En la tenue oscuridad del atardecer, Jaemin gimió desesperado. Con la vista nublada por el éxtasis, se esforzó en no desplomarse mientras Jeno de rodillas hacía maravillas con su lengua sobre su entrada.
Fue casi obscena la manera en la que el menor le suplicó que se comiera su culo, a lo cual Jeno obedeció sin peros. Y ahí mismo, desnudo, inclinado hacia el frente y con una mano ayudando a separar sus mejillas, Jaemin pensó que esta era definitivamente la mejor época navideña de su vida.
― ¿Estás listo? ―murmuró Jeno con voz ronca y la mandíbula agotada. Cuando se puso de pie, su miembro erecto se frotó descaradamente con el agujero palpitante, entre las pompis empapadas con más saliva que lubricante. Sonriente, Jaemin murmuró un asentimiento, girándose apenas para limpiar con el dorso de su mano el rostro de Jeno que estaba casi tan húmedo como su trasero.
―Por supuesto, mi amor.
Ambos compartieron un beso rudo, tan erótico y estimulante. Jeno adentró su miembro lentamente, con Jaemin sosteniéndose del viejo escritorio frente a él.
Estaban en el edificio de Ilsan propiedad de Jeno, el que pronto se demolería. Era justo darle una despedida apropiada, una excusa barata para justificar el hecho de que se habían extrañado como locos, a pesar de que solo pasaron unos pocos días separados. Navidad fue tortuosa, conformándose con una llamada y el resto del día y de la noche extrañándolo. De cualquier forma, Jaemin se alegró cuando Jeno le pidió verse, y aunque era arriesgado hacerlo en Ilsan, encontraron en el viejo edificio un refugio para descontrolar su pasión.
Probablemente lo peor de todo aquello era que ambos habían abandonado a sus familias para darse una escapada, ¿pero quién podría culpar a dos amantes que se necesitaban con locura? ¿Quién podría satisfacer la abrumadora pasión que los llamaba a estar juntos sin pensar en sus consecuencias? Ni siquiera el acuerdo mutuo de no encontrarse estando en Ilsan pudo contenerlos.
Si la culpa los atormentaba después, habría valido toda la maldita pena.
Las respiraciones pesadas de ambos era lo único que se escuchaba en el lugar, luego se unió el errático choque de pieles con cada embestida que Jeno daba, y después los jadeos ansiosos de los dos, creando una melodía inigualable que endulzó los oídos de Jaemin. Así era como quería escuchar a Jeno siempre, deseaba ser el único que lo hiciera a partir de ahora, que nadie más pudiera lograr en él lo que Jaemin incitaba en Jeno. Esa faceta ruda seguida por la dulzura de sus cuidados y el cariño apasionado que le profesaba con cada gesto de amor.
Jaemin quería ser el último y eterno amor en la vida de Lee Jeno.
―No puedo creer que- ¡ugh! Que de verdad te dije que no debíamos vernos, ¡ah! ―Jaemin susurró entre gemidos, Jeno sonrió de lado y ralentizó sus embestidas. Sus dedos presionaban con fuerza la piel de sus caderas, probablemente dejaría marca y Jaemin las admiraría orgulloso cada que se duchara.
―Y yo no puedo creer que haya aceptado, la próxima vez avísame cuando esté siendo un imbécil.
Jaemin sintió su piel erizándose ante sus palabras, o probablemente fue el maldito frío que apenas menguaba. Si bien sus cuerpos se calentaban con el contacto piel a piel, afuera todavía amenazaba con nevar, pero aunque lloviera o se derrumbara el mundo entero, Jaemin no querría estar en otro lugar en ese momento.
Quizá el lugar no era el más romántico como su cita en el yate, ni tampoco el más cómodo a comparación del departamento en Seúl, pero la espera había sido tortuosa y ninguno de los dos soportaba más tiempo alejado del otro. Jaemin había dicho a sus padres que iría a comprar un pastel de año nuevo para celebrar anticipadamente, y se excusaría con las largas filas de espera para justificar su ausencia; mientras que Jeno simplemente salió sin necesidad de dar explicaciones, aprovechando que las niñas jugaban con sus regalos y que no exigirían su presencia por un largo rato.
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Distaste | nomin
FanfictionCon Jeno, la vida de Jaemin adquiere otro sabor. El conocer el mundo sugar abrió toda una amplia gama de sabores que acariciaron sus sentidos como el más exquisito manjar. Con Jeno, la vida de Jaemin es dulce cuando lo conoce, agrio cuando se reencu...
