ya! Me levantaré, pero quita tu mano de ahí.

Arthit sentía la piel de sus mejillas ponerse más caliente por el atrevido contacto de su pareja, quien con las yemas de sus dedos seguía acariciando esa zona de su pecho.

—¿Debería ponerla en otro lado?

Su mano descendió nuevamente a su estómago, esta vez sus dedos tentaron el elástico del short que Arthit usaba para dormir. Los ojos de Kongpob estaban fijos en los del mayor, pero éste giró la cabeza para no verlo a los ojos, deteniendo su mano.

—No. Vamos a llegar tarde...

Kongpob suspiró, dejando que Arthit lo detuviera. Tenía razón, no quería que llegaran tarde. Se hizo a un lado para que se levantara de la cama.

Arthit se levantó rápidamente y fue a arreglarse. Minutos después, ya vestido fue a la mesa y se sentó para comer su desayuno junto a Kongpob. Éste se encontraba lavando los platos cuando de repente se acordó de algo.

—¡Arthit! ¿Podrías guardar mi cargador en mi maleta? Olvidé desconectarlo esta mañana. Mientras iré a lavarme los dientes —pidió mientras entraba al baño.

El mayor no dijo nada, sólo caminó a la mesita que estaba junto a la cama y desconectó el cable para guardarlo. Luego, se acercó a la maleta de Kongpob, abrió la bolsa de enfrente y metió las cosas asegurándose de ponerlos hasta abajo, pero su mano se topó con algo que con sólo tocarlo con sus dedos supo qué era. Sacó su mano y con el ceño fruncido se acercó a la puerta del baño.

—¡¡Kongpob!! —gritó, dando un par de golpes a la puerta—. ¡¿Por qué llevas condones?!

Kongpob se enjuagó la boca antes de abrir la puerta para responder.

—Creía que prefieres que los use... —contestó con inocencia—. ¿O quieres que los compremos allá? No creo que llevar un par nos haga quedarnos sin provisiones... —Entonces, tomó su cepillo dental para echarlo en la bolsa de viaje que guardaría en su maleta.

El rostro de Arthit enrojeció aún más debido a ese comentario. Con la mandíbula tensa se acercó también al lavabo y tomó su cepillo para lavarse los dientes también.

I. SintoníaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora