Capítulo 5: Aquel chico al que odio con todo mi ser (EDITADO)

14.8K 543 5
                                        

 

 

 

(SILVIA)

     ¡Estoy eufórica! Hoy van tres meses… Estoy más que feliz, tal vez demasiado, pero él siempre ha sido el centro de mi universo, desde que lo conocí todo ha sido perfecto, esos ojos verdes están presentes en mi mente día y noche, como velando por mí, protegiéndome de todo y de todos…

     —¡Silvia! —dijo Greg corriendo hacia mí con una sonrisa tatuada en el rostro.

     —¡Cielo!—grité  tirándome a sus brazos cómo una niña pequeña.

     —¡Felicidades! —dijimos los dos a la vez, comenzamos a reír cómo bobos bajo la atenta mirada de Isabel.

     Mirarla a los ojos me provoca un escalofrío, se nota a leguas que me odia, que me detesta, que cuándo me acerco a Greg, las ganas de sacarme del medio la embriagaban…

     Me encontraba en su casa, su habitación concretamente, estoy nerviosa, mucho, demasiado, llevamos un tiempo juntos ya y me imagino perfectamente lo que viene ahora.

     ¿Cómo negarte o decir que eres demasiado joven? ¿Cómo decirle a tu novio dos años mayor que tú que no eres capaz de entregarte a él?

      ¡Misión imposible!

     Comenzó a acariciarme los hombros y a besarme el cuello sin cesar, le correspondí la mitad de las caricias que él me hacía, con las manos sudorosas y torpes, siendo presa de los nervios

     ¿Seguir o no seguir?

     No sé qué hacer, y él cada vez avanza más y más.

     Ya está, es imposible parar ahora, sencillamente no puedo, ya estoy completamente desnuda a su disposición, no hay  vuelta atrás…

  

     Me desperté en su cama, miré a todos lados. Greg no estaba, me puse nerviosa. Busqué mi reloj y miré la hora. Las siete y media…

     ¡Tengo que darme prisa si quiero  llegar a clase a tiempo!  

     Además… a ver cómo le explico a mi madre que pasé la noche fuera de casa… ¡Se pondrá  echa una furia y yo si ninguna excusa que dar, que desastre.

     Saqué la ropa de recambio que tenía en la mochila y me cambié rápidamente. Me dolía mucho la entrepierna, era un dolor punzante, casi insoportable.

     —Vamos… que tengo prisa…—mascullé desesperada por la hora, en cuarenta y cinco minutos estábamos dentro y yo en casa de mi novio, que ni siquiera tuvo la decencia de despertarme, en fin. ¡Seguro que le ha surgido algo!

     Salí a toda prisa de la casa y llegué al instituto con diez minutos de margen. Me puse a buscar a Greg,  por el patio, por la cancha de básquet, los pasillos principales…

      ¡Nada!

     Seguí caminando hacia la parte trasera del edificio.

     Oí unas risas por la parte de atrás y decidí mirar. No pierdo nada ¿o sí?

     —¿En serio? ¿Lo lograste? ¡No me lo puedo creer! ¡Te has acostado con la estirada y pesada de Silvia! En serio, eres mi héroe—rió Isabel abrazando encima de Greg de besándolo con posesividad.

      Mi alma cayó al piso.

     —Preciosa, me debes una bien grande ¿Tu sabes lo duro que fue aguantarla tres meses? Y lo peor… ¡Haberme acostado con ella! ¡Hay que ver lo que soy capaz de hacer por ti mi reina! —musitó asqueado, cogiéndola por la cintura y colocando su cabeza sobre su hombro.

     Alcancé a ver la cara de asco de Isabel al abrazarlo.

     Negué con la cabeza repetidas veces y salí corriendo de ahí, llorando desconsoladamente.

      Me dolía el alma, el corazón y todo mi cuerpo, sentí mi corazón romperse de miles de millones de pedazos. Lo único bueno que ha ocurrido en mi vida no ha sido más que una vulgar mentira.

     Me senté bajo uno de los árboles completamente desconsolada. Si al menos Greg me hubiese engañado por alguien que valga la pena, tal vez lo habría aceptado, verlo de la manera más objetiva posible y mantenerme apartada, dejándolo ser feliz…  pero por Isabel, la chica que de seguro lo ha estado utilizando sólo para hacerme daño.

     ¡No lo puedo perdonar!

     —Hola—oí una voz dulce a mi lado, saqué mi cara de entre mis brazos y miré al frente.  ¡Había una chica hermosa! De rizos dorados y ojos azules, profundos, muy profundos. Se agachó y secó mis lágrimas con uno de sus dedos—¿Qué te pasa pequeña?—susurró mostrándome  la sonrisa más bonita y deslumbrante que había visto en mi vida…

Embarazada a los 16 (Editando...)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora