Junio había llegado lento, casi con pereza, como si nunca fuera a hacerlo. Y con él llegaron los exámenes de recuperación, porque el primer cuatrimestre se fue a pique desde el primer día que puse un pie en él. Miriam me había ayudado, pero seguía teniendo tantas palomas en la cabeza que me fue imposible aprobarlas todas. Y no pasó nada, porque volvió a estar para mí en el segundo cuatrimestre, y en las segundas convocatorias, consiguiendo mucho mejores resultados. Aceptar que todo lo que empieza, a veces, tiene un final, cerrar capítulos, conseguir pasar página tuvo una parte positiva: me sirvió para abrirme a la gente maravillosa que estaba descubriendo en la universidad. Tenía una nueva familia con la que salir a ver las calles de Madrid, con la que bailar hasta que doliesen los pies y nos retumbasen todas las ideas en la cabeza, con la que conseguir hacer de "Este amor ya no se toca" el himno oficial de una amistad a cuatro bandas que me había devuelto las energías. Pero además, comprendí que mucho más allá del amor que pudiera sentir por Blake, debía persistir el que me tenía a mí. Había conseguido recobrar cierta perspectiva.
— Entonces, ¿qué? ¿Te gusta? —preguntó la otra morena, que me observaba, impaciente por una respuesta a su elección de ropa, a través del espejo del probador.
— Me encanta, Mir.
— Te queda genial. Hoy ligas, tronca, te lo digo ya.
— Tampoco es que quiera hacerlo... —comenté, resignada.
— Pues seguro que lo haces involuntariamente. Escúchame —me dio media vuelta para quedar de lado frente al reflejo—, ¿tú has visto el culazo que te hace estos pantalones?
— No tengo ganas de eso —remarqué la última palabra—, estoy bien sola. Quiero dedicarme a mí. Por fin he terminado las recus y quiero relajarme, pasarlo bien y dejarme la garganta. Es un día para estar contigo.
— Está bien —alzó las manos en señal de rendición—. Pero como encuentres a alguien que te interese, no pienso ayudarte. Yo te aviso, que luego pasa lo que pasa y no —levantó un dedo acusador y me miró con la ceja alzada.
— Anda, tira pa' fuera, vamos a pagar esto, dramas —le empujé con rabia fingida después de quitarme lo que me había probado y ponerme de nuevo la ropa que llevaba anteriormente.
— Oye, una cosita... —se quedó pensativa mientras veíamos cómo la dependienta ponía mi compra en una bolsa.
— Dime —le di la palabra.
— ¿Crees que tendré posibilidades con Sara?
— ¿Sara? ¿La de la última fila o la de gafas?
— La de gafas, sí. Es que es súper mona y... no sé —hizo un puchero.
— ¿Es bollera?
— No lo sé, creo que es bi. No es que vaya yo por ahí preguntando estas cosas, ¿sabes?
— ¿Te imaginas? "Hola, me llamo Miriam y soy bollera, ¿y tú? ¿Te gustan los tíos, las tías o ambos?".
— ¡Deja de burlarte!
— Va, pero en serio, habréis hablado, te habrá dicho algo, un indicio, lo que sea.
— Pues... Creo que me tira la caña, pero solo suposiciones, nada en claro.
— Invítala a venir esta noche.
— ¿En serio?
— Claro. Ya puestas avisamos también a Marina y Pau, ellas se llevan, ¿no? —la vi asentir—. Pues eso, que cuantas más, mejor. Así no me quedo solita cuando os lieis y tengo con quién bailar —le sonreí de la manera más inocente que supe, recibiendo de vuelta una burla, bien merecida.
ESTÁS LEYENDO
Postdata.
General FictionSupongo que al final lo único que me quedó decirte fue que te iba a echar de menos, aunque siempre me echaras de más. Esta es la última data que te escribo, y el final, como siempre: PD: Te quiero.
