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Pese a que encontrarse con Jeno era lo último que Jaemin quería, el chico sabía perfectamente que era necesario verse para discutir de forma apropiada el futuro de su relación.

Amargamente, una risa se escapó de sus labios. Ellos no tenían una relación, no eran novios ni amantes, eran un jefe y su empleado con un contrato de por medio. Un juguete y su dueño.

Luego de tormentas de mensajes de texto insistiendo por una respuesta, Jaemin cedió a los llamados del mayor, y fue así como Jeno lo citó para la mañana del lunes a temprana hora, todavía en la penumbra de la madrugada. Jeno le permitió elegir el punto de encuentro y Jaemin decidió que sería en la puerta de una tienda en servicio de veinticuatro horas, no muy concurrida por la hora, pero tampoco demasiado solitaria por si entre sus secretos se encontraba ser un jefe de la mafia dispuesto a asesinarlo.

Las piernas le temblaban y el corazón le palpitaba ansioso, no iba a negar que se moría por verlo, lo deseaba para al menos satisfacer esa curiosidad sobre el destino de su contrato. Pese a que la noche anterior se había convencido de querer quedarse al lado de su daddy, las palabras de sus amigos repiqueteaban su cabeza y su lado más sensato le gritaba que debía romper ese acuerdo, incluso si dolía o si su futuro económico se tornaba incierto. Jaemin era un total manojo de indecisiones y posibilidades que guardaban añoranza entre sus puertas.

Irrumpiendo el silencio de la calle, un auto se dejó ver a la vuelta de la esquina. Un vehículo lujoso, con una carrocería comúnmente presente en las zonas altas de Ilsan, y de inmediato supo que era Jeno el que había llegado.

El auto negro aparcó justo frente a él, pero sin que su motor se apagara. Las ventanillas tintadas bajaron y Jaemin apenas se encogió en su sitio para distinguir a Jeno asomándose desde el asiento del conductor.

―Sube.

―No iré contigo, tú bájate ―Jaemin refutó.

―Joder, que te subas ya ―Jeno pronunció firme, apenas elevando el tono de su voz.

Si Jaemin quería que las cosas resultaran a su favor, no tenía otra opción más que obedecer. Solo le quedaba rezar internamente para salir vivo de esta.

Ciertamente, tenía más pánico de ser descubierto adentrándose al auto del mayor; al ser un barrio pequeño, las noticias se esparcían con el viento. Tan veloz como pudo, saltó hacia el asiento del copiloto y Jeno enseguida emprendió la marcha, apenas dando tiempo para que se colocara el cinturón.

― ¿A dónde iremos?

―A hablar en privado.

―No me jodas, ya lo sé ―pronunció exasperado―, ¿pero a dónde?

―Ya verás.

A Jaemin comenzaba a irritarle el tonito que usaba Jeno para hablarle, como si un par de noches antes no hubiese besado su cuerpo con ternura y pasión, prometiéndose ser siempre el uno del otro. Ah, pero claro, todo era parte de esa maldita ilusión. Sweet Dream, el lugar lo dejaba claro en su mismo nombre; el más dulce de los sueños, pero nada remotamente cercano a la realidad.

Y joder, lo que más detestaba era lo caliente que le ponía ver a Jeno conducir; en repetidas ocasiones lo miraba a discreción, aprovechando la oscuridad de las calles y dentro del vehículo, y oh, Dios, rogaba porque su temple fuera lo suficientemente fuerte. No era la primera vez que lo había visto conduciendo, y seguramente su mente lo estaba traicionando porque una parte de él deseaba mandar todo a la mierda para arrojarse a sus brazos y besarle ese pecho amplio mientras conducía.

Su aspecto era tan distinto a cuando lo llevaba por la ciudad, enfundado en trajes caros y la elegancia de un empresario; ahora llevaba un atuendo deportivo, con unos pants que envolvían suavemente sus firmes piernas y un hoodie encima que acentuaba esa apariencia despreocupada. Por momentos regresaba a la realidad y se regañaba internamente por mirarlo de reojo desde su asiento, tragando fuerte por lo atractivo que lucía el mayor en pants deportivos, y entonces solo quería sentarse en su regazo y acomodarse sobre su pecho.

Distaste | nominHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora