Cuando Jaemin despertó, fue recibido por una iluminación tenue producto de la lámpara en el buró junto a la cama. Recuerda a duras penas haber sido guiado por Jeno hacia su enorme habitación, que tenía el tamaño de su dormitorio entero, o quizá más grande que eso. La recámara olía de maravilla, entre la mezcla de la madera, vainilla y la colonia picante en las almohadas; inhaló profundo, encantado por lo bien que olía. Los recuerdos de su pequeña sesión llegaron a él, y sonrió encantado porque se sentía como en un sueño.Apenas hace un par de días, estaba preocupándose por conseguir algo barato para comer. Hoy en cambio, despertaba entre seda fina, listo para ser consentido por un hombre rico dispuesto a darle todo. Cuando se incorporó, pudo percatarse de que tenía a su lado una caja con un enorme moño que sostenía una tarjeta dirigida a él, y sonrió al saber quién la había dejado ahí. Su sonrisa se amplió al leer la pulcra caligrafía de la tarjeta.
«Elige el que más te guste y póntelo. Te estaré esperando en la sala.»
Emocionado, Jaemin deshizo el moño y destapó el regalo, sus ojos brillaron al distinguir la delicadeza del algodón fino y el encaje de las calcetas altas, tan suave que le provocó arrugar la tela para cerciorarse de que no pudiera deshacerse. Rápidamente se adentró a la ducha, aunque tuvo sus dudas en si podía o no usarla, pero tenía un poco de semen en su piel y no quería ponerse el regalo de Jeno estando sucio. Una vez hubo terminado, salió de la ducha con un albornoz que encontró en el cuarto de baño, pero no podía ir así ante el mayor, así que sin pedir permiso se adentró al walk-in clóset de donde tomó una camisa blanca para combinarla con las calcetas rosa de encaje blanco que había escogido.
Jaemin se admiró frente al enorme espejo en la habitación. Tenía los primeros botones de la camisa desabrochados y esta le quedaba ligeramente grande, las mangas cubrían sus manos y el principio de sus muslos, y si levantaba los brazos, el borde de la camisa se alzaba y dejaba a la vista su trasero desnudo, pequeño y redondo. Cuando especificó en su hoja de perfil que le gustaría intentarlo con la lencería, jamás creyó que Jeno sería tan veloz como para regalarle unos cuantos modelitos en su primera noche. Ser un baby le gustaba cada vez más.
―Qué bonito ―murmuró para sí mismo. Sintiéndose sensual, caminó descalzo por el piso alfombrado, sus pies únicamente cubiertos por las calcetas, hasta salir al pasillo y llegar a la sala con iluminación similar a la de la habitación, producto de las luces nocturnas de la ciudad, libres de cortinas ocultando su belleza. Jeno estaba leyendo algo en su tableta electrónica, se veía increíblemente guapo con los anteojos puestos y la brillante luz de la pantalla chocando contra sus facciones duras. Cuando finalmente sintió su presencia, dejó el aparato de lado para admirar al joven de pie a unos metros de él, coqueteándole con esa pose de niño inocente que lentamente lo llevaba a la locura―. Espero que no te moleste que haya tomado una de tus camisas, daddy.
Jeno le hizo una señal para que se acercara y Jaemin así lo hizo. Al llegar a su lado, se acomodó en su regazo y se dejó mimar con los besos del mayor, regocijado por lo bien que se sentía ser tocado de esa forma.
Apenas conocía al tipo, pero se sentía como si hubieran sido creados para encajar el uno con el otro, y Jaemin no iba a negar que le excitaba lo acertadas que eran sus manos en su cuerpo.
―Parece que sabes justamente lo que me gusta.
Jaemin dejó salir una pequeña risa, dispuesto a seguir el juego.
―Lo que sea por daddy ―jadeo gustoso―. Nana ama consentir a daddy.
Jeno apretó el agarre en el cuerpo del menor y se hundió entre las clavículas del joven, dejando mordiscos aquí y allá en su cuerpo divino. Jaemin sintió la excitación golpear su cuerpo demasiado pronto, quizá porque ya hacía mucho tiempo desde que alguien lo tocó de esa forma tan íntima, o que nadie nunca había complacido su cuerpo así de bien. Jeno parecía el dueño y creador de su cuerpo, consciente casi a la perfección de sus puntos más sensibles, dedicado enteramente a satisfacer al menor y teniendo más que suficiente con escuchar sus gemidos.
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Distaste | nomin
أدب الهواةCon Jeno, la vida de Jaemin adquiere otro sabor. El conocer el mundo sugar abrió toda una amplia gama de sabores que acariciaron sus sentidos como el más exquisito manjar. Con Jeno, la vida de Jaemin es dulce cuando lo conoce, agrio cuando se reencu...