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Cuando Renjun sugirió ir de alta costura, Jaemin no se lo tomó tan enserio. Pero ahora, y viendo el espectáculo de elegancia que los invitados montaban al caminar desde sus autos hasta la entrada de la mansión, podía comprenderlo.

En su vida se habría visualizado envuelto en tal gama de distinción y belleza.

― ¿Vamos?

Parpadeó un par de veces al volver a la realidad, y tomó la mano que le ofrecía Jeno para caminar a su lado hacia la mansión, y si por fuera era espectacular, dentro era como estar en un museo vivo con modelos por todos los rincones y paseándose vigorosos en el salón. La luz brillante reflejándose contra el piso champagne, el ventanal que mostraba los jardines iluminados de tenue azul, la piscina brillante, los adornos plateados... todo aquello hacía a Jaemin sentirse en un sueño, como en un palacio principesco, en una realidad completamente aislada a la del mundo exterior.

―Tengo que decir que se siente extraño ―murmuró para Jeno, quien no soltó su mano ni siquiera para saludar a uno que otro conocido―. Todos lucen tan bien, tan... elegantes. ¿Crees que haya sido buena idea venir o...?

Apenas se dio cuenta de que apretaba demasiado la mano de Jeno hasta que este lo dirigió al balcón más cercano, en donde se encontraron apartados de la gente y la música acelerando los sentidos del menor. Jeno acarició sus mejillas con los pulgares, haciendo que le mirara tan de cerca que su embriagador aroma consiguió relajarlo. Besó sus labios con delicadeza, las manos fuertes del mayor se posaron suavemente sobre la estrecha cintura, acercándolo tan íntimamente y sin temor a la presencia de numerosos extraños del otro lado.

―Nana, escúchame ―y como si fuera una clase de embrujo, Jaemin solo pudo centrarse en la ronca voz del mayor destensándolo. Tenerlo así de cerca le provocaba querer mandar todo a la mierda y llevárselo a algún lugar más privado en donde pudieran desnudarse y hacerlo sin descanso―. Luces hermoso, ni siquiera necesitas preocuparte. Solo... ―con cautela, el mayor se encargó de ajustar el nudo que unía la camisa delgada de Jaemin, ocultando la reveladora piel de su pecho―, creo que deberías abrocharte el saco, es el único detalle.

― ¿Qué cosas dices?

Jaemin rio, desató superficialmente las cuerdas y su piel dorada se mostró tentadora ante Jeno.

―Esto es solo mío, baby. No quieres tentarme en público ―sonrió perverso, al menor se le debilitaron las piernas cuando la boca húmeda de Jeno encerró su piel y succionó, dejando un camino de marcas sobre su pecho que advertiría a todos en la fiesta que ese hermoso joven tenía dueño. Jaemin apretó las piernas, buscando fricción en sus pantalones cuando la lengua del mayor subió por su cuello, mordisqueando aquí y allá entre besos y suspiros agitados―. ¿Quién es tu daddy, príncipe?

―Tú, daddy ―jadeó apenas con aliento, empuñando los mechones de cabello negro que se entrelazaban con sus ondas color rosa.

―Buen chico ―sonrió como si nada, con una expresión que a Jaemin le pareció tierna, como si hace apenas dos segundos no hubiese encendido el cuerpo entero del menor con besos calientes―. Vayamos ya, busquemos a tus amigos.

Precioso era como Renjun podía definir a su atuendo, seda negra pegándose a su cuerpo como una segunda piel, y un saco color crema que se complementaba con un choker de diamantes cortesía de Yukhei. Perfecto, la palabra que usaría para describir el peinado que acentuaba sus suaves rasgos, cayendo con mechones ondulados sobre su frente, iluminando su pequeño rostro. Absurda era la situación, y ridículo el mar de sensaciones abrumadoras que lo invadía en ese momento.

Podía distinguir desde la ventana a los invitados entrar a la enorme mansión Wong, sede de la maravillosa fiesta de Kunhang por su cumpleaños. No entendía, pues, por qué no podía disfrutar de la fiesta.

Distaste | nominDonde viven las historias. Descúbrelo ahora