La culpa de Loki

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Loki se tiró en el piso recargándose en la pared blanca, su cabello estaba hecho un desastre y el pie izquierdo le sangraba. Unos minutos atrás había estado destrozando todo lo que se encontraba en su celda. Primero se rasgó la ropa y la tiró como si ésta le quemara, sólo se quedó con un pantalón verde y una playera de manga larga del mismo color, también pasó las manos sobre su cabello tan fuertemente que se arrancó algunos mechones. Después, tomó una pata que se había roto del banquillo y comenzó a golpear lo que estaba encima de la mesita, la mesa misma, la silla, los libros, todo. Cuando terminó no le bastó, así que comenzó a patear las cosas con tanta furia que comenzó a sangrarle el pie pero no le importaba, él seguía pateando, arañando y dando puñetazos a lo que se le atravesaba, incluso a la pared. Todo lo hacía mientras gritaba, lloraba y maldecía. Estando en el suelo, después de tanto, intentó relajarse y aclarar su mente, pero lo único que sucedió con ese descanso fue que se sintió excesivamente culpable y triste.

-... Un rey genuino acepta sus faltas -reprendía Frigga a Loki- ¿Y las vidas que sacrificaste?

-Son pocas comparadas con las vidas que Odín ha sacrificado -protestó.

-Tu padre...

-¡ÉL NO ES MI PADRE! -gritó encolerizado.

-¿Y yo tampoco soy tu madre? -preguntó la reina después de un corto silencio.

-No lo eres -respondió con voz apagada.

-Tú eres tan perceptivo con los demás pero no contigo, Loki.

Frigga lo miraba con ojos tristes y a la vez preocupados. Loki tenía cristalizados los ojos, trató de tomar la mano de su madre pero no pudo ya que era simplemente una ilusión que se desvanecía ante sus ojos.

Al recordar esa conversación con su madre, la última que tuvo con ella antes de que muriera, dio un grito desgarrador lleno de odio. «Yo la maté - se reprochaba-. Si no le hubiera dicho a ese monstruo que usara las escaleras de la izquierda, mi madre... Frigga seguiría viva». Se odiaba así mismo, no podía con la culpa que sentía. «Soy un demonio, todos los que se acercan a mí terminan en desgracia. Primero esa midgardiana y ahora mi madre...» Nunca se había puesto así, estaba totalmente deprimido sólo deseaba morir.

*

Al día siguiente se podía sentir en el ambiente la tristeza en que se habían hundido los habitantes de Asgard, todos estaban decaídos. Jane no se sentía muy bien, por una parte no sabía cómo animar a Thor, quien estaba preocupado por su madre que seguía sin despertar y por la otra, el aether parecía hacerse más fuerte cada vez mientras ella se debilitaba. Por su parte, el aether tenía un efecto diferente sobre Rosy, se sentía agitada como si hubiera corrido unas cuantas calles, aun así, actuaba como si nada ocurriera. Las dos chicas estaban en los aposentos de Frigga, Rosy se había ofrecido a cuidarla por la noche y Jane (celosa de ver que todos creían a esa mentirosa un ángel) también se quedó. No se hablaron en ningún momento, había un silencio espectral que podía asustar a cualquiera. Ya habían pasado unas horas considerables desde que amaneció cuando llegaron unos soldados.

-Jane Foster, amiga de Foster -ante esto último Jane soltó una risita- . Tienen que acompañarnos.

-¿No venían a relevarnos? -preguntó Rosy.

-No -contestó cortante el soldado-. Nosotros sólo cumplimos la orden de sacarlas de aquí.

-¿A dónde nos llevarán? -cuestionó Jane un poco asustada.

-¡No podemos dejar a la reina así, no puede quedarse sola! -replicó la joven exaltada.

-Alguien más vendrá a cuidar de ella -respondió el guardia ignorando por completo la pregunta de Foster.

-Bien -aprobó Rosy dirigiéndose hacia el soldado-. Jane ven, no debemos meternos en más problemas, Thor lo solucionará, ya verás.

La científica la obedeció. Ciertamente sabía que la chica era muy inteligente, tal vez por esto es que la detestaba tanto. Las llevaron a una habitación pequeña, la más alejada del reino, y las dejaron ahí, cerrando las puertas para que no pudieran escapar y con dos guardias para proteger la entrada.

-Quisiera saber la verdad de ti -soltó Jane una vez que estuvieron solas.

-¿De qué estás hablando? -preguntó confundida.

-Sabes muy bien a lo que me refiero -le espetó de golpe-. ¡Apareciste de la nada! Sabías quienes éramos y lo que sucedería ¿quién eres?

Rosy estaba atónita ante la reacción de Jane, nunca habría imaginado que esta podía ponerse así. No sabía qué responder porque ciertamente ella no era nadie supernatural ni nadie fuera de lo común.

-Ya te lo había dicho, mi nombre es Rosy, no soy agente de SHIELD, soy una ciudadana como cualquier otra...

-Ya me contaste esa historia -interrumpió exasperada-. Ahora quiero la verdad.

-¡Esa es la verdad, Jane! -comenzaba a desesperarse también-. No sé qué es lo que quieres que te diga, pero te contaré algo: vine hasta Asgard por Loki ¿sí? No lo hice por Thor ni por querer parecer la salvadora del mundo. Simplemente estoy buscando a Loki para...

Detuvo lo que estaba diciendo, ¿qué es lo que quería hacer cuando viera a Loki? De pronto se puso tensa, esa era una muy buena pregunta, no sabía lo que haría. Todo este tiempo simplemente había querido ver a Loki, no tenía clara la razón por la que quería verlo pero se había llevado por ese impulso y no pensó en ese "pequeño" detalle.

-¿Para qué? ¿Qué es lo que harás cuando lo encuentres?

Rosy no sabía qué contestar, así que cuando las puertas de la habitación se abrieron, ella agradeció enormemente la interrupción. Era uno de los guardias que traía el desayuno para las chicas.

-No queremos nada -dijo molesta Jane.

De pronto el guardia fue golpeado por una mujer con armadura, era Sif.

-Listo, hay que irnos.

Conozco tu futuro (Loki)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora