XXI

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Valentina

El sábado en la mañana suplí a Eva en el trabajo y por la tarde tuve tiempo de ir a la casa a preparar todo para la llegada de Juliana.
Chivis me ayudó con la decoración: colocamos a "hermanito" el oso de peluche en una esquina de la habitación; un escritorio en la otra y Lu insistió en que debíamos poner una cruz y algunas fotos para que Juliana no extrañara tanto el convento.

Al día siguiente las hermanas decidieron hacer una pequeña reunión después de la misa, para despedir a Juliana. Ally estaba destrozada y la madre Lupita se veía nerviosa. Incluso me pareció ver un leve temblor en su mano, supuse que era a causa del estrés.

Promete que vas a cuidarla Valentina. — Ally lloraba mientras platicábamos en el comedor.

Tranquila Ally, no nos vamos a China; la vas a seguir viendo diario y sabes que nuestra casa es tu casa. — Le acaricié un brazo tratando de consolarla.

La hermana seguía llorando cuando la madre Lupita y el padre Macario se acercaron a mí.

¿Podemos hablar hija? — Afirmé con la cabeza y me levanté.

Caminamos hacia la capilla, pero nos detuvimos a medio camino antes de llegar. La madre Lupita colocó una mano sobre mi hombro antes de hablar.

Doctora... creo que sobra decirle que Juliana es como de nuestra familia. — Me miraron profundamente y yo comencé a ponerme nerviosa.

Juliana solo iba a vivir a mi casa, pero todos actuaban exageradamente, casi como si fuéramos a casarnos.

Ella ha vivido situaciones difíciles que la apartaron de vivir una vida normal, sigue siendo muy inocente en muchos aspectos, por favor protégala.

Miré a la religiosa con seriedad y asentí. — Claro que si, no se preocupe.

En el fondo sabía que tenía un gran secreto guardado del cual no iba a poder protegerla.

— Otra cosa Valentina. — El padre Macario me detuvo por el hombro antes de que yo pudiera regresar con los demás. — Aunque Juliana no se convierta en religiosa, sigue rigiéndose por las leyes del señor. No soy quien para juzgar tus preferencias hija, pero no la induzcas al pecado ¿Si?

Sentí que me hervía la sangre ¿Qué clase de petición absurda era esa? Como si se pudiera inducir a la gente a tener cierta orientación sexual y gustar de alguien fuera "malo".
Le dediqué una sonrisa fingida para no faltarle al respeto y me fui de ahí.

Cuando llegué al jardín Lu estaba ayudando a Juliana junto con Sergio a subir las maletas al maletero del Mustang; Mientras Ally observaba todo con lágrimas en los ojos.

—¿Ahora quien va hacerme compañía en las noches Juli? — preguntó llorando.

Lu levantó una ceja dándole todo el segundo sentido a la frase. La miré con desaprobación y ella alzó los hombros como si no le importara.

Sergio va a conseguirte un celular, vamos a hablar todas las noches ¿Si?, además voy a verte diario Ally, tranquila.

Se abrazaron con cariño, mientras Lu llevaba la última bolsa de equipaje al maletero. Al ver que la puerta no cerraba, empezó a azotarla con fuerza en repetidas ocasiones.

— Odio...este...cacharro...— Se quejó.

Corrí hacia ella y la detuve.

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