Juraría

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Juraría que me tocó un robot defectuoso, al establecer conexión sentí dolor, otra vez. Corrí hacía enfrente, al menos eso creo, hasta llegar a otra memoria.

La criminal estaba sentada en un cuarto color verde, piso de madera y sus padres al lado, del lado izquierdo había una enorme ventana reflejante, puede observar parte de su cara tratando de que cada detalle fuera de lo más preciso, el color de su cabello era más claro que el de su madre y le llegaba a la cadera. Estaba mojado y recordé que antes así se aseaban, con agua.

El largo de su cabello me impactaba, después de todo ahora en Marte si querías tener el cabello más largo debías pagar por más shampoo y era un no no para mi cuenta bancaria, por eso en la sociedad actual la gente se distinguía entre las clases sociales, por el largo de su cabello.

Poniendo un poco más de atención podía sentir las gotas de agua caer sobre la ropa de ella. Tenía en su mano un boleto dorado. Era exactamente como el que le vi a su hermano la noche anterior, ¿cuánto tiempo habría pasado o esto había sido antes?

En eso entró a la habitación alguien con un traje color gris, camisa blanca y corbata negra. Se sentó en la silla disponible al frente de la criminal y les dijo que tendría que asistir al entrenamiento militar como lo estipulaba la ley. El sonido de su corazón pulsando estruendosamente me daba la señal del miedo que sentía.

Sus padres asustados y con la voz quebrándose, decían una y otra vez que ya tenían a su hijo menor tomando el entrenamiento militar, habían pasado 32 días desde que había entrado, que su hija tenía la opción de declinar que estaba en su derecho como ciudadana de los Estados Unidos Mexicanos. Así que era después del sueño pasado…

El señor del traje les dijo que el derecho no estaba disponible cuando el país estaba en plena guerra. Me sorprendió cuando la chica con una calma que erizaba los vellos hasta la punta, aceptó ser parte del entrenamiento militar. Sus padres rompieron en llanto y el señor del traje le dijo que tendrían que regresar la próxima semana, porque las instalaciones no contaban con espacio…

En el camino de regreso, sus padres le dijeron que había tomado una decisión equivocada. Pero ella les contestó que cuando llegaron habían sacado bolsas de basura que dejaban un rastro muy peculiar, eran personas que no habían aceptado ser parte del entrenamiento, había ese rumor en internet, y ella lo había confirmado antes de entrar a las instalaciones. Ella no quería que sus padres terminaran en fosas comunes como esas personas.

Por eso había aceptado el entrenamiento militar, y que viendo el lado bueno ella sabría si su historia del challenge  les había agradado a los jueces. Los señores no sabían de lo que estaba hablando. Pero la preocupación por que su hija sobreviviera era evidente en sus rostros y en las miradas furtivas a los espejos retrovisores, solo para corroborar que ella estuviera con ellos, solo un instante más…

Era cuestión de esperar unas horas más para saber los resultados de horas interminables frente al computador, y de tantas veces que la frustración la consumía por no poder escribir tan rápido como pensaba... Se trataba sobre su vida sobre lo que quería realizar. Me dejaba con la intriga de lo que plasmó en esas páginas.

En estos dos enlaces podía decir que; Ya tenía 24 años, a pesar de tener mucho talento para las ciencias naturales, estudió diseño astronómico, se había graduado con honores, y todos en su familia estaban orgullosos de ella, Ella siempre temía que con las inminentes guerrillas se utilizaran los proyectos de la escuela en la creación de armas, después de todo en la historia de la tecnología siempre comenzaba su punto de partida en invenciones para la milicia…

Ya habían pasado 8 horas y el enlace había parado. Los recuerdos estaban guardados en el brain scan, se desplazaban las grabaciones de voz y video. El día de ayer no había mandado el recuerdo recolectado. Así que busqué en el historial para editar y mandar un resumen.

Al indagar en el historial, descubrí que había grabaciones de sonido desde que había entrado la primera vez, se hablaba de la historia, y fragmentos de pensamientos de continuidad, espacio. Que me parecían muy familiares al escucharlos de nuevo. Eran muchas piezas de rompecabezas…

No podía evitar hacer su perfil, después de todo era criminóloga, aun así mandé los recuerdos editándolos para que fueran más nítidos y mejorando la calidad de audio. Los brain scans tenían ese problema, siempre se escuchaba interferencia, como si un par de conchas marinas cubrieran tus orejas y el sonido no llegara directamente a ti…

Me había llegado otra notificación, tenía que ir rápidamente a Marte, al parecer me habían reportado enferma. Nadie podía saber sobre el caso VoidLapse, tendría que presentar mi renuncia al departamento de justicia. Con la excusa de haber sido intoxicada con contaminación galáctica, y ser reubicada indefinidamente a las salas de sanación en Planum Australe, del otro lado donde me encontraba, muy conveniente. Me habían enviado un traje de cuarentena, para vestirlo y hacer más creíble la situación.

Al llegar me encontré con el cadete Neels, me ruboricé como cada vez que lo veía. Pero el lucía espantado, de seguro ya se había enterado de mi “condición de salud” y el traje de cuarentena solo afianzaba esa creencia. No éramos muy cercanos y al parecer no lo seríamos jamás. Seguí caminando hacia mi antiguo cubículo. Al fin de cuentas Neels nunca se atrevió a nada conmigo.

Al llegar a mi antiguo cubículo pude observar al detective Ryota, ya tenía nuevo criminólogo, un chico pelirrojo. Iba a darme la vuelta y pasar desapercibida… Pero con tremendo traje de cuarentena como podía evitar verme.

Paró su clase y fue directamente hacia donde me encontraba, estaba preocupado por mí, después de todo a alguien le importaba, estaba agradecida por tomarme en cuenta. Y aunque confiaba en él, no podía ponerlo en la mira del gobierno interestelar. Puede que me consideren una favorita, pero no me expiarían por defraudar su confianza.

SilencioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora