Capítulo 10.3

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Ya había oscurecido cuando llegaron a su habitación del hotel. Al igual que Arthit, Kongpob se sentía lleno de arena por todo el cuerpo así como en su cabello. Es por eso que ninguno podía esperar a darse un buen y relajante baño. Había sido un día muy largo el cual les daría muy buenas memorias en un futuro.

—¿Quieres tomar un baño primero? —preguntó el menor mientras se sacaba la camiseta húmeda y la iba a colgar al balcón. La vista nocturna desde allí era más hermosa que lo que había imaginado.

Arthit se sentía realmente incómodo, pues la sal del agua se estaba ya pegando a su piel.

—Aghhh... Mejor me meteré con todo y ropa para que se le quite la arena... Vamos a bañarnos —dijo y tomó una toalla antes de meterse al baño.

Kongpob se apresuró a ir detrás de su pareja mientras esbozaba una amplia sonrisa. Le encantaba que Arthit últimamente accediera a que se bañaran juntos.

Cuando Kongpob entró al cuarto de baño, Arthit ya estaba debajo de la ducha dejando que el agua terminara de empaparlo. Claramente se podía ver la arena que poco a poco se iba por la coladera dejando más limpia la ropa que aún traía puesta.

Pero Kongpob sólo pensó que sería mejor mandar su ropa al servicio de lavandería del hotel, así que terminó de despojarse de las prendas que le quedaban para colocarlas en una canasta que estaba por allí. Después, entró a la ducha estando completamente desnudo, donde Arthit ya estaba comenzando a quitarse la ropa y dejaba que el agua quitara el resto de la arena en su piel.

—No me gusta la sensación de la arena en mi piel.

El menor interpretó esa frase como una petición de su novio para tomar el jabón y empezar a frotarle los hombros y la espalda con la espuma.

—Creí que te gustaba la playa —le dijo ahora pasando sus manos por sus brazos.

—Me gusta verla y me gusta nadar en el mar... Pero tener arena pegada en el cuerpo es horrible —hablaba, dejándose limpiar sin decir o hacer nada al respecto.

Luego, Arthit se giró de forma que ambos estuvieran frente al otro. Kongpob comenzó a enjabonar su pecho.  No sabía cómo, pero había arena allí que se había secado y dejado marcas extrañas. Pensó con el ceño fruncido que sólo él podía dejar marcas en el pecho de su pareja.

—Apuesto a que en los próximos días todavía nos estaremos sacando arena del cabello...

—Recuérdame estar lejos de la arena —pidió el mayor con un tono infantil, subiendo sus manos para empezar a quitar la arena del cabello de su novio.

—Usa shampoo, te será más sencillo —rio Kongpob, ofreciéndole el pequeño bote que les regalaba el hotel—. A mí tampoco me gusta sentir la arena en el cuerpo, pero si eso significa estar así contigo en la ducha, podría incluso vivir en la playa...

Arthit le dio un leve empujón. Después, tomó la botella de shampoo y comenzó a lavar el cabello de su novio. Y estaría mintiendo si dijera que Kongpob no se veía bien con el cabello mojado, porque se veía guapísimo, más aún con las gotas de agua bajando lentamente por su cuello, hasta su pecho y...

—Ahh...

Los pensamientos de Arthit se vieron interrumpidos por la suave exclamación de satisfacción emitida por su novio, quien con sus ojos cerrados disfrutaba de la sensación de los dedos de su amado masajeando su cuero cabelludo. Sentía la espuma caerle por la espalda y por el pecho, llevándose consigo una buena cantidad de arena que estaba pegada a su piel.

Volviendo un poco a su realidad, aunque sin dejar muy de lado sus pensamientos subidos de tono, Arthit bajó sus manos poco a poco para disfrutar del cuerpo atlético de su pareja.

I. SintoníaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora