Capítulo 13

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A la mañana siguiente, un entusiasmado Kongpob despertó con su pareja aún entre sus brazos, lo cual le sacó una sonrisa aún más grande. Aún era temprano, pero debía empezar a prepararse para su primer día de trabajo, así que dio un beso a la frente de Arthit  antes de levantarse de la cama.

Mientras este descolgaba un par de camisas del armario, Arthit inconscientemente abrazaba la almohada a su lado que ahora estaba desocupada, esa en la que Kongpob dejó impregnado su olor.

—Amor... ¿puedo usar hoy una de tus camisas? —habló Kongpob, pues estaba muy indeciso sobre qué camisa vestir en su primer día de trabajo. Se había acercado lo suficiente para hablar al oído de su mayor.

Arthit sólo hizo un sonido de afirmación. No quería hablar, pero lo había escuchado.

—Gracias —respondió el menor y le dio un beso en la mejilla—. Por cierto, es hora de levantarse. Ya son las 7.

Kongpob volvió al armario y tomó una de las camisas blancas de Arthit. Sonreía mientras se la colocaba, ya que siempre le animaba mucho vestir con la ropa de su novio, en especial ahora que era su primer día de trabajo, pues sería como traerlo con él todo el día. Se giró cuando escuchó la voz adormilada de Arthit hablándole desde la cama.

—Kong... ven... acércate —decía con voz pausada y baja.

El mencionado obedeció y fue a sentarse a su lado sobre el colchón.

—¿Qué ocurre?

Arthit usó la poca fuerza que tenía para jalar a su novio del brazo y acostarlo de nuevo en la cama.

—No hay que ir a trabajar —hacía un puchero bastante infantil, el cual enterneció mucho a Kongpob.

—No podemos quedarnos aquí... Además, ya me cambié —apuntó a su camisa ya abotonada, sólo le faltaba la corbata—. Y es mi primer día, faltar no sería correcto.

Arthit suspiró pesadamente y al fin hizo un esfuerzo por levantarse. Una vez fuera de la cama, se estiró para destensar sus músculos.

—De acuerdo... Vayamos a trabajar.

El otro joven se levantó también y fue a sacar lo necesario para que tomaran un desayuno rápido, pero no antes de darle una suave nalgada a Arthit al momento de pasar detrás de él.

—¡Heyyy! —Arthit le dio un leve empujón a Kongpob cuando sintió ese golpe en su trasero. Se vistió rápidamente, peinó su cabello, se colocó algunos productos y por último tomó una corbata para ir hasta donde estaba su novio—. Voltea —pidió y cuando el menor lo hizo, Arthit pasó la corbata por su cuello y comenzó a atarla.

Kongpob no le podía sacar la mirada de encima, pues el rostro de concentración de su mayor mientras ataba su corbata era bastante tierno. Al mismo tiempo, él mismo sonreía de manera inconsciente.

—Gracias —murmuró cuando Arthit hubo terminado.

Arthit terminó de acomodarle la corbata y la camisa. En ese momento sólo podía pensar en la suerte que tenía de que ese hombre tan guapo le amase. Cuando se alejó, fue hacia su maletín a revisar que todas sus cosas estuvieran en orden mientras esperaba a que el desayuno estuviese listo.

No mucho después, Kongpob se acercó a Arthit con un vaso en la mano. Se lo ofreció, aunque lo alejó antes de que éste pudiera agarrarlo. Aproximó su rostro al de Arthit con la intención de juntar sus labios.

El mayor sólo le dio un rápido beso en la mejilla antes de tomar el vaso.

—¿Estás listo? Ya es un poco tarde.

I. SintoníaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora