Capítulo 10.2

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Kongpob se dejó guiar por Arthit hacia los elevadores y de allí al exterior del hotel.

—Vamos por un helado, ¿sí?

Un buen lugar, un buen clima y una buena compañía. Arthit guardaría ese momento en su corazón para siempre.

Rápidamente encontraron una heladería y se sentaron en una de las mesas que estaban fuera del local. Cuando vio el helado que pidió su novio, Kongpob no pudo evitar recordar aquel día en el centro comercial. Esta vez él no pidió un cono, sino una paleta helada.

Mientras él le daba una mordida a su paleta, el menor miraba a Arthit comer gustoso su helado. Se veía que lo disfrutaba mucho, tanto que una niña que pasaba por allí se lo quedó viendo y pidió a sus padres uno igual. Kongpob rio ante aquello.

—Calma, aún tenemos mucho tiempo y no hace tanto calor como para que se derrita tan rápido —dijo y dio otra mordida a su paleta, la cual se dio cuenta que estaba empezando a chorrear debido a que había estado tanto tiempo mirando a su pareja comer. Se apresuró a atrapar con la lengua las gotas de líquido saborizadas; algunas de ellas fueron a parar a su barbilla.

Arthit tomó una servilleta y le ayudó a limpiarlo por donde caían las gotas.

—Con que no hace tanto calor, ¿eh? Pareces un niño pequeño, Kongpob.

Una gota traicionera se resbalaba por el cuello del menor, la cual Arthit detuvo con el papel y después limpió.

—Disculpa, eres muy interesante cuando comes helado y dejé que se derritiera —admitió Kongpob con una sonrisa. Después siguió comiendo, esta vez más atento a no dejar que la paleta helada se derritiera al cambiar su estrategia de morder por dar casuales lengüetazos.

Arthit sólo veía la particular forma en la que su novio comía su paleta. Con el ceño fruncido y sin dejar de verlo, siguió comiendo su helado.

—¿Gustas un poco? —ofreció Kongpob al ver que el otro no le sacaba los ojos de encima—.¿Quién es el niño pequeño ahora? —rio.

Cuando su Kongpob tuvo la paleta pegada a sus labios, Arthit se levantó y también probó la paleta. Y si no fuera porque ésta se encontraba entre los dos, se estarían besando.

—Ahora yo quiero probar el tuyo —dijo Kongpob después de darle otro lengüetazo a su paleta helada y se inclinó él también sobre la mesa para alcanzar a dar una probada al helado que había pedido su novio. Degustó atento la mezcla de sabores en su boca—. Uhhhm... Creo que le hace falta algo... —opinó y se relamió los labios mientras pensaba.

Arthit sonreía divertido.

—¿Qué le falta?

Kongpob esbozó él también una sonrisa que mostraba sus dientes.

—¿Tú qué crees?

Pero su novio se encogió de hombros.

—No sé, tú dime.

Sin decir nada, Kongpob volvió a inclinarse sobre la mesa, aprovechando que casi no había gente a su alrededor. Cuando estuvo a centímetros de la boca de su novio, delineó el labio inferior de Arthit con la punta de su lengua, limpiando además los rastros pegajosos del helado que éste era bastante descuidado para comer. Le dio un suave beso antes de volver a poner distancia entre ellos.

—El sabor de tus labios —aclaró, volviéndose a sentar para terminar lo que quedaba de su paleta helada—. Es mi favorito, es una lástima que no vengas en forma de helado.

Arthit comenzaba a sentir que la sangre le subía hasta las mejillas, e iba a decir algo, pero un grito lo interrumpió.

—¡¿Cómo se atreve a hacer eso frente a los niños?! Búsquense un cuarto, ¡asquerosos homosexuales!

I. SintoníaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora