Capítulo 7

2.8K 284 86
                                        


Kongpob definitivamente podía acostumbrarse a ir de compras con Arthit.

Podía acostumbrarse a verlo escoger naranjas y tomar las charolas de comida, a observarlo caminar por los pasillos mientras escogía los comestibles y a ayudarlo a cargar las bolsas con productos... Todo eso algo que otros podrían considerar banal o ridículo; pero sí, él definitivamente podía acostumbrarse

Con su presencia, Arthit hacía que lo más simple fuera algo fantástico. Eso, o simplemente Kongpob estaba muy enamorado.

—P'Arthit... —llamó cuando estuvieron de regreso en el apartamento, dándose la media vuelta para mirar a su novio después de guardar los últimos productos—. Ahora que ya estamos de vuelta aquí... ¿Quieres cenar, tomar un baño o... me quieres a mí? —esbozó una de sus sonrisas coquetas mientras alzaba una ceja, esperando la reacción de Arthit.

—Kongpob... De verdad que no te cansas de ello... —giró los ojos. Quizá sonó molesto, pero en realidad estaba nervioso. Kongpob seguía haciéndole sentir muy avergonzado siempre que le decía esas cosas—. Puedes ir a bañarte tú, yo cocinaré.

El otro joven sólo rio al ver el nerviosismo que su mayor apenas sabía disimular.

—¿Estás seguro? Puedo ayudarte a cocinar, P'.

—De acuerdo... Cocinemos y luego iremos a darnos un baño. ¿Qué se te antoja?

Esas palabras resonaron en la cabeza de Kong, pues para él sonaban como una invitación para unirse a él más tarde en la ducha. Aunque tal vez Arthit sólo lo había dicho al aire y más como una generalidad, así que no debía empezar a hacerse ideas erróneas. Sacudió la cabeza, pero aquellos pensamientos no se iban.

Abrió la puerta del pequeño refrigerador y, dándole la espalda a su novio, Kongpob se agachó para ver lo que había dentro. Allí estaba lo que recién compraron.

—No lo sé, ¿de qué tienes ganas?

—Uhhm, no lo sé. ¿Tú qué quieres?

Arthit sabía a la perfección lo mucho que le gustaba el cuerpo de su novio, del cual muchas veces apartaba la vista para no tener pensamientos que él categorizaba como indecentes; aunque de vez en cuando, como ahora, podía hacerlo. Se acercó lentamente a Kongpob, y mientras éste se apoyaba en la puerta abierta del refrigerador, Arthit pasó su mano derecha por toda su espalda, provocando que su menor se girara sobresaltado. ¿De verdad su P'Arthit acababa de hacer eso?

¿Qué estaba pasando últimamente con Arthit, que respondía tan bien a las insinuaciones de Kongpob y, mejor aún, que había empezado a tener más iniciativa para besarlo y tocarlo? A Kongpob le gustaba mucho eso, que después de todo aquel tiempo juntos su relación haya alcanzado un nuevo nivel de intimidad y confianza. Además, los dos ya no eran más unos niños.

En el pasado, Arthit era demasiado cohibido en el aspecto íntimo, mientras Kongpob apenas podía resistir la tentación de tocar y besar a su novio todo el tiempo. Era cierto que estaba más interesado y preocupado por los sentimientos de mayor, pero, aun así, sus hormonas de adolescente hacían que su mente imaginara cosas bastante indecentes que en ocasiones no podía evitar manifestar. Ahora, Kongpob seguía siendo el mismo joven coqueto, pero cada día estaba más seguro del vínculo que tenía con su amado P'Arthit y de sus acciones hacia éste.

—Kongpob... —susurró Arthit—. ¿Tú qué quieres? —dejó su mano sobre el hombro de su pareja.

El mencionado le rodeó la cintura con un brazo y con su mano lo tomó por la barbilla. Ahora sus cuerpos estaban a solo centímetros de distancia al igual que sus rostros.

I. SintoníaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora