Jace y yo quedamos un rato por su casa para coger ropa para él y que no tuviese que ponerse la de Jason.
-¿Nada importante detrás de esta puerta que tienes cerrada? -dije frente a la puerta que dos días antes me había parado a mirar.
Jace estaba en su habitación, justo al lado, cogiendo prendas cualquieras y metiéndolas en una bolsa de deporte robada, aún con el imán puesto.
Se asomó por la puerta y me miró dudando.
-No, nada, la encontré así, yo ni tengo la llave -dijo quitándole importancia.
-¿Quieres decir que alguien vivió aquí antes que tú? -pregunté.
-Sí, supongo, yo era un niño cuando la encontré, años antes de la muerte de mi padre. Venía aquí a jugar con Johnny y Albert cuando podían. Tardamos meses en darnos cuenta de que detrás de la casa había un lago. Una historia muy divertida, por cierto -Jace seguía sin darme respuestas demasiado concretas.
No quise decir más, podía ser que me escondiese algo, en cuyo caso le había prometido no insistir y confiar en él, o podía ser que fuese verdad y no supiese nada.
La verdad era la primera.
Miré en los armarios de la comida para ver si había nada que aprovechar. No solo no había nada que pudiésemos llevarnos, sino que además estaban completamente vacíos.
Me pregunté de qué debía alimentarse Jace yendo tan solo una vez al mes al centro.
Entonces salió de su habitación con la bolsa no muy llena, sólo lo necesario, supuse, y se sentó en el sofá, parecía algo abatido y triste.
-¿Por qué te sientas? ¿No quieres que nos vayamos? -pregunté mirándole sorprendida.
-Sí, solo que, hace muchos años que vivo aquí, y todo me trae muchos recuerdos, volver a venir con los chicos, tirar las cenizas de dos de ellos, es duro. Todos los recuerdos vuelven a ti, y... Es difícil expresarlo -le noté la voz rota, estaba angustiado, algo melancólico. Entendía perfectamente que se sintiese así, debía ser muy duro.
Me senté a su lado y le cogí la mano.
-Jace, sé lo difícil que es volver a un lugar de donde te vienen tantos recuerdos -me miró a los ojos como pidiéndome que continuase-. Recuerdo cuando volví a mi casa cinco días después de la explosión. Me habían tenido encerrada en el hospital para asegurarse de que estaba bien, y porque no tenía a dónde ir. Pero ese día vinieron los de servicios sociales a decirme que habían encontrado un pariente mío, y que vendría el día siguiente a conocerme y arreglar los papeles para ser mi tutor legal.
>>Me negué, les dije que yo no tenía parientes, vivos por lo menos, y que debía ser una confusión. Yo no estaba preparada asumir la muerte de mis padres como para irme a vivir con un completo desconocido. Les exigí que me llevaran a mi casa, a la de verdad. Así que ahí fuimos. Ver ese gran montón de ruinas que antes había sido un hogar fue un horror. Ya no había policías, pero aún estaba puesto el cordón policial. Me moría por dentro, no podía respirar, quería a mi madre. El llanto que ese día derramé, jamás me escuché ese llanto. Ni en mí ni en nadie otro. Fui y me metí en los escombros, perseguida por un agente que vigilaba.
>>Entonces me encontré a Jason, allí en medio, de pie, y con la cara inexpresiva de las primeras semanas. Sujetaba en su mano el que había sido mi peluche favorito en mi niñez. Fue como ver un ángel caído. Tanta belleza, pero a la vez ni un sentimiento. Aún sin conocerle le abracé como si de mis padres muertos se tratase, y ese día decidí irme a vivir con él. Cosa de la que enseguida me arrepentí.
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Immortal (definitivo)
Misterio / SuspensoRe-edición de mi primera novela Immortal. La historia de Noa, una chica de 15 años que lo pierde todo en un trágico accidente y se ve obligada a irse a vivir con un familiar que deconocía por completo. A partir de ese encuentro, su vida dará un giro...
