Buen padre.

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El pequeño Tami, tambaleándose, aferrando sus manitas a las de su madre para mantenerse en pie, se encontraba en medio de una guerra.

Frente a él, Crowley y Acatriel le llamaban. Sus primeros pasos eran ya un desafío, decidir hacia cual de ambos caminar, empeoraba la situación.

Después de unos pasitos dudosos hacia adelante, Cas se hincó para tomarlo por la cintura, quitándole un poco de seguridad. Giró a ver a su madre con desaprobación, en un reclamó balbuceado.

Una vez más los demonios le llamaron, recibiendo su atención de nuevo. Reintento proseguir su camino, un poco más nerviosos que antes. Crowley y Acatriel se echaban miradas de odio a ratos, esto era más importante que luchar por la atención de Castiel.

Mantuvieron su concentración en Tamiel tanto, que no vieron a Jack colarse detrás de ellos, justo en medio. Justo cuando el bebé estaba a punto de tomar una decisión sobre su dirección, sus ojos azules encontraron al sonriente nephilim. Siguió su camino recto, evitando a su padre y a su tío, tirándose directo a los brazos de su hermano.

- ¡Dac! – Gritó entusiasmado, en un intento poco exitoso de pronunciar el nombre del rubio.

Ambos perdieron, pero este solo era la continuación de una larga guerra que comenzó con Castiel, y terminaría con el mismo golpeándolos por estresar a su bebé con decisiones irrelevantes.



A la semana siguiente, Dean se opuso entre Crowley y su bebé. Sentado sobre el regazó del rubio, Tamy reía con caras y cosquillas. El demonio los observaba desde la cocina, con su mirada asesina sobre el cazador. Cas se apoyó a su lado en la encimera, mirando lo que él.

- ¿Ahora celas al bebé? – Susurró el ángel.

- Claro que no. – Perdió su mirada en cualquier otra parte. – Solo... revisaba que Dean no le hiciese daño.

- Lo ha cuidado la semana pasada sin problemas.

- Nunca se sabe, Cas.

Finalmente, con la excusa de alimentar a Tamy, Crowley le arrebató el niño a Dean y huyó lejos de su alcance.



Al día siguiente, Castiel lo encontró con esa mirada triste, resguardando el sueño de Tamiel en su cuna. Conocía muy bien al demonio, y sabía que algo le pasaba. No era la primera vez que adquiría esa actitud, perdido en sus pensamientos.

Cas se acercó, besando su mejilla y apoyando su cabeza contra la de su pareja. Tamiel dormía plácidamente, respirando suavemente y adecuadamente arropado.

- Sam me ayudó a dormirlo. – Admitió el menor.

No era algo de interés para nadie, pero carcomía la mente de Crowley desde que el cazador se fue, y Cas estaba al tanto con solo escuchar esa frase. Aunque pelearan, aunque se burlaran el uno del otro, no había nadie en quien el demonio confiase más que su pareja, el único a quien podría confesarle como se sentía ahora.

- ¿Crees que soy buen padre? – Preguntó, asiendo al otro por la cintura.

- Excelente. – Sonrió el otro. - ¿Acaso lo dudas?

- Es solo que pienso... - Sopesó. – Creo que cualquiera podría hacerlo mejor. Dean, Sam, Acatriel... incluso Jack.

- Claro que no.

El tono que Castiel uso era como si Crowley estuviese diciendo una locura sin sentido. El demonio se volteó a verlo, y la seguridad en el mayor seguía allí.

- Crowley, nadie en este mundo, por mucho que sepa cuidar a un bebé, podrá amar a Tamiel como lo haces tú.

Se abrazó al más alto, buscando consuelo, le necesitaba.

- ...Como tampoco nadie podría amarme como lo haces. – Susurró el ángel.

- Claro que no. – Uso el mismo tono que Cas antes. – Cualquiera podría.

- Creo que vamos a tener que discutir eso. – Sonrió contra los labios del demonio, probándolos de vez en vez.

Castiel tiró de la corbata del otro, atrayéndolo fuera del cuarto del bebé.

- Si nuestro hijo no se despierta, tenemos toda la noche para aclarar este asunto. – Siguió el juego el demonio.

Dean justo pasaba por ahí inocentemente. Se paralizó y dejó que los tortolos circularan hasta la habitación que les pertenecía. Dio un sorbo a su juguito y continuó hasta su habitación, rogando quitarse la imagen de esos dos de su mente. 

Guerra 2.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora