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Llegaron al hospital a altas horas de la madrugada, luego de un recorrido que Jaemin percibió como efímero. En su cabeza reverberaba la preocupación antes que la vergüenza de haberse casi arrastrado a Jeno por ayuda, quería echarse a llorar y ser consolado con cariño, pero Jeno ya no era su refugio, y tampoco era como si alguna vez lo hubiera sido. Recapitulando la etapa a su lado, se replanteó si en verdad lo quería románticamente, porque pese a que disfrutaron de horas y horas de sexo, al final del día eran simplemente desconocidos que tenían buena química sexual. Jaemin se regresaba al campus universitario mientras que Jeno con su familia, ambos a vivir sus vidas como normalmente debía ser.

― ¿Te importa si voy por mi madre? Quiero decirle que estoy de regreso.

―Nana, espera, solo será un momento ―Jaemin permitió que Jeno lo tomara del brazo y lo llevara a un rincón alejado de la recepción, el silencio del hospital a esa hora era agobiante y no podía imaginarse la tortura por la que estuviese pasando su madre―. No me quedaré mucho tiempo, pero puedes estar tranquilo, los gastos van por mi cuenta.

―Pero Jeno-

―Déjame terminar ―lo silenció, su mano pesada descansó en el hombro del menor en un intento de pedirle calma, mientras que la otra sacó la billetera de su bolsillo―. Que el dinero sea lo último que te preocupe en este momento, ahora toma, este es el número de mi oficina ―con voz grave y discreta, Jeno le extendió una tarjeta con al menos tres líneas telefónicas, él le señaló la última―. Estoy de lunes a viernes, cuando llames, di que eres el de la agencia de publicidad. ¿Entendido? ―Jaemin asintió evitando su mirada―. Ahora ve.

―Jeno ―Jaemin tiró de la manga de su saco cuando este se daba la vuelta. Era extender la espera, mirarlo un poco más, sentir su aroma siendo plenamente consciente de que sería la última vez que tendrían un momento sin estarse destruyendo mutuamente―. ¿Puedo verte mañana? Iré a Seúl, no tienes que venir.

―Nana...

―Ya sabes mi verdadero nombre ―susurró con voz temblorosa, casi en una súplica. Jaemin no tenía idea de por qué, pero necesitaba hablarle una última vez antes de que fuera su momento de pagar. ¿Dar las gracias? ¿Hacerle una oferta? Quería poder tener la certeza, pero su único acierto fue no sucumbir al llanto―. No tiene sentido que sigas llamándome de esa forma.

Jeno soltó un largo suspiro, parecía irritado y lo menos que Jaemin quería era molestar al tipo que pagaría sus cuentas de hospital.

―Pasaré por ti a las siete.

Sin esperar respuesta, Jeno le pasó de largo para dirigirse a la recepción, Jaemin tomó esa como su señal de retirada y se dirigió al pabellón en donde su madre aguardaba su regreso. Cuando la distinguió, la cirujana que dirigió el procedimiento se estaba retirando, y por la expresión de su madre, pudo entender que había transcurrido sin problemas.

―Ma, ¿cómo salió todo? ―Jaemin se apresuró hasta donde se encontraba la mujer, dejó un beso en su mejilla y ambos se sentaron en las bancas del pasillo.

―La hemorragia se controló a tiempo, no sé qué tanto habrá dicho la doctora, pero sabemos que papá está bien ahora, mi amor ―Jaemin sonrió genuinamente, abrazó a su madre y sintió su cuerpo menos pesado―. Ahora, hijo... tienes que decirme ―continuó, separándose del abrazo de su hijo―, ¿a dónde fuiste?

―Tranquila ma, todo está bien. Conseguí el dinero.

― ¿Pero qué hiciste, Jaemin? ¿Cómo conseguiste ese dinero?

―Mamá, tú no te preocupes por eso ―reiteró el joven―, te prometo que no es ilegal, si es lo que te preocupa.

―Claro que me preocupa, Jaemin, papá y yo vivimos angustiados con todas las deudas que tenemos. No queremos que tú vivas así. Lo que sucedió ayer fue por culpa de esos problemas, a tu papá le quitaron el trabajo desde la semana pasada, ¡ya no encontrábamos qué hacer!

Distaste | nominHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora